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Por Alejandro Torres

Caricatura tomada de http://santanderdequilichao-virtual.blogspot.com/La reciente gira de Barak Obama por el sur del hemisferio, con paradas en Brasil, Chile y El Salvador, se desarrolló a pesar de los sucesos del Norte de África, de la devastadora tragedia natural que asoló al Japón y aun en medio de la aguda disputa interna sobre el presupuesto. Esa gira, junto con el compromiso de presentar al Congreso el Tratado de Libre Comercio con Colombia, TLC, han dejado al desnudo, entre parloteos sobre “asociaciones entre iguales” y “responsabilidades compartidas”, la acuciante necesidad de los Estados Unidos de afianzar su predominio económico y político al sur del Río Bravo en donde, si bien su hegemonía se mantiene, tanto Europa, desde hace un buen tiempo, como China, más recientemente, le disputan con tesón la influencia sobre la rica región de casi 600 millones de seres, cuya economía es del mismo tamaño de la del país oriental y que compra cada año 161 mil millones de dólares en bienes.

El Financial Times señaló que el viaje se debía a dos razones, ambas vinculadas al interés nacional de los Estados Unidos: primero, a que el rápido crecimiento de las economías latinoamericanas está en juego entre este país y China, que es hoy el mayor socio comercial de Brasil, nación ésta que pronto se convertirá en un gran productor de petróleo. Esta preocupación también la demuestra el hecho de que la delegación incluyó un montón de jefes corporativos, con lo cual Obama subrayaba, según el mismo diario, el énfasis de la segunda mitad de su período: la economía, las exportaciones, el empleo. “Usted debe recordar que el crecimiento económico es la máxima prioridad del presidente (…) Esta gira está centrada en la relación comercial y en las oportunidades económicas para los Estados Unidos”, señaló Jay Carney, vocero de la Casa Blanca; y Dan Pfeiffer, director de comunicaciones, le dijo al Wall Street Journal, que la Administración no olvidaba que las encuestas indican que la economía es “el asunto número uno para el pueblo”, y, agregó, “los estadounidenses no querrían vernos como desentendidos de lo que sucede en Japón y Libia, pero tampoco obsesionados con ello.”

La segunda razón, aducida por el periódico inglés, era la de revigorizar las relaciones con una región que ha venido relegando: “Mientras los Estados Unidos han estado mirando para otro lado, China viene llenando el vacío”. Aunque el sur del continente aún absorbe tres veces más importaciones del país del norte que del asiático, éste lo desplaza rápidamente como primer socio comercial. En Brasil ya lo hizo; con Argentina tiene en proceso la firma de acuerdos comerciales y de inversión por 10 mil millones de dólares; con Brasil y Venezuela ha hecho pactos mediante los cuales los bancos chinos proveen financiación en términos favorables a cambio de suministros garantizados de petróleo; con Perú y Venezuela ha firmado contratos de defensa para venderles armas; a Argentina le compra tres cuartas partes de sus necesidades de soya; ya se convirtió en el principal destino individual de las exportaciones de Chile y Perú.

China es hoy es el segundo socio comercial de Colombia con transacciones por US$ 5.000 millones, y le viene proponiendo la construcción de un ferrocarril de 220 kilómetros, un “canal seco”, que rivalice con el de Panamá, y construir cerca de Cartagena una nueva ciudad, de 250.000 habitantes, especializada en el ensamblaje de bienes traídos del gigante asiático, para ser reexportados a toda América, incluidos los Estados Unidos; el viaje de retorno se haría con recursos naturales colombianos. También, los dos países contemplan la posibilidad de tender una vía férrea de 791 kilómetros y la ampliación del puerto de Buenaventura, un proyecto de US$ 7.600 millones, financiado por el Banco de Desarrollo de China y operado por China Railway Group, el cual movería 40 millones de toneladas al año y cuya prioridad sería enviar carbón a ese país. Colombia es el quinto productor global, pero, aun cuando la demanda del mineral está creciendo más rápidamente a lo largo del Pacífico, la mayoría se exporta por puertos del Atlántico. Gao Zhengyue, embajador chino en nuestro país, observó: “Colombia tiene una posición estratégica y nosotros lo vemos como un puerto para el resto de América Latina.” El mismo Juan Manuel Santos le confirmó en extensa entrevista al Financial Times la existencia de dichos planes: “Esto se ha considerado en el contexto de mantener la responsabilidad fiscal y nuestros objetivos macroeconómicos, pero por supuesto estamos muy, muy interesados en mejorar nuestra infraestructura.”

Cálculos conservadores muestran que, para mediados de la presente década, China habrá sobrepasado a la Unión Europea como el segundo mayor socio comercial de América Latina. Europa, a su vez, recientemente convino distinto tipo de asociaciones con Centroamérica, Colombia, Perú y el Cariforo —grupo de países integrantes de la Comunidad Caribe, Caricom, más República Dominicana—, las cuales se suman a los pactos que tiene vigentes con México y Chile; y retomó las negociaciones con el Mercosur.

