Antípoda | Capítulo 109. Iván Cepeda: defensa radical de la soberanía y los derechos del pueblo
Con Iván Cepeda a la presidencia a defender la soberanía nacional y los derechos del pueblo
Editorial Antípoda, por Alejandro Torres
El compañero Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico, inició, desde el sur de Colombia, lo que ha llamado la segunda etapa de su campaña electoral que, a pesar del plan desatado por la derecha —que no se ahorra ninguna vileza, desde calificarlo de jefe de la insurgencia hasta urdir montajes sobre actividades suyas de narcotráfico—, tiene las mayores probabilidades de ganar la presidencia, si nos atenemos no solo a la mayoría de las encuestas, contratadas por los medios de comunicación que lo vilipendian, sino como lo atestiguan las fervorosas concentraciones populares que está presidiendo.
Notas Obreras no puede menos que celebrar que el compañero Cepeda esté poniendo en el centro de sus planteamientos la defensa de la soberanía de Colombia y la de los derechos del pueblo y esté llamando a defenderlos con la movilización popular en las calles de las grandes ciudades y en las carreteras del país. Pero, además, que lo esté haciendo en un estilo sencillo y sobrio, a la vez que firme y contundente, sin caer en las provocaciones aleves de la derecha, a la que también esto la saca de casillas.
Comencemos por la soberanía nacional. No cabe duda de que para Cepeda este es un asunto crucial. Pocos días antes de iniciar su gira por Colombia, se reunió en un cálido y concurrido acto político de la colonia colombiana en la sede de la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores, UGT, en Madrid, el 7 de enero, en el que pronunció un discurso que tituló: Solo un Gran Movimiento Global Podrá Detener a la Extrema Derecha Neofascista, en el que se ocupó de las consecuencias de la agresión del 3 de enero a Venezuela y de las amenazas de Trump contra el presidente Petro. Señaló que nadie debía llamarse a engaño porque el pueblo colombiano ni el gobierno se arrodillarían ni ante los insultos ni las amenazas y que Colombia no sería ni una colonia, ni un protectorado, ni tenía un gobierno como el de las elites sumisas que besan la mano de quien las desprecia. Exigió respeto por Petro, quien representa la dignidad y la soberanía del país.
Rememoró que América Latina ha sido una plataforma de la injerencia política y militar de los Estados Unidos, de sus métodos de guerra, como los bombardeos con napalm, la tortura, la desaparición, las políticas de seguridad nacional, del enemigo interno, del Plan Colombia, de la guerra al terrorismo, de los falsos positivos. Todo aprendido en los manuales de la Escuela de las Américas del Comando Sur, y que de todas la de peores consecuencias ha sido la de la llamada guerra contra las drogas, que no solo ha fracasado sino que ha fortalecido las estructuras del narcotráfico.
Porque esa guerra, dijo, ha sido un pretexto para otros fines estratégicos: el saqueo de los recursos naturales, en especial el petroleo; la erosión de la democracia; la destrucción de las instituciones; la degradación del campesinado; la concentración de la tierra; la perversión del sistema financiero; la descomposición de la ética publica; la imposición de abusos como las descertificaciones; la extradición unilateral; la intromisión de la DEA, el FBI, la CIA. Políticas, al amparo de las cuales, han medrado sus fanáticos defensores como Álvaro Uribe.
Advirtió que se está conformando una suerte de internacional neofascista, derivada de la crisis del imperialismo, que tiene entre sus características el desprecio a los pobres y excluidos, la xenofobia, la misoginia, el racismo, la depredación de la naturaleza, el genocidio, el militarismo, el fetichismo de las armas. Comparó la política de Trump con la del “espacio vital” del Tercer Reich que, para Estados Unidos, es el hemisferio occidental, y cuyo programa es la Estrategia de Seguridad Nacional, que impone que en él solo Estados Unidos dispondrá de armas estratégicas; ordena cómo se explotarán nuestras riquezas; amenaza a quien chiste a ser sometido por la fuerza, la presión, el chantaje, lo cual constituye la total liquidación del derecho internacional. Los que se plieguen deberán entregar sus recursos, fuentes de energía, alimentos, establecer relaciones de exclusividad con Estados Unidos; bloquear la unidad del sur global, someterse a la guerra contra las drogas y a la represión violenta de la migración.
