Por Alejandro Torres
El pasado 24 de agosto, la central mayoritaria le dirigió una misiva al nuevo inquilino de la Casa de Nariño. “La CUT ve con preocupación los anuncios hechos por usted y por los miembros de su gabinete”, dijo, entre otras cosas, sobre el énfasis del gobierno en la gran minería, los agro combustibles, los TLC, la austeridad fiscal, el recorte de las regalías, la modificación de los parafiscales y la flexibilización laboral; anunció su oposición “al continuismo de tales políticas”, lo mismo que a las diligencias que el vicepresidente “adelantó para el anterior gobierno” a fin de mejorar la calificación de este ante la OIT; y presentó, “dentro del marco de la Constitución y las leyes”, un “pliego de exigencias”, sobre creación de empleo, eliminación de la subcontratación, estabilidad laboral, derogatoria de la ley 100, atención a las exigencias del magisterio, cumplimiento y ratificación de convenios de la OIT, garantías para el ejercicio sindical y protección a los sindicalistas, y “compromiso del gobierno de reconocer al movimiento sindical como interlocutor de los trabajadores colombianos (sic), en los diferentes espacios de la vida nacional y así como (sic) la asignación de recursos económicos para su financiación en el presupuesto nacional.”