Con ocasión de la visita de Obama, la Cepal preparó un documento que muestra el paulatino declive comercial del Tío Sam en el subcontinente. Su parte en el total de las importaciones regionales cayó de 55%, en el 2000, a 32%, en 2009, y la correspondiente a las exportaciones pasó de 61% a 42%, en el mismo período. Ello ha contribuido a su pérdida de terreno entre las potencias exportadoras. En el 2000, de unas exportaciones mundiales que totalizaron 6 billones 364 mil millones de dólares, ocupaba el primer lugar, con 12%, seguido por Alemania, con el 9%, Japón 8%, Francia 5%, Reino Unido 4%, Canadá 4%, China 4%, Italia 4%. En el 2009, del total de 12 billones 461 mil millones de dólares participó con 8%, siendo superado por Alemania, con el 9%, y por China, con el 10%, que pasó a ser el primer exportador planetario. Aunque en la exportación de servicios se mantiene en el primer lugar, pasó del 19% al 14%. Como proporción de su Producto Interno Bruto, PIB, las exportaciones norteamericanas apenas representan el 11%, cifra más o menos constante en los últimos tres lustros, cuando el promedio mundial es del 27%; para Alemania significan el 47,5%, y para la Unión Europea el 41,3%. Además, su déficit comercial se ubica en el medio billón de dólares, habiendo alcanzado cotas de US$ 700 mil millones, déficit que recae principalmente en China, con US$ 227 mil millones, y en las masivas importaciones de petróleo, por US$ 205 mil millones.

Empero, América Latina continúa siendo vital para el comercio estadounidense. Durante las dos décadas anteriores éste creció más rápidamente que con cualquier otra parte del mundo, exceptuando China. Latinoamérica y El Caribe son su mayor mercado de exportación, con el 23,2%; seguidos por Asia, con el 22,4%; Canadá, con 19,4%, y la Unión Europea, con el 18,8%. En cuanto a sus importaciones, las de América Latina son el 18,1%, el segundo proveedor después de Asia, que responde por el 34,6%. En el total del comercio también se ubica en el segundo lugar, con 20,6%, superado por Asia, con 28,5%.

En el único rubro donde la situación aparece diferente es en el de la Inversión Extranjera Directa en la cual, en 2009, superó a la Unión Europea; no obstante, entre 1999 y 2009, ésta invirtió 283.266 millones de dólares, 42,5%, y los Estados Unidos 231.305 millones, el 34,7%.

En fin, los Estados Unidos requieren revertir su situación adversa en el comercio mundial, ya que, como es propio de las potencias imperialistas, su mercado interno está relativamente sobresaturado, lo que lo impele a batirse con los demás grandes poderes por una mayor tajada del crecimiento económico global que, en un 87%, sucede allende sus fronteras. De sus avances en esto depende también en buena parte su estabilidad dado que uno de cada tres empleos manufactureros está ligado a las exportaciones, lo mismo que uno de cada tres acres sembrados; por su lado, las importaciones le suministran insumos a bajo costo que no puede producir competitivamente y que son la base de grandes emporios de investigación, diseño, transporte, logística, venta detallista y manufactura. Por ello, la propia Administración ha dicho que el centro de su política económica será doblar las exportaciones de aquí al 2014, meta inalcanzable, según muchos, sin presionar la apertura de mercados a través de acuerdos de libre comercio. Prueba de la importancia de estos para Estados Unidos es que las naciones con las que los tiene le aportan un superávit comercial de 50.000 millones de dólares anuales.

Los monopolios le ordenan a Obama no dilatar más TLC con Colombia

En Colombia la gran prensa hace aspavientos sobre la decisión de Obama de llevar el TLC al Capitolio, adjudicándosela a la destreza diplomática de Santos y de Garzón. El Tiempo editorializó:

La firma de un plan de acción que permitirá el envío del acuerdo al Congreso norteamericano en unas semanas fue el resultado de una hábil estrategia impulsada por la Presidencia de la República y la embajada en Washington, consistente en convencer a diferentes actores de que el paso de la iniciativa era una necesidad para los propios Estados Unidos y no solamente un gesto amable hacia un aliado que había hecho méritos hacía tiempo (…)silenciosa y discretamente el gobierno de Santos fue construyendo una alianza de empresarios de EE. UU., funcionarios -entre ellos la secretaria de Estado-, dirigentes gremiales y poderosos congresistas de ambos partidos que, en el momento correcto, plantearon el mensaje clave: todos los TLC pendientes, al tiempo o ninguno. Eso obligó a Barack Obama a revisar su política comercial.

El Espectador no se quedó atrás:

A través de una muy hábil movida diplomática (…) se logró que Barack Obama accediera a retomar un tema que, en momentos en los que enfrenta la amenaza de un paro nacional por recortes presupuestales, ni siquiera figuraba en su agenda: el TLC con Colombia (…) Con todo, si algo ha dejado claro la administración Santos es su indiscutible capacidad diplomática y, contrario a todas las predicciones del último tiempo, es perfectamente factible pensar hoy que antes de que se acabe este año se esté firmando un TLC con EE.UU.

