¡Gloria eterna al camarada Alfonso Hernández Forero!
Palabras de Alejandro Torres en las honras fúnebres de quien fuera el Secretario Político de Notas Obreras
Querida Martha, compañera del alma de Alfonso; María Isabel, su hija, la luz de sus ojos; Graciela Peña, excompañera y amiga de toda su vida y madre de María Isabel; Fabio y Oscar Hernández Forero, hermanos de Alfonso; demás familiares; compañeros y amigos:
El Comité Permanente de Notas Obreras generosamente me entregó la responsabilidad de pronunciar unas palabras para despedir a nuestro camarada Alfonso Hernández Forero, quien fuera el secretario político desde la Fundación de nuestro grupo, por allá en 2003, hasta ayer, sábado 16 de mayo de 2026, cuando falleció después de sobrellevar durante varios años una penosa enfermedad, que le impuso severas limitaciones físicas para llevar una vida normal, pero que no pudo con la lucidez de su cerebro prodigioso, la cual conservó hasta el último momento. Dirigirme a ustedes hoy para hablar de Alfonso Hernández es el más grande e inmerecido honor que haya tenido en mi vida.
La actividad revolucionaria de Alfonso no se circunscribió a los 23 años del trasegar de Notas Obreras. Su lucha política e intelectual se remonta a los inicios de los setentas, cuando se vinculó a la Juventud Patriótica, organización juvenil de Moir, en la que llegó a ser el encargado nacional del bachillerato. Tarea que dejó muy pronto cuando se sumó a la política de los pies descalzos, trazada por el inolvidable fundador de ese partido, Francisco Mosquera Sánchez. A propósito de dicha orientación, Alfonso siempre desdeñó que algunos quisieran convertirla en una suerte de historieta de aventuras de unas especies de justicieros individuales de la pequeña burguesía medio románticos y medio heroicos, cuando en realidad se trató de una de las directrices ideológicas y políticas más audaces que jamás hubiera trazado partido político alguno en Colombia, consistente en que centenares de cuadros provenientes de la clase obrera, de la intelectualidad y el estudiantado, principalmente, se lanzaran abandonando todo a las ciudades intermedias y de ahí a las zonas rurales a hacer arraigar entre las masas populares y especialmente entre el campesinado las concepciones revolucionarias, y crear una retaguardia segura e inexpugnable para las más elevadas formas de la lucha de clases.
Alfonso fue designado para viajar a Sucre, lo que significaba una tarea enjundiosa por ser este departamento la meca de la llamada línea Sincelejo de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, con la que el Moir tenía divergencias ideológicas y políticas de fondo. Arrostró semejante dificultad y logró arraigar al Moir en la región, expandirlo a zonas apartadas como La Mojana e impulsar otras luchas populares como los paros cívicos en pos de la satisfacción de distintas necesidades de las masas. Soportó la persecución y la cárcel por estas osadías.
La obligación de estar cerca a su hija, María Isabel, que requería de atención médica y cuidados especiales le obligaron a regresar a Bogotá junto con Graciela, su compañera, que se había descalzado con él. Aquí, en el regional de Bogotá y Cundinamarca, asumió diversas responsabilidades en diferentes frentes de masas, en el sindical, el barrial, destacándose siempre por su clara visión, su firme carácter y su consagración sin excusas a cada propósito.
Su gran sensibilidad frente a la cultura y el arte, lo llevaron a aprender la fotografía, que por algún tiempo constituyó su medio de vida, la cual decidió conocer a fondo, como hacía con todo lo que se topaba, y ponerla al servicio del avance de las luchas de las masas. Francisco Mosquera le propuso vincularse al comité de redacción de Tribuna Roja, en donde descolló no solo como fotógrafo, lo que ya era bastante, sino como polemista y articulista. Decenas de fotografías publicadas en Tribuna Roja de luchas de los pobladores empobrecidos de distintos sitios del país, de mujeres y hombres y jóvenes, de niños, dirigentes políticos o sindicales, incluidas las de Francisco Mosquera que adornan las viviendas de muchos compañeros de esa época fueron hechas por Alfonso, entre ellas, la escogida por el mismo Mosquera como carátula de su libro Resistencia Civil.
