¡Abajo la agresión y los designios colonialistas gringos contra Venezuela!
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Declaración del Comité de Impulso contra la Agresión Imperialista y por la Soberanía, la Independencia y la Autodeterminación.
Los Estados Unidos desataron a las 2 de la madrugada del sábado, 3 de enero, su anunciada agresión militar contra Venezuela. Sus tropas de elite de la Fuerza Delta bombardearon instalaciones militares y civiles en Caracas y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira: el Fuerte Tiuna, la base aérea La Carlota, el puerto de La Guaira y el aeropuerto Higuerote; mataron más de 40 personas entre soldados y personas del común y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, a quienes enviaron a Nueva York, a comparecer al amañado juicio montado por sus plagiarios.
Trump, en rueda de prensa, rodeado, entre otros, por los secretarios de Guerra y de Estado y el comandante del Estado Mayor Conjunto y otros miembros del Consejo de Seguridad, anunció, sin ambages, que Estados Unidos asumirá el gobierno de Venezuela mientras se lleva a cabo “una transición segura, apropiada y sensata”. Sin embargo, no explicó cómo ejercería ese gobierno sin poner un enorme ejército en tierra, aunque dijo que no le temía a esa posibilidad; y mucho menos explicó los detalles del plan, si es que tiene alguno, para poner en marcha la administración colonial de la hermana república.
El secretario de Estado, Marco Rubio, refiriéndose al gobierno interino de Venezuela, el que constitucionalmente debe presidir la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, manifestó: “iremos tomando las decisiones en los próximos días y semanas de acuerdo con sus actuaciones.” Y, contra todo pronóstico, Trump descartó entregarle directamente el poder a su marioneta Corina Machado o, indirectamente, a través de Edmundo González, pues dijo que: “Sería muy duro para ella ser la líder. No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy simpática, pero no tiene el respeto.” Una lección sobre la suerte que muchas veces corren los que lamen las manos de los amos.
Trump y sus lugartenientes, con el estilo ampuloso que los caracteriza, alardearon de que se trató de una operación sin antecedentes, al menos desde la finalización de la segunda Guerra Mundial; aunque, en realidad, no tuvo nada de extraordinario, tanto que los agresores no sufrieron ni un rasguño, al menos que se conozca. Más allá de estas fanfarronadas, dejó ver de nuevo los verdaderos motivos del asalto: “Eso nos va a generar mucho dinero”, dijo, y, agregó: los gobiernos venezolanos “se han robado nuestro petróleo”. “Nosotros vamos a retomar el petróleo que, francamente, hubiéramos debido retomar hace tiempo”. Aseguró también que las compañías petroleras gringas gastarán miles de millones de dólares para reconstruir la infraestructura petrolera”, la cual ellos mismos destruyeron para asfixiar al gobierno bolivariano. En fin, nuevamente la confesión de que uno de los principales objetivos de la invasión es el asalto a las reservas petroleras más grandes del mundo. También habló de las tierras “robadas”, referencia a las valiosas tierras raras, materia prima de las nuevas tecnologías, de las que se dice que Venezuela posee grandes cantidades.
Los altos funcionarios del gobierno venezolano, Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino, Jorge Rodríguez ratificaron que el objetivo del complot eran las reservas petroleras del país, lo calificaron de acto criminal de agresión; dijeron que nunca más serían esclavos ni colonia de ningún imperio; que están listos para defender a Venezuela, y afirmaron que el único presidente es Nicolás Maduro, quien debe ser devuelto al país. Aunque se extrañó que no se haya desatado aún la resistencia para la que se ha venido preparando el pueblo venezolano, preparación que incluyó el alistamiento de millones de civiles en las milicias de defensa de la revolución bolivariana.