La revista Semana registra varios de los hechos que en realidad movieron al gobierno gringo, pero no deja de mencionar la “movida diplomática” colombiana, centrada en el cabildeo del vicepresidente. Entre los factores determinantes cita: la crisis económica norteamericana; la caída de sus exportaciones de productos y maquinaria agrícola a Colombia; la presión de los congresistas y los medios de comunicación; y la búsqueda de la reelección para la que “le conviene dejar atrás el debate sobre el TLC y hacerles un gesto a los empresarios, a quienes acudirá en busca de apoyo financiero.”

Lo que sí se puede decir del gobernante colombiano fue que mostró una desfachatada actitud en todo este proceso. Así se expresó, el 5 de abril pasado, en la Universidad de Brown:

Hoy vengo a decirles, con profunda convicción y absoluto respeto, que es tiempo de que Estados Unidos revalúe sus prioridades en relaciones internacionales y dirija su mirada hacia su propio hemisferio.

No tanto por los intereses de América Latina, sino por los propios intereses estadounidenses.

Por su propio bien, Estados Unidos no puede —y no debe— continuar ignorando el inmenso potencial económico, político, ambiental y humano que existe al sur de sus fronteras (…)

Mientras el resto del mundo, desde Europa hasta Asia, afianza sus lazos con nuestra región, Estados Unidos mantiene una actitud pasiva, desconectada.

¡Eso no sólo es equivocado sino suicida!

Nuestra región tiene lo que el mundo necesita: alimentos, agua, energía, bosques, biodiversidad y una fuerza de trabajo joven y creciente, todo esto en un continente con estabilidad democrática y sanas políticas económicas…

Tal vez citaría las palabras del presidente Obama del pasado 21 de marzo: “América Latina es más importante que nunca para la prosperidad y seguridad de los Estados Unidos.

La verdad es que desde hacía un buen tiempo la presión interna sobre Obama para que enviara el TLC al Congreso era abrumadora. Pero, en los últimos meses, hasta sus copartidarios lo llamaron sin mucha cortesía al orden. Desde el propio diario de los potentados, The Wall Street Journal, los senadores Max Baucus y John Kerry, pesos pesados de los demócratas, y cabezas de los Comités de Finanzas y de Relaciones Exteriores del Senado, respectivamente, tronaron en un artículo escrito al alimón:

El Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos y Colombia no es una cuestión de política partidista. Es un acuerdo que tiene que ver con nuestros intereses nacionales económicos y de política internacional. Después de que las dos partes concluyan rápidamente las actuales negociaciones sobre algunos asuntos relevantes, habrá llegado el momento para abordarlo, sin más dilaciones, en el Congreso (…) El comercio es crítico para la innovación y el crecimiento económico; él puede expandir las oportunidades para los trabajadores y los empresarios tanto internamente como en el exterior (…) El TLC incrementará las exportaciones estadounidenses en más de 1.000 millones de dólares (…) Para contribuir a que nuestra economía continúe su recuperación, deberíamos unirnos alrededor de una agenda comercial que incluya su aprobación, y ampliar el programa de Asistencia para la Adaptación Comercial de los trabajadores Estadounidenses (…) Colombia es un importante socio comercial para los agricultores, empresarios y trabajadores de los Estados Unidos (…) Nuestros agricultores enfrentan un arancel aproximado de 30%, los industriales una tasa efectiva de 14% (…) El TLC con Colombia eliminará los impuestos a nuestras exportaciones y nivelará el campo de juego (…) En los últimos dos años, la parte de los Estados Unidos en las compras colombianas de maíz, trigo y soya cayeron en más de 60%; Argentina nos ha sobrepasado como el principal proveedor de productos agrícolas a Colombia. China ha triplicado su parte en el mercado colombiano (…) Y Colombia está firmando acuerdos comerciales con países europeos, asiáticos y americanos, que agudizan las desventajas para nuestros exportadores. Cada día que pase sin actuar nos cuesta empleos y ventas y envía a los colombianos a otras partes (…) Necesitamos restablecer un amplio consenso bipartidista sobre el comercio (...) Les llegó el momento al Congreso y al país de retornar al campo de juego.

Con anterioridad, el 14 de febrero, Baucus, en un gesto por demás retador, le había enviado, junto con Orrin Hatch, el principal republicano de dicho Comité, una carta al representante comercial de los Estados Unidos, Ron Kirk, instándolo a actuar de inmediato:

Nosotros compartimos su objetivo de abrir los mercados de exportación para los trabajadores de Estados Unidos. Creemos que una de las vías más efectivas para lograrlo es mediante la aprobación de los acuerdos comerciales pendientes con Panamá y Colombia. Nuestras exportaciones a esos mercados han enfrentado barreras por demasiado tiempo. Panamá y Colombia han hecho el claro compromiso de eliminarlas y abrir sus mercados, pero la Administración no ha dado los pasos necesarios que les permitirían a nuestros exportadores beneficiarse de esos compromisos (…) Nosotros agradecemos su aceptación de comparecer ante el Comité de Finanzas del Senado el próximo 9 de marzo; para ese momento, esperamos que usted vendrá preparado a: (1) Identificar específicamente cualquier medida adicional que la Administración crea que deban tomar los gobiernos de Panamá y Colombia, y (2) Presentar un cronograma claro y expedito para llevar ambos acuerdos al Congreso.