Las luchas internas, que se profundizaron en el Moir luego de la muerte de Mosquera, en 1994, llevaron casi una década después al surgimiento de Notas Obreras, en pelea con la tendencia más dañina que surgió en ese partido y que lo terminó convirtiendo de uno marxista leninista con una consecuente línea proletaria y clasista en instrumento del arribismo de Jorge Robledo.
Esa batalla concluyó con la escritura de una Carta Abierta al Comité Ejecutivo Central del Moir, suscrita por cinco compañeros, que fue principalmente obra de Alfonso y que se convirtió en el verdadero nacimiento de Notas Obreras, un nombre que, vale la pena recordar, fue escogido por los firmantes para la que sería una publicación virtual, sobre problemas nacionales e internacionales con un enfoque marxista, aún dentro del Moir.
La dirección robledista había decidido contemporizar en todos los ámbitos con las tendencias oportunistas de derecha que crecieron como espuma en el mundo entero luego del triunfo estadounidense en la Guerra Fría y la caída y atomización de la Unión Soviética y todo el campo socialista y cuando los Estados Unidos se erigieron como el único amo del mundo.
Esa Carta a la dirección del Moir era la concreción de un debate que habíamos venido librando algunos en la dirección regional de Bogotá y Cundinamarca y, Alfonso, en el comité editorial de Tribuna Roja. El documento se centró en la crisis de las organizaciones obreras que, en medio de la embestida de la globalización y la apertura habían ayudado a llevar a la postración al obrerismo, que venía sufriendo severos reveses en buena parte atribuibles a la llamada concertación, convertida en guía del sindicalismo y, sin reconocerlo, del Moir. Para poner un solo ejemplo, semejante política le ayudó a Uribe Vélez a eliminarle a Ecopetrol la potestad sobre la política de hidrocarburos y entregársela a un ente “independiente”, la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, a imagen y semejanza de la junta directiva del Banco de la República y de las comisiones de regulación de los servicios públicos domiciliarios.
Nuestro documento, en fin, mostraba cómo lo más granado del sindicalismo, empantanado en la concertación había claudicado ante la arremetida de Uribe Vélez. La carta jamás fue respondida, a pesar de los rimbombantes anuncios del secretario general del Moir de que lo haría. Al final decidieron, como es habitual en las burocracias que le temen al debate, más bien expulsarnos. Alfonso, cuya una de sus virtudes era la de tener el más ácido sentido del humor, ofrezco disculpas por el pleonasmo, señaló que dichos funcionarios “habían decidido acabar con la infiltración comunista en el Moir.”
Paralelamente a esas discusiones algunos cuadros habían iniciado un trabajo de organización entre los obreros floristeros, un sector de las masas agobiado por la superexplotación laboral y la carencia de organización sindical. Varias de las compañeras de este sector ingresaron a Notas Obreras y hoy nos acompañan. Alfonso se dedicó febrilmente a la dirección de este trabajo. Bajo su mando Notas llevó a cabo su más importante experiencia de trabajo sindical y de prensa obrera, el periódico Florecer, que se convirtió en un cuadro que deambulaba por los cultivos, educaba y denunciaba, que ganaba batallas en plantaciones aun sin que hubiera un solo afiliado al sindicato, la Unión Nacional de Trabajadores de las Flores, Untraflores. El periódico se escribía junto con los obreros, se discutían los artículos como se hacía en Tribuna Roja, y se vendía, óigase bien, se vendía, en las barriadas obreras de toda la sabana de Bogotá por parte de los propios obreros floristas y los militantes de Notas Obreras. Así, bajo la orientación diaria de Alfonso, creamos el más grande sindicato de la floricultura que llegó a tener más de 2.000 afiliados, que realizó huelgas memorables en varias plantaciones, y que dio como sus mejores frutos un aprendizaje de la lucha obrera y una camada de trabajadores y especialmente de trabajadoras conscientes y capaces de dirigir por sí mismas a sus compañeras. El odio y la represión patronal, la complicidad del gobierno y los brotes de oportunismo, arrasaron con la organización sindical pero no con las ideas que sembró. En muchos barrios de los municipios de la sabana de Bogotá habitados principalmente por floristeros no es extraño encontrar obreros que cuidan y enseñan como un tesoro su colección de Florecer, del primero hasta el último número.
