
En horas de la tarde del 5 de marzo murió en Caracas el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, después de una prolongada enfermedad. Tan pronto se conoció la noticia sobre su deceso, millones de desheredados del país hermano se volcaron a las calles a expresar su dolor en una impresionante demostración de lo hondo que logró calar en la entraña popular este llanero, nacido en un pequeño pueblo del Estado de Barinas, cuyos rasgos más sobresalientes fueron su valerosa posición patriótica y antiimperialista y su lucha contra la oligarquía por dignificar a su nación y a su pueblo. La presencia en las honras fúnebres de delegaciones de más de 50 gobiernos y los actos de solidaridad que se desarrollan ante las embajadas de Venezuela en la mayoría de los países latinoamericanos son una demostración de que esa lucha contra el poderío estadounidense, que Chávez logró llevar más allá de las fronteras de su país, lo convirtieron en un líder de talla continental.
Ana Graciela Peña
Un sol subterráneo brilló por casi setenta días en el desierto de Atacama. Era la luz que despedían treinta y tres mineros desde un socavón en la mina San José, en Copiapó, al norte de Chile. El mundo entero sabe hoy que, enterrados a casi setecientos metros de profundidad, estos hombres lograron sobrevivir gracias a su organización, disciplina, coraje, espíritu de sacrificio y hermandad, lección que ha despertado general admiración y respeto.
Cómo no indignarse ante la tragedia haitiana. Hace ya dos meses que este país enfrenta, nuevamente, una calamidad social de grandes dimensiones. Esta vez, fue blanco de la furia de la naturaleza, cuya arremetida sometió a la población a uno de los mayores desastres que el mundo haya podido presenciar: un sismo de 7 puntos en la escala de Richter, el peor que ha experimentado la región en los últimos dos siglos, que, hasta los últimos registros, había cobrado cerca de 250.000 vidas y dejado en la absoluta desolación, hambre y desamparo a mas de 3.000.000 de sobrevivientes, quienes han venido sufriendo por la falta de agua, la inasistencia médica y las epidemias e infecciones producidas por la descomposición de los cadáveres, entre otras circunstancias.
Por: Arturo Stevenson
Perú es uno de los mayores productores de oro del mundo, ya que cada año extrae más de 150 toneladas, con un valor de 1.300 millones de dólares, procedentes de las regiones de Piura, al extremo noroeste; de la provincia de Nasca; de Puno, y de Madre de Dios, al sudeste, según el Ministerio de Energía y Minas de este país. En estos territorios de enormes riquezas minerales, cuya explotación es una de las principales fuentes de divisas, se estima que existen más de 300 mil trabajadores, entre pequeños mineros informales y artesanales; provenientes de todos los rincones, han encontrado en esta labor una forma de paliar la pobreza y combatir el desempleo desde hace más de veinte años. Estos proletarios, hartos de ser víctimas del agio de unos pocos hacendados, --concesionarnos de miles de hectáreas en las que se encuentran algunas de las reservas de oro-, y ante el hecho de que las nuevas leyes que regulan la minería los desalojarán de sus trabajos en beneficio principalmente de las grandes multinacionales de extracción aurífera, decidieron parar sus actividades y levantarse en protesta el pasado 4 de abril.
Obama tira la piedra y esconde la mano
Por Alfonso Hernández
El pasado domingo 28 de junio, en horas de la madrugada, tropas del ejército asaltaron la residencia del presidente de la República de Honduras, Manuel Zelaya Rosales. Después de desarmar a la guardia, procedieron a secuestrar al mandatario, a quien luego expulsaron del país y dejaron en Costa Rica. Los golpistas suspendieron todas las emisiones de radio y televisión y cortaron la energía eléctrica con el claro propósito de aislar a los ciudadanos hondureños del mundo.
Una vez sabida la noticia, obviamente, todas las miradas se dirigieron a Washington. En la reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, el embajador de Honduras, Carlos Sosa, destacó la semejanza de este asalto con los llevados a cabo, bajo el patrocinio de los Estados Unidos, contra los gobiernos de Jacobo Arbenz en Guatemala y de Salvador Allende en Chile. Por su parte, el embajador de Venezuela, Roy Chaderton, denunció las actividades antigubernamentales en Honduras de Otto Reich, alto funcionario de la secretaría de Estado en los años ochentas y, como tal, promotor de los Contras de Centroamérica, y, posteriormente, embajador en Venezuela, cargo desde el cual promovió, en 2002, el golpe de estado contra Hugo Chávez Frías. Además, en la primera rueda de prensa en suelo costarricense, Manuel Zelaya, conocedor de la obsecuencia de los chafarotes de su país con el Pentágono, sostuvo que si el golpe no tenía el respaldo de los Estados Unidos no se sostendría ni siquiera 48 horas.