Ya en la Audiencia, Baucus, remató: “Cómo puede Colombia contar con Estados Unidos, si simplemente no actuamos. Usted lo sabe, esto es definitivo, hay razones geopolíticas estratégicas para que concluyamos este acuerdo.”

Por el lado republicano, el 10 de marzo pasado, 44 senadores le dirigieron una carta al líder de su bancada, Harry Reid:

Por largo tiempo la Administración ha dilatado el envío de la legislación para los acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá… A través de estos acuerdos Colombia y Panamá se comprometieron a abrir sus mercados a las exportaciones de los Estados Unidos y a adoptar reglas comerciales que les facilitarán a los trabajadores norteamericanos venderles a estos mercados… Como resultado del fracaso de la Administración para impulsar estos acuerdos, las compañías estadounidenses y sus trabajadores están perdiendo porciones de mercado y les están siendo negadas valiosas oportunidades de hacer negocios. Al mismo tiempo, Colombia y Panamá continúan expandiendo sus sociedades comerciales a todos partes, firmando acuerdos de libre comercio con la Unión Europea, Canadá y otros países (…) Cualquier otra demora es innecesaria e inexcusable (...) Nosotros utilizaremos todas las herramientas a nuestra disposición para forzarlo a actuar [a Obama] incluso obstaculizando el apoyo para cualquier nominado a la Secretaría de Comercio, y a cualquiera que sea propuesto a cargos relacionados con el comercio.

A los voceros políticos de los magnates los acompañaron los grandes diarios, The New York Times, The Wall Street Journal, The Washington Post, y unos 100 periódicos locales y nacionales más; la Cámara de Comercio nacional y más de 400 cámaras locales; 16 antiguos representantes comerciales del país de origen bipartidista; la secretaria Clinton quien afirmó que haría “un esfuerzo intensivo para tratar de obtener los votos que permitan que el Acuerdo de Libre Comercio con Colombia sea finalmente ratificado”; más de mil compañías representantes de todos los sectores empresariales se juntaron en la Coalición Comercial Latinoamericana en pro de los acuerdos de Panamá y Colombia.

Pero, por si quedara alguna duda sobre cuál es realmente el origen de esta decisión, adornada con “exigencias” laborales, ella desaparecería leyendo los siguientes apartes de las declaraciones emitidas por gremios y grandes monopolios, que fueron publicadas por la Casa Blanca, a propósito de la decisión anunciada por Obama y Santos.

Asociación Nacional de Fabricantes:

No podemos continuar estancados y al margen, perdiendo nuestra porción de mercado y desperdiciando nuestras ventajas competitivas. Las exportaciones están guiando la economía a la recuperación, y el acuerdo con Colombia es crítico para cumplir el objetivo presidencial de doblar las exportaciones para 2014. Los fabricantes estadounidenses enfrentan un arancel promedio en Colombia de 14%. Este acuerdo llevará esa tarifa a cero, reduciendo la principal barrera en este nuevo y creciente mercado.

Coalición de la Industria de Sevicios:

El TLC elimina barreras al comercio y la inversión en muchos servicios, en los cuales las compañías estadounidenses son altamente competitivas. El acuerdo promueve los objetivos económicos y comerciales de los Estados Unidos; soporta nuestros propósitos de respeto a los derechos humanos y laborales; y apuntala los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos en la región.

Asociación de Líderes del Comercio Minorista:

Reducir las barreras comerciales es vital para el sector norteamericano del comercio al por menor, industria que emplea más de 12 millones 450 mil trabajadores en los Estados Unidos. Los minoristas aplaudimos a la Administración Obama por lograr este acuerdo y asegurar que los generadores de empleo y las familias de nuestro país tengan acceso a los amplios beneficios del libre comercio. La Asociación urge al Congreso y a la Administración a actuar expeditamente para aprobar los tres tratados de libre comercio pendientes y a reafirmar el apoyo bipartidista al libre comercio. Derribar las barreras comerciales creará miles de nuevos empleos en la medida en que las empresas de Estados Unidos competirán en la compra y venta de bienes y servicios para los consumidores de todo el mundo.

Cisco Systems, Inc.:

Aplaude a los dos gobiernos por haber allanado el camino y se complace de que el Congreso a la mayor brevedad considerará la legislación para implementar el TLC… cuya puesta en práctica traerá considerables beneficios comerciales… Cisco se une a sus colegas de la industria de alta tecnología y a toda la comunidad empresarial para apoyar la aprobación en el Congreso de los TLC pendientes.

Mesa Empresarial:

La Administración y el Congreso ahora necesitan acordar un plan para aprobar tan pronto como sea posible los TLC con Colombia, Corea y Panamá. Las compañías y los trabajadores estadounidenses necesitan acuerdos de libre comercio que promuevan la justicia y les permitan a los Estados Unidos competir exitosamente en los mercados mundiales. Los TLC pendientes con Colombia, Corea y Panamá obligarán a estos países a cumplir con sus promesas de abrir sus mercados a los bienes y servicios de los Estados Unidos. Estos acuerdos permitirán aumentar los más de 38 millones de empleos que dependen del comercio.

