Petro representa la dignidad de Colombia, De la Espriella, la traición nacional

El miércoles 10 de junio, en Nueva York, el presidente Gustavo Petro asumió por Colombia la Presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En tal calidad participó en un panel para buscar soluciones a la crisis de Oriente Medio, en otro de exploración de caminos para el diálogo entre civilizaciones, y en una rueda de prensa. Trump, como vindicta por sus planteamientos, ideó un nuevo intercambio epistolar con su títere Abelardo de la Espriella.

El mandatario estadounidense resintió que Petro hubiera ratificado su preocupación por la crisis climática e insistido en la necesidad de acelerar la descarbonización. Que hubiera comparado la persecución infame a los migrantes con el ascenso del nazismo en Alemania en la primera mitad del siglo pasado, la cual concluyó en el holocausto del pueblo judío. Que rechazara otra vez el asesinato de 200 humildes lancheros latinoamericanos acusándolos de  narcotraficantes, cuando los que lo son derrochan sus fortunas en lujosas metrópolis. Que haya condenado los bloqueos de naciones y los crímenes de lesa humanidad en Palestina e Irán. En fin, que sin nombrarlo denunciara acerbamente su atroz política imperialista.

Petro también abordó un nuevo afán de la humanidad. La necesidad de ponerle coto a la concentración en manos de un puñado de multimillonarios del portentoso descubrimiento de la Inteligencia Artificial, y su uso por estos y las potencias para uniformar la conciencia humana, falsear la realidad, y esparcir, por ejemplo, las ideas racistas y xenófobas. Finalmente, abogó por el rescate del derecho internacional, el diálogo racional entre civilizaciones, por la vida y por la paz. En esta parte de su discurso condenó la injerencia ilegal de los Estados Unidos en las elecciones de Colombia.

Herido, el mandamás gringo, le envío otro alevoso mensaje de respaldo incondicional a De la Espriella, quien rendido agradeció la generosidad de su protector, y una vez más se ofreció a secundar la política de seguridad hemisférica, es decir, a servir como un lacayo más para convertir a América Latina en un protectorado colonial de Estados Unidos y retaguardia de su disputa por la hegemonía global. Repitió que ha denunciado ante la Secretaría de Estado gringa (pues las únicas autoridades que reconoce son las del Norte) la supuesta “compra de votos” y la “narcopolítica”, es decir, la tramoya que están montando para desconocer, el 21 de junio, el triunfo casi seguro de Iván Cepeda y Aída Quilcué.

He aquí dos naturalezas diametralmente opuestas, la de Petro, que arrostra con altivez la persecución ruin de la que ha sido víctima por sostener una posición digna en el concierto de las naciones, y la de De la Espriella, un advenedizo que traiciona a su nación y a su pueblo, con tal de servir de encomendero.

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