Inspirado en este trabajo, Notas Obreras atendió otras experiencias sindicales, entre ellas, la del proceso organizativo de los trabajadores más relegados del sector aéreo, los de operaciones terrestres, con la creación de la Asociación Nacional de Trabajadores del Sector Aéreo y Servicios Aeroportuarios, Antsa. Igual en varios otros sectores. Ello fue posible también porque Alfonso le explicó a Notas cómo entre esas masas súpersubyugadas la defensa de sus más elementales derechos económicos se constituía en una verdadera causa revolucionaria.
Tales experiencias que nos compelían a estudiar los designios del régimen para las masas nos llevaron a hacer una reunión nacional en enero de 2018 en la que, entre otros aspectos del informe elaborado por Alfonso, destacaba que, no obstante las reticencias iniciales de sectores de la burguesía frente a las medidas aperturistas neoliberales, que los hacían susceptibles de ser aliados de las fuerzas progresistas y revolucionarios, los grandes grupos oligopólicos habían ingresado a las grandes ligas del capitalismo global y aunque debieron desprenderse de algunas ramas de la producción en las que ejercían su dominio se dedicaron esencialmente a vivir del estado (concesiones, pensiones, salud, servicios públicos). En general, la burguesía dispuso unirse con los monopolios y el imperialismo, aunque incidentalmente tuvieran contradicciones.
Lo más importante de esa reunión fue la constatación de que en su totalidad la burguesía estaba férreamente unida contra la clase obrera. Dos orientaciones fundamentales fueron trazadas por Alfonso: primero, que la existencia de Notas Obreras estaba unida inextricablemente a las masas asalariadas y, segundo, que debíamos librar la lucha ideológica contra todo lo que permite y apuntala la esclavización de los trabajadores. Guiado por estos dos criterios orientó a que estudiáramos con rigor las políticas concretas contra los trabajadores, que afanosamente producían los gremios empresariales, los centros de pensamiento de la burguesía, los organismos multilaterales.
Lo determinante dentro de ese paquete de reformas era la carga ideológica contra los asalariados, cuyo objeto era el de golpearlos y dividirlos. La esencia de esto, remarcaba Alfonso, era que en la medida en que la burguesía incrementa su riqueza se disminuye numéricamente por eso le va la vida en desatar el odio contra los trabajadores y entre ellos. Entonces, decidimos emprender una campaña nacional contra las reformas promovidas por la oligarquía a las normas laborales, las pensiones, la salud, los tributos.
A esa tarea íbamos armados de lo que Alfonso llamó el estilo de trabajo de Notas Obreras, aprendido con el proletariado floricultor y sintetizado por él en lo siguiente: investigar a fondo las condiciones de la respectiva industria; formar ideológicamente a los trabajadores partiendo de que en el mundo no ocurre nada que no les interese; servirles sin desdeñar ninguno de sus problemas; desarrollar una lucha ideológica permanente contra sus enemigos; y, en cada batalla concreta, hacer concienzudos análisis de la correlación de fuerzas, no ceder ni a los halagos ni a las amenazas, y diferenciarnos de los concertadores en cuanto a la necesidad de librar con decisión las batallas impuestas.