Caterpillar:

Colombia no es solamente uno de nuestros 10 más grandes mercados de exportación por país, sino uno de los más estrechos aliados de los Estados Unidos. El TLC promoverá nuestras exportaciones y apoyará el empleo en nuestro país. Es también una refrendación de que Colombia es un buen lugar para hacer negocios... Acuerdos Comerciales previos han demostrado ser una poderosa máquina de crecimiento. Esto ha sido especialmente cierto en América Latina. Desde que los TLC se han puesto en marcha, las exportaciones de Caterpillar se han incrementado exponencialmente. En el último año, las exportaciones a México se quintuplicaron, las dirigidas a Chile se triplicaron, y las de Perú aumentaron en más de 60%.

Asociación Estadounidense de Productores de Soya:

El acuerdo creará nuevas oportunidades para los agricultores y hacendados de los Estados Unidos en el mercado colombiano. Los productores de soya tendrán la oportunidad de recobrar las porciones de mercado perdidas en Suramérica. Como resultado de las dilaciones en aprobar el TLC, los Estados Unidos han perdido parte del mercado colombiano a manos de sus competidores. La Asociación urge también la aprobación de los acuerdos con Corea y Panamá, los cuales mejorarían significativamente el acceso a los mercados externos para la soya y productos de ganadería de los Estados Unidos. Estos tres acuerdos combinados representan casi 3 mil millones de dólares de exportaciones agrícolas adicionales a estos socios comerciales.

Asociación de Fabricantes de Comestibles:

Colombia, con unas de las más elevadas tarifas aduaneras de Sur América, hasta hoy ha sido un mercado relativamente pequeño para las exportaciones de los Estados Unidos. Pero, con sus 45 millones de consumidores, incluyendo una significativa clase media, la ratificación del TLC resultará en un importante incremento de las exportaciones de alimentos, bebidas y productos de consumo de los Estados Unidos.

Asociación de Consumidores de Electrónica:

El TLC es un pacto crucial para las compañías y los trabajadores de los Estados Unidos. Él eliminará inmediatamente los aranceles a más del 80% de las exportaciones estadounidenses. Estos acuerdos les dan trabajo a nuestros pequeños empresarios y nos ayudan a mantenernos competitivos frente a otras naciones tales como Canadá y las de la Unión Europea, las cuales también tienen acuerdos pendientes con estos países. La economía colombiana es la tercera más grande de Centro y Sur América. Este acuerdo eliminará aranceles y otras barreras a las exportaciones de Estados Unidos, promoverá el crecimiento económico y expandirá el comercio entre los dos países.

Asociación de Procesadores de Maíz:

Los beneficios de este acuerdo para la economía de los Estados Unidos y nuestros trabajadores industriales son claros… Los aranceles a las harinas, masas y jarabes de maíz se reducirán a cero cuando el TLC se haga efectivo. Los aranceles sobre otros productos, incluidos aceites, edulcorantes y almidones de maíz serán suprimidos gradualmente durante la vida del acuerdo.

The Dow Chemical Company:

Para Dow, el acuerdo es un significativo paso hacia adelante, en la medida en que elimina aranceles y barreras a exportaciones clave de los Estados Unidos y respalda el crecimiento del mercado doméstico colombiano. El acuerdo removerá el 90% de los aranceles actuales que, según cálculos de Dow, significan más de 200 millones de dólares sobre productos manufacturados que se exportan a Colombia. La supresión de estas tarifas nivela el campo de juego, vigorizando la producción estadounidense a través del acceso justo y libre a la creciente y vital economía colombiana. Dow ha operado en Colombia durante 51 años con una seguridad y desempeño productivo excelentes.

Consejo Industrial de la Tecnología de la Información:

Nosotros debemos llevar a cabo una ambiciosa agenda comercial para reducir las barreras de acceso alrededor del mundo para los productos y servicios tecnológicos de los Estados Unidos, de tal forma que nuestra industria pueda crecer, crear empleos y beneficios económicos en casa. Estos tres acuerdos representan grandes pasos para incentivar el crecimiento de la economía de los Estados Unidos y acrecer su competitividad.

TechAmerica:

Expandir el comercio con Colombia les dará a las compañías tecnológicas de los Estados Unidos una ventaja competitiva en esa región en tanto se fortalecen los mercados libres, se mejora la estabilidad y se fomenta la democracia… Colombia eliminará barreras arancelarias y no arancelarias a un gran número de productos tecnológicos y fortalecerá la propiedad intelectual y las protecciones a la inversión. Todos estos aspectos son vitales para nuestros miembros, grandes y pequeños, quienes generan más del 60% de sus ingresos en los mercados externos. Las exportaciones de alta tecnología de los Estados Unidos a Colombia crecieron en 22% entre 2009 y 2010, alcanzando 1.870 millones de dólares… Desde 2004, han crecido en un 125%, creando un superávit comercial del sector cercano a los 1.840 millones de dólares.

