Por: Arturo Stevenson
Perú es uno de los mayores productores de oro del mundo, ya que cada año extrae más de 150 toneladas, con un valor de 1.300 millones de dólares, procedentes de las regiones de Piura, al extremo noroeste; de la provincia de Nasca; de Puno, y de Madre de Dios, al sudeste, según el Ministerio de Energía y Minas de este país. En estos territorios de enormes riquezas minerales, cuya explotación es una de las principales fuentes de divisas, se estima que existen más de 300 mil trabajadores, entre pequeños mineros informales y artesanales; provenientes de todos los rincones, han encontrado en esta labor una forma de paliar la pobreza y combatir el desempleo desde hace más de veinte años. Estos proletarios, hartos de ser víctimas del agio de unos pocos hacendados, --concesionarnos de miles de hectáreas en las que se encuentran algunas de las reservas de oro-, y ante el hecho de que las nuevas leyes que regulan la minería los desalojarán de sus trabajos en beneficio principalmente de las grandes multinacionales de extracción aurífera, decidieron parar sus actividades y levantarse en protesta el pasado 4 de abril.