Por Alfonso Hernández
Una revolución democrática ha triunfado en Egipto, afirman con entusiasmo los medios occidentales de prensa, y Obama, en su alocución de pocas horas después de la renuncia de Hosni Mubarak, dijo que este es uno de los escasos momentos en nuestras vidas en que podemos ser testigos de los grandes desarrollos históricos. Aseguró que las voces del pueblo de ese país, cuyo ejemplo es inspirador, han sido finalmente escuchadas y que ha sido desenmascarada la mentira de que la justicia se impone mediante la violencia. Es la fuerza moral, aseveró el comandante en jefe del Ejército gringo, la que inclina el curso de la historia hacia la justicia. Las revueltas del norte de África han provocado, incluso, una refriega entre los cabecillas de los partidos Demócrata y Republicano por la autoría intelectual, pues los últimos afirman que el inspirador fue Bush con su Agenda por la Libertad y los primeros, releyendo afanosamente los discursos del mandatario del We can y de su secretaria de Estado, tratan de probar que todo se debe al actual inquilino de la Casa Blanca. No faltan quienes piden que se sosieguen los espíritus y que se reconozca, de una vez por todas, que se trata del logro de una meta bipartidista.
Las llamas resplandecieron mientras consumían el cuerpo del joven Mohamed Bouazizi, quien se prendió fuego, el 17 de diciembre pasado, en la plaza pública de la población de Sidi Bouzid, situada en el centro del país norafricano, a 250 kilómetros de la capital, Túnez.