Concluyó, categórico: es un proyecto de muerte masiva y ese no es el futuro que queremos. Nos opondremos con toda la fuerza para derrotarlo en todo el planeta. La condición para preservar la vida y la dignidad humanas es forjar un movimiento global contra el neofascismo. Unir todas las expresiones democráticas del mundo incluyendo al pueblo estadounidense. Agregó que como estado nos oponemos a los ataques a estados soberanos y a la doctrina Monroe y su corolario, y reiteró que Latinoamérica debe mantenerse como zona de paz. Y luego de advertir que Trump pretende hundir la segunda ola del progresismo en Colombia, aclaró que aspira a la mejor relación con Estados Unidos pero sobre la base de la dignidad y el respeto, la libertad, la independencia y la soberanía.
Si bien el discurso resumido en los párrafos anteriores fue pronunciado unas horas antes del anuncio del presidente Petro sobre su llamada telefónica con Trump y el acuerdo de una visita a la Casa Blanca, Cepeda le declaró a la emisora Wradio:
“Estamos ante circunstancias muy preocupantes que ponen en peligro la estabilidad, la paz y la soberanía del estado colombiano. Me complace el diálogo, eso es bienvenido, pero se debe juzgar por los hechos y los hechos que estamos viendo son de intervención, agresión, control sobre los países de la región que no acaten los lineamientos estratégicos y los intereses de Estados Unidos. Es sobre esos hechos que yo como candidato presidencial me pronuncio y sobre los cuales juzgaré la política estadounidense. Existen fuerzas en Colombia que están interesadas en propiciar esa intervención.”
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Al regreso de su gira por Europa, Cepeda decidió iniciar la campaña en Colombia desde sur del país. Y en las tres manifestaciones realizadas en en el valle del Sibundoy, Putumayo, y en Ipiales, Cumbal y Guachucal, Nariño, en discursos titulados: Por la Soberanía de nuestros territorios; Fortalecer la transformación de la sociedad colombiana, y Hacia nuevos logros en el reconocimiento de los pueblos indígenas, insistió en los planteamientos hechos en la capital española.
En Sibundoy, ante una nutrida asistencia de indígenas de las comunidades Inga y Kamsá, comenzó su discurso advirtiendo que ante los últimos hechos de intervención militar política y económica del gobierno de Estados Unidos en América Latina el lugar resultaba muy apropiado, para decir con fuerza:
“Colombia y estos territorios son soberanos. Nuestro mensaje es soberanía ante todo. Nuestra agua, nuestra tierra, nuestro cielo, nuestra biodiversidad, nuestros recursos minerales, nuestros hidrocarburos, nuestra selva amazónica nos pertenecen. No son recursos para ser saqueados por intervenciones militares, bombardeos ni portaaviones (…) Desde aquí decimos que no estamos dispuestos a aceptar la vieja doctrina colonialista, que dice América para los Americanos; nuestra consigna es Colombia para los colombianos. Los territorios para los pueblos indígenas, para los campesinos, para las comunidades afrodescendientes, para las mujeres de nuestros territorios, para el pueblo colombiano que sí sabe cuidar la naturaleza que sí sabe cuidar el ambiente. La doctrina Monroe es una doctrina colonialista (…) ha sido una justificación para la intervención, el saqueo y la dominación (…) Trump amenaza con convertir estos territorios en escenarios de guerra y muerte; pone en riesgo nuestras comunidades. Con Petro, nuestra posición no admite ambigüedades. Nos diferenciamos profundamente de la actitud servil de la extrema derecha colombiana, de Álvaro Uribe Vélez y Paloma Valencia y de su nuevo candidato Abelardo de la Espriella, que todos los días, sin falta, imploran de rodillas la intervención militar de EE.UU. en nuestro país y en Latinoamérica. Postura que no es patriótica ni responsable sino de traición abierta al pueblo colombiano. Como no tienen el apoyo, como ya no les creen imploran el apoyo estadounidense para que les ayude a ganar las elecciones. Álvaro Uribe promete entregar nuestra historia, nuestra riqueza a una potencia extranjera a cambio de una victoria electoral tramposa. No lo vamos permitir de ninguna manera.”