Consejo de Destiladores de Bebidas Alcohólicas de los Estados Unidos:

Este acuerdo redundará en beneficios palpables para la industria de bebidas espirituosas de los Estados Unidos. Protege de manera importante el bourbon y el whisky de Tennessee, los cuales responden por la gran mayoría de las exportaciones mundiales de licores estadounidenses… Estas salvaguardias beneficiarán a productores y consumidores ya que garantizan que únicamente el bourbon y el whisky legítimos de Tennessee, producidos en los Estados Unidos y de acuerdo con sus leyes y regulaciones, estarán disponibles en el mercado colombiano.

Comité de Emergencia Comercial de los Estados Unidos:

Los acuerdos con Colombia y Panamá abrirán esos mercados a los bienes y servicios estadounidenses, a la vez pondrán en rigor reglas estrictas, que incluyen las de protección a la inversión y a los derechos de propiedad intelectual para muchos sectores y las relacionadas con la promoción de la transparencia y la no discriminación. La rápida aprobación por el Congreso de estos acuerdos es vital para reversar las pérdidas de porciones de mercado que han ocurrido para los productos agrícolas de los Estados Unidos desde que otros países han puesto en práctica sus acuerdos con Colombia.

Consejo Nacional de Comercio Exterior:

Colombia ha sido largamente un aliado estratégico decisivo en la región y un mercado de exportación clave para las compañías y los productores agrícolas de los Estados Unidos. La puesta en marcha del TLC fortalecerá nuestros lazos económicos de larga data y ayudará a promover el empleo y a incrementar las exportaciones. Ante el hecho de que otros países, Canadá, concretamente, trabajan para echar a andar acuerdos con Colombia en los próximos meses, nosotros instamos a la Administración a tomar las medidas necesarias para que el TLC se enrumbe hacia adelante tan pronto como sea posible en este mismo año.

Aunque la elocuencia de las citas anteriores relevaría de hacer mayores comentarios, es obvio, como nuestros lectores lo habrán discernido, que todas las referencias a los empleos y a los trabajadores las podemos reemplazar por lo que realmente quieren decir: ganancias, ganancias y más ganancias para los grandes capitalistas.

Vale la pena, por ejemplo, en el caso de la producción agrícola norteamericana agregar dos comentarios: no se trata ni siquiera de que sean los tan invocados granjeros tradicionales de allí los beneficiarios de esta política. Por el contrario, en el campo norteamericano como en general en el del mundo entero, los financistas se han abalanzado sobre él para convertirlo aún más en un filón de negocios. En los Estados Unidos el precio de la tierra se ha doblado desde 2002 y, en términos reales, en un 58% por encima de la inflación, llegando a un tope promedio de US$ 10.000 por acre (4.407 metros cuadrados). En el mundo, al menos 50 fondos de inversión están comprando tierra a diestro y siniestro; solo tres de estos especuladores han comprado recientemente campos por valor de US$ 5.000 millones. Las posesiones de los granjeros de Estados Unidos, aún el mayor exportador mundial de maíz, soya, trigo y algodón, son objeto de estas transacciones, más cuando lo que está presupuestado por el propio Departamento de Agricultura es que en esta década se harán siembras de maíz y soya, no vistas desde la Segunda Guerra Mundial. El asunto ha llegado a tal punto, que en marzo pasado la Oficina Federal de Seguros de Depósito, que tiene a su cargo la vigilancia de los bancos, citó un simposio en el que se discutió si la tierra agrícola sería la próxima burbuja financiera tal como la de las llamadas punto com o la de la vivienda. Por último, hay que anotar que de los subsidios directos prodigados por el gobierno federal a la agricultura quienes se lucran fundamentalmente son las multinacionales que controlan los productos de exportación del campo gringo, y que el 58% de estos dineros que en 2009 fueron casi 5.000 millones de dólares y en la última década ascendieron a cerca de 40 mil millones, se repartieron entre apenas el 10% de los receptores.

Transcritos los anteriores comentarios no tiene sentido empantanarse en disquisiciones sobre la runfla de medidas laborales que con bombo y platillos anunciaron Obama y Santos, cuando lo que mostraban era obediencia a los mandatos de los monopolios, y ahora quieren erigirse en adalides de los derechos obreros, los cuales se han esmerado en conculcar, el uno desde que comenzó la apertura, cuyo cenit es el TLC, y, el otro, con las reformas que, so pretexto de conjurar el déficit de las finanzas yanquis, les exigen a los asalariados apretarse el cinturón y ofrendar antiguas conquistas y derechos.

Otra apostasía del Polo Democrático y las centrales sindicales

Como era de esperarse, quienes de inmediato cayeron en el garlito fueron las direcciones de la CUT y la CTC, que expidieron, el 9 de abril, una declaración, en la que en una envoltura de frases contra el tratado, se contiene la más abierta claudicación ante quienes nos lo imponen. En ella, se refieren a una reunión de “las tres centrales sindicales”, una más, sostenida con Santos el 31 de marzo. La central mayoritaria se empeña en no dejarse arrebatar por la CGT el “espacio” de la Casa Nariño, por lo que aparece de brazo con ella, en cuanta reunión y reunioncita convocan el presidente y el vicepresidente, sirviéndole así a la calculada política de éstos de utilizarla para adormecer a las mayorías obreras.