Este ataque se constituye en el primero contra la soberanía, la independencia y la autodeterminación de los pueblos de América Latina luego de promulgada la nueva política de “seguridad nacional” de Estados Unidos, orientada a afincar su preeminencia en el hemisferio occidental. En sus declaraciones, Trump pidió que su política en el hemisferio se empiece a conocer como “Doctrina Donroe”, como ya se le venía llamando por algunos sectores, entrelazando el nombre del actual mandatario gringo y el apellido del presidente James Monroe quien, en 1823, pronunció la famosa frase, “America para los americanos”. Es también una nueva demostración de que Estados Unidos se ha convertido en la potencia más belicosa y en la principal amenaza a la paz mundial, y que persigue la recolonización plena de América Latina como bastión de su disputa por el dominio global. De hecho, el déspota yanqui aseveró, en la rueda de prensa, que con la acción en Venezuela, “la dominación estadounidense en el hemisferio occidental nunca más será cuestionada”
La arremetida imperialista norteamericana carece de cualquier viso de legalidad; viola las normas elementales que rigen las relaciones entre las naciones y los propios tratados internacionales, en particular la Carta de las Naciones Unidas, que proclama que los estados deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier otro Estado, y que la intervención solo se justifica en casos de legítima defensa, cuando existe un ataque armado, o por autorización expresa del Consejo de Seguridad, y no puede aplicarse de manera unilateral. A lo cual se suman las violaciones de los acuerdos de Ginebra de 1949 y de las normas subsecuentes sobre derechos humanos, suscritos también por Estados Unidos, que ya venía cometiendo desde septiembre con el asesinato, sin fórmula de juicio, de ya más de 110 tripulantes de pequeños botes, acusados, sin exhibición de prueba alguna, de transportar alijos de narcóticos, bajo la ridícula inculpación de constituir una amenaza inminente para la seguridad nacional del país del Norte.
Igualmente, el golpe ni siquiera tiene asidero en las leyes estadounidenses, como lo vienen afirmando distintos sectores académicos y políticos, e incluso militares norteamericanos, que señalan que este tipo de operaciones deben ser aprobadas por el Congreso de los Estados Unidos. Obligación que, en la comparecencia, Trump desechó mediante la peregrina afirmación de que las Cámaras suelen “filtrar” las informaciones, y, por tanto, se hubiera puesto en peligro la operación. En realidad, la transgresión de su propia legalidad, como lo hace en otra serie de aspectos de la vida estadounidense, obedece a su necesidad de instaurar una dictadura interna para emprender sin cortapisas su ofensiva internacional. El debate congresional —sin hacerse ilusiones zafias sobre sus resultados—, contribuiría a desnudar la fragilidad de la posición de Trump, pues contrabandear drogas no es lo mismo que derrocar gobiernos o derrotar ejércitos, como lo afirmó hasta el Wall Street Journal, el diario de los grandes financistas.
El criminal atropello yanqui ha sido rechazado por buena parte de los gobiernos latinoamericanos, incluidos los de México, Brasil, Chile, Cuba, Nicaragua, Colombia, cuyo gobierno fue nuevamente amenazado por Trump durante la rueda de prensa, mientras que ha sido apoyada desvergonzadamente por las grotescas marionetas que gobiernan en Argentina, Ecuador y Perú, entre otros. De la misma manera la acción estadounidense ha sido condenada, con mayor o menor contundencia, por los gobernantes de decenas de naciones extrahemisféricas como China, Rusia, varios países de la Unión Europea. Lo más importante es que en diversos lugares del mundo los pueblos se han levantado a expresar su indignado y valiente rechazo, como pasó en Colombia frente a la embajada norteamericana y ante el consulado de la república hermana. En contraste, la oligarquía lacaya colombiana se ha envalentonado aún más y celebra sin decoro la tropelía yanqui y pretende utilizar el golpe en favor de su restablecimiento en la conducción del estado colombiano.
Sin duda, luego de sacudirse del choque inicial y haciendo honor a su gloriosa tradición, el pueblo y los gobernantes venezolanos desarrollarán la más heroica resistencia que, más temprano que tarde, logrará la victoria sobre el agresor extranjero. Los sectores recalcitrantes y los que se dejen encantar por los cantos de sirena del imperialismo serán desenmascarados y juzgados por el pueblo patriota.
El Comité de Impulso contra la Agresión Imperialista y por la Defensa de la Soberanía, la Independencia y la Autodeterminación, conformado en el Encuentro Nacional del pasado 22 de octubre, se suma al rechazo a la agresión y convoca a todos sus integrantes y todos los sectores sociales, sindicales, políticos, étnicos, progresistas y patrióticos, revolucionarios y de izquierda a reunirnos el lunes 5 de enero a las 4 de la tarde en Fecode (CRA 13 A 34-54), para tomar las decisiones conducentes a desarrollar una amplia e incansable campaña de solidaridad con el pueblo venezolano y de lucha contra el imperialismo norteamericano.
¡Fuera gringos de Venezuela y de América Latina!
Comité de Impulso contra la Agresión Imperialista y por la Defensa de la Soberanía, la Independencia y la Autodeterminación
Bogotá, 4 de enero de 2026













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