La campaña se centró en agitar los problemas puramente obreros que la propia burguesía había puesto en la palestra. Conformamos rápidamente la organización Con Las Pensiones No y Salario Mínimo Digno, en la cual jugo también un papel descollante Fabio, el hermano de Alfonso. Repartimos cerca de 200 mil volantes a lo largo de más de un año, hicimos centenares de reuniones y mítines en todo el país; realizamos dos encuentros nacionales, instamos mediante cartas a las centrales sindicales a ponerse al frente de la lucha contra las reformas burguesas, hasta que rompimos el escepticismo de los trabajadores y la negligencia de la cúpula sindical, que por fin debió convocar el encuentro de emergencia del 4 de octubre de 2019 y el paro nacional del 21 de noviembre de ese año, que dio origen al estallido social que se prolongó con altibajos a causa de la pandemia durante 2020 y que se transformó en una fuerza huracanada a partir del 28 de abril de 2021, y que fuera uno de los antecedentes determinantes para la llegada a la Presidencia de la República de Gustavo Petro y del Pacto Histórico.
Notas Obreras, aunque decidió no participar en esas elecciones jamás adoptó una posición de recalcitrante oposición al gobierno del cambio. Por el contrario, desde el comienzo de la administración Petro nos esmeramos en diferenciar nuestras críticas a algunas de sus políticas que considerábamos que no le hacían bien al pueblo o que nos aherrojaban más al dominio imperialista y de las elites, pero nos opusimos radicalmente a los sistemáticos y viles ataques de los monopolistas y de sus medios de comunicación al presidente.
Pero cuando la agresión norteamericana arreció sobre el país en medio del envalentonamiento internacional de la nueva administración estadounidense presidida de nuevo por Trump, y las elites oligárquicas agudizaron su ataque sobre el presidente a la vez que este denunciaba con excepcional dignidad la arremetida contra los migrantes, las humillantes deportaciones de latinos, el genocidio del pueblo palestino, y Trump decidió imponerle sanciones al país como la descertificación de la lucha antidrogas y la inclusión del presidente en la llamada lista Clinton acusándolo con infamia de estar ligado al narcotráfico, Alfonso, quien ya no atendía la labor diaria de Notas Obreras debido al deterioro de su salud, nos aconsejó que adoptáramos un viraje frente a Petro y respaldáramos sus valerosas posiciones contra el imperialismo y las oligarquías.
Nos sugirió también que impulsáramos la celebración de un encuentro antiimperialista a fin de ir explorando la constitución de un frente contra la agresión estadounidense. Esto conduciría, siempre bajo el consejo de Alfonso, a acercarnos cada vez más al Pacto Histórico hasta llegar a la situación de hoy en la que nos hemos planteado solicitar nuestra inclusión, como tendencia, en este partido y a que estemos comprometidos a fondo con la candidatura de Iván Cepeda Castro y Aida Quilcué. Quisiera ilustrar este punto con otra pincelada de su humor: un mensaje de WhatsApp que me puso en febrero pasado lo inició de la siguiente manera: “El potro da tiempo al tiempo porque le sobra la edad; caballo viejo no puede perder la oportunidad”, un aparte de la icónica canción llanera del venezolano Simón Díaz, y a renglón seguido: “Es lo que le toca aplicar a Notas, fundirse con el Pacto Histórico. El tiempo vital se nos agota… la agudización de las contradicciones a nivel nacional e internacional constituye una oportunidad única. Adentro del Pacto, Notas puede ayudar a frenar las tendencias a la claudicación.” Para él era claro que el Pacto se había convertido objetivamente en una fuerza contrapuesta a la opresión imperialista y al dominio oligárquico. Creo que con este ejemplo ustedes pueden ver que hasta los días finales mantuvo su lucidez sin par y esa característica tan suya de interpretar con brillo lo que correspondía hacer en cada momento.