En ese documento reiteran su “postura de no estar de acuerdo con el TLC… porque se trata de un acuerdo entre sociedades, Estados y economías con grados de desarrollo muy desiguales”. Se trata, pues, de una desavenencia cordial, claro. No dicen que rechazan y no anuncian que van a combatir ese crimen, sino que no lo comparten, que están desacuerdo. No se trata de la más aviesa imposición imperialista que huella la soberanía y arrasa la producción nacional, sino de un impase entre sociedades de desiguales “grados de desarrollo” que implicará “afectaciones graves a varios sectores… que tendrá pocos impactos en la generación de nuevas actividades productivas y de servicios en Colombia” y que, “en cifras netas”, no generará nuevos empleos “pues los que se generen en unos sectores, se perderán en otros.” ¡Qué academicismo banal! ¡Qué carencia de convicción!

Luego de esta mustia introducción hacen un catálogo de los delitos atroces que desde hace varias décadas se cometen contra los campesinos, el sindicalismo y otros sectores sociales, pero concluyen el acápite con la siguiente pieza maestra de degradación colonial:

El TLC antes que contribuir a mejorar la situación de derechos humanos puede en algunos casos generar nuevos riesgos de vulneración de los derechos. Esta historia y presente de Colombia debería ser razón suficiente para que el Congreso de Estados Unidos no ratifique el TLC y, por el contrario, debería contribuir a que se realicen los cambios democráticos que permitan sacar al país del ciclo de crisis humanitaria y de exclusión laboral y sindical.

¡Que la ralea política gringa, la que ha fraguado por más de un siglo de dominio imperialista oprobios inenarrables contra las naciones y pueblos, desde la guerra de Cuba de 1898 hasta los vejámenes de Abu Ghraib, pasando por el horror atómico de Hiroshima y Nagasaki y la lluvia espantosa de napalm en el sudeste asiático; la que sostuvo las satrapías todas que llenaron de oprobio a América; la que ordenó el asesinato de Augusto César Sandino e instauró la dinastía de los Somoza; la que sostuvo a Trujillo, Stroessner y Pinochet; la de la invasión a Bahía Cochinos y del bloqueo infame a Cuba; la causante de la diáspora y la masacre de décadas del pueblo palestino, nos saque de la barbarie, instaure la democracia y reivindique a los asalariados y a los sindicatos! “¡Que nos salven los que nos emboscan!”, exclamación memorable con la que Francisco Mosquera retrató estas actitudes.

Continúan:

Estamos convencidos de que el plan de acción acordado entre los Presidentes Obama y Santos, no contribuirá a mejorar de manera sustancial este panorama de vulneraciones sistemáticas a derechos humanos fundamentales. No bastan las promesas, los anuncios de medidas, se requieren hechos concretos, duraderos y verificados.

El plan sí mejora las cosas, claro, no sustancialmente, pero las mejora. Lo reafirman más adelante:

No podemos dejar de reconocer que algunas de las medidas anunciadas son útiles para mejorar las condiciones de las trabajadoras y trabajadores colombianos, sí efectivamente se hacen de manera concertada las reformas anunciadas y sobre todo si se acuerdan y se ponen en práctica mecanismos de verificación eficaces (...)Todas las medidas anunciadas han sido reivindicadas por las centrales sindicales por varios años, y no solo con la presión de los Estados Unidos el Gobierno colombiano se decida a implementarlas.

La vieja costumbre oportunista de juzgar el contenido de las cosas por su envoltura. La táctica de resaltar los “aspectos positivos”, para pedir que se concierte, que se dialogue; que se olvide la magnitud del atentado y que la lucha sucumba en las mesas de concertación y de verificación. Que el Tratado se ponga en vigencia, eso sí, dejando constancia del comedido y reiterado desacuerdo, y participando activamente en su embellecimiento para “vendérselo” al grueso público.

Ante un engendro que acarreará quiebras generalizadas de la producción agrícola e industrial, que barrerá lo que queda de producción de maíz, arroz, soya, carne, leche; que arrasará la mediana base industrial supérstite en textiles y confecciones, calzado y cueros, alimentos procesados, metalmecánica, química, farmacéutica, papel, gráficos e impresos; que molerá los asomos de tecnología de la información y comunicaciones; que arrumbará firmas constructoras; que privatizará lo poco que queda en manos públicas; que reducirá los ingresos del fisco y por tanto acarreará más “reestructuraciones” del Estado y una escalada de los tributos al consumo, y por todo ello hará que cundan el desempleo y el hambre, solamente a la alta burocracia somnolienta de la CUT se le puede ocurrir que en esas condiciones sea posible que “las reformas anunciadas” “puedan mejorar las condiciones de las trabajadoras y trabajadores colombianos”.

Para finalizar, desde luego, lo que verdaderamente les preocupa es que “el acuerdo no tenga previsto un mecanismo de verificación en el que participen las centrales sindicales”. He ahí la almendra: TLC, sí, pero créese una burocracia verificadora, con comisionados en ella de los comités ejecutivos de las centrales, y si los honorarios de éstos se pagaren en dólares, mejor.