Señaló también que defendería los principios de la Constitución Política, que establecen que Colombia es una nación independiente, comprometida con la unidad latinoamericana y que basa su política exterior en la dignidad, el respeto mutuo, la integración regional, el multilateralismo, la cooperación respetuosa entre los estados. Y que, a pesar del chantaje, las agresiones y amenazas “Petro ha sabido defender la independencia y dignidad como nación y yo haré que se respete a Colombia como patria soberana y digna, así como haré que se respeten cada uno de sus territorios.”
En este mismo discurso tocó el otro aspecto que nos parece importante resaltar: su compromiso con los sectores populares. Puso como Ejemplo la lucha ideológica que se libra entre los de abajo y los potentados alrededor del incremento del salario mínimo. Explicó cómo los segundos presentaban como imposible mejorar los ingresos de quienes trabajan, porque ello daría al traste la economía. “Lo que en realidad defendían era la precariedad para las mayorías y la gran vida para unos pocos. No fue capricho ideológico o populista sino un acto de justicia social. Nos movilizaremos si quieren quitarle a la gente sus derechos. Cuando se fortalece el ingreso se fortalece el mercado interno. Primero los pobres, primero los derechos de la gente por el bien del país.”
En su discurso en Ipiales, del 16 de enero, apuntó que bajo el gobierno de Petro se ha desarrollado una revolución de las conciencias, que el pueblo se ha hecho consciente de que tiene derechos, que el estado debe respetarlos y que si no lo hace la gente se lanza a las calles y las carreteras para exigirlos. Mientras la extrema derecha, liderada por Uribe, no debate de ideas o programas, sino que impone una estrategia de odio, desinformación, miedo y guerra sucia contra Petro, hasta llegar a la promoción abierta de la intervención del gobierno de Estados Unidos contra él y también para evitar el triunfo electoral.
Refutó la posición de la derecha sobre que el gran problema de Colombia es la inseguridad, lo cual oculta deliberadamente que entre sus causas están la exclusión social, la pobreza, la falta de oportunidades, y la receta fracasada de la derecha neoliberal, que les impone a los pobres austeridad, recorte de derechos, privatización, mientras enriquece a sus socios políticos, a las elites económicas, a los que capturan el estado con mafia y corrupción. Un supuesto orden que solo favorece privilegios.
Dejó en claro que Uribe y su séquito no pueden borrar con discursos populistas su pasado. No pueden hablar de campesinos quienes promovieron el despojo de las tierras; de derechos de los trabajadores quienes precarizaron el empleo y persiguieron a los sindicatos; de bienestar de los jóvenes cuando miles fueron desaparecidos y asesinados en los falsos positivos; ni de pobreza quienes gobernaron para profundizarla.
En Cumbal, el 17 de enero, denunció que el Tratado de Libre Comercio permite la importación indiscriminada de lácteos, que solo traería ruina a esos territorios. E insistió: a Estados Unidos le decimos que tendremos una relación de cooperación respetuosa pero que somos una nación soberana, somos un pueblo soberano; este es nuestro territorio no el del gobierno estadounidense. Y por eso queremos respeto para los productores de este territorio; que no se pierda un solo litro porque en Colombia hay hambre. Necesitamos soberanía alimentaria, que el estado compre a precios justos para suministrarles a otras familias y comunidades.
Y en Guachucal, ante Pastos y Quillacingas, expresó con decisión que no permitirá que el TLC destruya la producción en este territorio; que “Colombia se respeta porque es una tierra soberana; no somos colonia, no somos protectorado de ningún otro país, que lo sepa el gobierno de los Estados Unidos.” Y como en las otras tres manifestaciones terminó su intervención proclamando: ¡Que viva Colombia que es una patria independiente, libre y soberana!
El compañero Cepeda ha llamado a hacer pedagogía electoral mediante piezas publicitarias con base en sus discursos. Notas Obreras se compromete con esta tarea y a hacerla sin insultos ni calumnias como él lo recomienda, pues coincidimos en que sus planteamientos contienen el poder de la verdad. Esperamos que este resumen de sus primeras intervenciones, en la segunda etapa de la campaña electoral, sirva en ese propósito educativo.













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