A qué le atribuimos semejante virtud. No era el resultado del azar o de una disposición natural, no. Se trataba de una faceta poco conocida por muchas personas. Aparte de su entrega irreductible a los intereses de los obreros, los campesinos, las gentes sencillas en general, Alfonso poseía vastos conocimientos en diferentes áreas. Aunque siempre repetía que cada día sabía menos y poco entendía. Lo decía sinceramente porque pretendía devorarse todo lo que de grande ha producido la humanidad. Alfonso quien no concluyera la educación secundaria formal porque se comprometió con la lucha estudiantil y en respuesta fue expulsado de distintos colegios. Entonces se convirtió como él decía en un autodidacta, no en un diletante a los que despreciaba. Conocía el marxismo a profundidad y no como un dogma sino como una guía para la acción; era un apasionado de la literatura de todas las naciones; estudió el español con detalle, tenía todas las gramáticas y diccionarios que se puedan imaginar; se matriculó en la institución por excelencia para el aprendizaje del idioma en nuestro país, el Instituto Caro y Cuervo, a aprender raíces griegas y latinas. Optó por su cuenta estudiar inglés hasta que llegó a tener dominio de ese idioma, conocimos profesores de esa lengua que practicaban con él y jóvenes que disfrutaron aprendiéndolo o perfeccionándolo bajo su guía. Durante los últimos días estaba leyendo una antología de la literatura norteamericana en el idioma de Shackespeare y la tenía tanto en versión electrónica para el Kindle como en edición impresa. También incursionó en el estudio y sobre todo en la lectura de textos en francés, alemán y portugués. A ello le sumó que devoraba colecciones sobre ciencia, el cerebro, la filosofía, las artes, la economía, biografías.
¿Consistía acaso esto en una pretensión intelectual para adornarse? Jamás. Lo hacía para comprender el mundo en las más de sus facetas, para que así su cerebro tuviera la capacidad de responder con más certeza a las necesidades que imponía la lucha por la transformación de la sociedad y la reivindicación de los humillados y ofendidos. Su amada compañera, Martha, nos envió el facsímil de la carátula del último libro que le llegó del exterior cuando ya había sido hospitalizado el pasado lunes, una antología en inglés para estudiantes de pregrado y lectores del común escrita por varios científicos sobre un texto clásico acerca de la evolución biológica y la historia física de la tierra, llamado Historia de la Vida, originalmente escrito por Richard Cowen.
El estudio de otros idiomas lo aplicaba para la lectura —que nos animaba también a que hiciéramos los integrantes de Notas— de los grandes periódicos y revistas de Occidente. A diario leía selectivamente, en su idioma original, The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal, Foreign Affairs, de los Estados Unidos; Financial Times y The Economist, de Inglaterra; Le Monde, de Francia, y uno que otro periódico alemán. Con esa información conformaba sus pensamientos sobre “los misterios de la política internacional” y los compartía con sus compañeros de Notas Obreras para hacernos entender cómo, en general, las transformaciones decisivas de las sociedades casi siempre están determinadas por la evolución de los asuntos geopolíticos y geoestratégicos a escala global.
Cuando hablaba de las posibilidades de Notas Obreras nos recordaba la frase famosa de Isaac Newton de que podemos ver más lejos porque nos paramos en hombros de gigantes, con ello aludía a la obligatoriedad de estudiar a conciencia a Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, y a Francisco Mosquera, en nuestros lares.
Pero Alfonso no solo era el ser más generoso que cualquiera haya conocido para compartir sus conocimientos, sino para apoyar a todo el que pidiera su consejo y para guiar con persuasión. Así lo hacía con todos y cada uno de nosotros. Acostumbraba repetirnos, para imbuirnos de un espíritu sin pretensiones, sin envanecimientos ni autocomplacencias y sin poses de sabihondos y para que entendiéramos que cada ser humano, que cada compañero tenía algo valioso que aportar, la frase de Ho Chi Minh, el líder de la revolución vietnamita, de que los hombres son como las maderas unas son rectas otras curvas unas más duras y otras menos, pero el arte del buen carpintero consiste en saber disponer de cada una para un fin específico.
Querido camarada, cumplimos con la dolorosa misión de despedirte. Vivirás por siempre en la memoria de tus compañeros de Notas Obreras y en el enorme corazón de nuestro pueblo y los pueblos del mundo, que seguramente también llegarán a conocerte, y hasta cuando ya la memoria de los opresores haya desaparecido por siempre de la historia de la humanidad.














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