Viéndolo bien aquí no hay nada nuevo; en la 47 junta nacional de la CUT efectuada en septiembre del año pasado, en donde fue aprobado el “Plan Estratégico 2010 -2011”, una de las decisiones adoptadas fue “la lucha nacional e internacional contra la globalización, el neoliberalismo y los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea”, cuya meta planteada era evitar que el TLC con Estados Unidos junto con los tratados con Europa y Canadá se pusieran en práctica. Para ello, se definió como única actividad, admírese usted: “Gestionar acciones frente al Congreso EEUU – UE.” El cretinismo parlamentario, en todo su vigor.

Hay que recordarles a los concertadores de todas las horas que el arma indefectible del libre comercio, es el abaratamiento de la mano de obra. Que, por lo tanto, derechos laborales, garantías sindicales, negociación colectiva, contratación directa y a término indefinido, supresión de la subcontratación, y TLC, se excluyen entre sí. Que quienes pregonan las dos cosas, como Obama y Santos, lo hacen a sabiendas de que los tósigos se administran mejor en confituras. Y se pasan de vivos quienes pretenden esconder que el arrasamiento de las escasas conquistas sindicales —que se inició con la promulgación de la ley 50 de 1990 y que llega hasta hoy con la del primer empleo de Santos—, alcanzadas en un siglo de esforzado batallar de la clase obrera, ha sido programada por los organismos multilaterales, mangoneados por la Casa Blanca, nuevas santa de la devoción de la CUT y la CTC.

¿Estamos calumniando a la dirección sindical del Polo Democrático Alternativo, PDA, si afirmamos que su “postura” de oposición al TLC, no pasa de ser un formalismo destinado a embaucar a las bases? ¿No es, más bien un apoyo sibilino, pero apoyo al fin y al cabo? ¿Acaso la difamamos diciendo que su manifestación no contiene ni por asomo un llamado a combatir el desafuero y, por ende, ningún plan detallado de lucha? ¿La injuriamos afirmando que su documentillo no es más que un sartal de complacencias con el peor atentado contra la soberanía económica y política de Colombia? ¿O la denigramos asegurando que sus lamentos persiguen que se les permita recoger los mendrugos que caigan del banquete en que los magnates gringos se merendarán a Colombia?

Tampoco nos equivocamos al afirmar que la cúpula sindical actúa en todo de acuerdo con la dirigencia política empotrada en el Comité Ejecutivo del PDA. Por si existiera alguna duda veamos lo que acaba de escribir el senador Robledo, el dómine de la facción “radical”: “En el desplante a Álvaro Uribe [la negativa del Congreso yanqui a discutir el tratado] contaron los asesinatos, desapariciones y persecuciones a los sindicalistas colombianos, así como los pleitos de la política interna estadounidense.” Es innegable que el senador, con no disimulados propósitos de recibir cobijo bajo una de las dos alas del águila imperial, pretende hacer pasar por legítima la farsa montada por los demócratas sobre que la negativa a aprobar el tratado obedecía a razones “humanitarias”, cuando en realidad esa reticencia, junto con otros temas como el retiro de las tropas de Irak y Afganistán o el cierre de Guantánamo, eran simples eslóganes electorales para destronar a Bush, tanto, que los verdaderos dueños del poder situados en Wall Street, nunca se los tomaron en serio, y el grueso de ellos apoyó el ascenso de Obama a la oficina oval. Pero el senador es impenitente; así remata su última notícula contra el TLC: “Lo que resta por saberse es si las trasnacionales de Estados Unidos se saldrán con la suya o si, por el contrario, las fuerzas democráticas norteamericanas, que siguen opuestas al TLC con Colombia, mantendrán paralizada su aprobación, por razones de derechos humanos y porque tampoco le sirve al pueblo de ese país.”

Por lo ya dicho solo citaremos lo que el jefe de la bancada polista menciona sobre la CUT, simplemente para confirmar quien fue el redactor de la “postura”: “En defensa de la dignidad de Colombia, tan escandalosamente mancillada en pos de un tratado que les sirve a pocos pero muy poderosos nacionales, salió la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que no picó la carnada de los “avances” en derechos humanos ni de los nuevos condicionamientos norteamericanos.” ¿No picaron la carnada o, más bien, unos y otros, parlamentarios y sindicalistas, se tragaron gustosos el anzuelo?

Que los obreros y los campesinos, los pequeños y medianos industriales y agricultores nacionales, las personalidades democráticas y patrióticas, las bases sindicales y políticas de izquierda, conmovidos por la suerte que le espera a Colombia, se levanten consecuentemente contra designio imperialista y de la gran burguesía encabezada por Santos. Que el proletariado desenmascare y arrume a la cúpula oportunista que regenta sus organizaciones para poder despejar el camino de la lucha.

La segunda parte de este artículo se publicará la próxima semana
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Nota: la traducción de publicaciones extranjeras es del autor.


© Se permite la reproducción de este escrito sin fines de lucro y divulgando el nombre del autor (Alejandro Torres) y la fuente: notasobreras.net

 

Comentarios  

 
# toñito nuñez 20-04-2011 01:27
Unidos con la nueva revolución bolivariana tumbaremos a esos jodidos del imperio colombo norteamericano los invito compañeros a una sola unidad bolivariana.
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Categoría: Estados Unidos