¡Abajo la vil agresión de Estados Unidos a Irán!

Vivimos momentos de profunda complejidad, dolor y violencia en los que la agresión imperialista norteamericana y su soberbia geopolítica se ciernen sobre los pueblos del mundo. La tormenta de intervenciones, amenazas y actos de fuerza y de violencia nos obligan a levantar la voz con claridad, dolor y firmeza ante la barbarie.

Declaración de la Asamblea Nacional Popular y del Encuentro Nacional por Soberanía, Independencia y Autodeterminación

Vivimos momentos de profunda complejidad, dolor y violencia en los que la agresión imperialista norteamericana y su soberbia geopolítica se ciernen sobre los pueblos del mundo. La tormenta de intervenciones, amenazas y actos de fuerza y de violencia nos obligan a levantar la voz con claridad, dolor y firmeza ante la barbarie.

Nuestras conciencias se estremecen ante el retroceso de la justicia internacional, la vulneración de los derechos humanos y la negación de los principios más elementales de dignidad, soberanía y autodeterminación de los pueblos.

En el amanecer del 28 de febrero fuerzas combinadas de Estados Unidos e Israel atacaron con brutalidad a la República Islámica de Irán. Impactaron instalaciones militares y civiles y mataron a varios dirigentes del gobierno, de la jefatura militar y científicos, incluido el líder del país, el ayatollah Alí Jamenei. Pero también han asesinado a centenares de civiles, incluidas más de cien niñas sepultadas bajo los escombros de un colegio bombardeado.

El ignominioso ataque se efectuó mientras diplomáticos de las dos naciones y de algunos países árabes llevaban a cabo conversaciones en Europa, en las que Teherán habían mostrado su franca disposición a llegar a acuerdos, y cuando las propias naciones del Consejo de Cooperación del Golfo, aliadas de Estados Unidos, hacían esfuerzos para disuadir a Trump de agredir, previendo las nefastas consecuencias sobre la estabilidad y la paz en toda la región.

No obstante, el guerrerista mandatario estadounidense tejió falacias como que Irán había enriquecido uranio suficiente para fabricar una bomba atómica a la vuelta de pocos días, y que estaba desarrollando misiles capaces de alcanzar territorio norteamericano. Argucias desmentidas, no solo por el gobierno iraní, sino por los propios informes de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos, inspectores internacionales de armas y la Agencia Internacional de Energía, controlada por las potencias occidentales. Indigna que los mismos infundios fueron usados por el imperialismo y sus peones sionistas para bombardear a Irán durante doce días, en junio del año pasado, agresión de la cual Trump alardeó que había derruido el programa nuclear iraní.

Trump planteó entre sus objetivos derrocar el gobierno de la república islámica, lo cual aparece como un objetivo difícil de alcanzar debido en primer lugar a la resistencia heroica de Irán, que ha respondido con decisión a pesar de la abrumadora desproporción de fuerzas, sino a que tal propósito es prácticamente imposible de lograr sin operaciones militares terrestres. De todas formas, el fascista gobernante gringo no ha descartado esta última posibilidad

El fondo de la agresión directa norteamericana contra el pueblo de Irán tiene como propósitos fortalecer la pretendida hegemonía de los Estados Unidos por el control del petróleo y, conjuntamente con su gendarme Israel —que ya extendió la guerra al Líbano—, imponer un dominio territorial absoluto en el Medio Oriente. Constituyéndose esta en una alianza de terror y muerte que contradice los preceptos del Derecho Internacional. También busca, como parte de sus designios hegemónicos, desalojar cualquier poder rival, especialmente a la República Popular China, que ha logrado considerables avances en la zona. Pueda que logre transitoriamente sus fines, pero a la vez está concitando el repudio de la mayoría de los pueblos y naciones del mundo, que quieren vivir y progresar en paz y que, más temprano que tarde, sepultarán al cada vez más ensoberbecido pero decadente imperio estadounidense.

Esta nueva agresión del imperialismo norteamericano y el sionismo internacional de Israel constituye la continuación del genocidio en Palestina, donde la población civil ha sido sistemáticamente bombardeada, desplazada y víctima de un terror cotidiano que derrama sangre de niños, mujeres y ancianos, destruye hogares y arrasa sueños y vidas.

Y también hace parte de la estrategia global de dominio estadounidense que, en nuestro hemisferio, se expresa agudamente en: 1) los actos de violencia sistemática, bloqueos económicos y presiones que buscan estrangular la soberanía, la vida y el desarrollo de la hermana República de Cuba y su valiente y digno pueblo, a los que somete a implacables intentos de manipulación, injerencia y hostilidad; 2) en la intervención militar contra la República Bolivariana de Venezuela, el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Cilia Flores, para quienes exigimos la libertad y regreso a su país; además del cese inmediato de la violación flagrante de la soberanía, autodeterminación y voluntad del pueblo venezolano; 3) en la permanente injerencia en los asuntos internos de nuestro país y el asedio al gobierno popular y progresista del presidente Petro. Entre otras decenas de ataques.

En concordancia con lo anterior:

Rechazamos el intervencionismo militar y económico de estados Unidos que, bajo cualquier excusa, se presenta como una falacia de “ayuda” o “estabilización”, pero en los hechos acaba con la vida y destruye tejidos sociales, derechos y esperanzas.

Exigimos que se respeten los tratados internacionales, la Carta de las Naciones Unidas y los principios fundamentales de respeto a la soberanía y la independencia, no intervención, ayuda mutua y beneficio recíproco que deben regir las relaciones entre las naciones y pueblos del mundo. Las Naciones Unidas deben ejercer acciones contundentes para detener el genocidio contra el pueblo iraní, más allá de los simples comunicados retóricos, que se convierten en actos de complicidad.

Rechazamos toda forma de violencia imperialista y de intervencionismo. Defendemos la autodeterminación de los pueblos como principio irrenunciable. Denunciamos las violaciones flagrantes de los derechos humanos. Buscamos construir puentes de solidaridad, no muros de dominación.

La infancia y la población civil no pueden seguir siendo víctimas inocentes de estrategias bélicas ni objetos descartables de cálculos geoestratégicos.

Los pueblos tienen el derecho inalienable a la autodeterminación, la soberanía y la dignidad, sin tutelas de potencias extranjeras ni imposiciones violentas.

Nos levantamos con el clamor de los millones de seres que creen que otro mundo es posible: un mundo de justicia, de paz, de respeto a la vida y de solidaridad entre los pueblos.

Que nuestra voz sea un grito solidario que recorra los continentes y que se escuche fuerte desde los barrios populares, los pueblos indígenas, las veredas campesinas, los espacios comunitarios y sindicales, las aulas, las plazas y los parlamentos.

¡Por la vida, por la dignidad, por la paz y por la justicia internacional:
no a la ocupación, no al colonialismo moderno!

¡Fuera el imperialismo norteamericano de Irán, Palestina,
Cuba, Venezuela, Colombia y todo el mundo!

Suscriben:
Asamblea Nacional Popular por las Reformas Sociales la Paz y la Unidad; Encuentro Nacional por Soberanía, Independencia y Autodeterminación; Frente de Solidaridad y de Acción por Palestina.

Colombia, marzo 2 de 2026

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