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Durante la Colonia y el siglo XIX fueron muchos los viajeros que relataron los horrores de ascender o descender el camino de herradura que comunicaba la Sabana de Bogotá con Honda, considerado el principal puerto del río Magdalena en el interior. Era la ruta obligada hacia la costa atlántica. A lo intrincado del relieve, se sumaba el clima. Un viajero británico cuenta su descenso por el camino de Honda en 1820:

“...Espantoso, subiendo y bajando siempre por un empedrado áspero, roto por los torrentes violentos de la montaña…Las mulas se mantienen de pie con la mayor dificultad saltando de un promontorio a otro y poniendo al jinete en peligro inminente de desnucarse. Donde el camino no está empedrado, el tráfico constante y la humedad del ambiente forman charcos profundos en los que las bestias se hunden a cada paso hasta la cincha.[1]

“La dificultad del transporte mantuvo separados a los habitantes de las altiplanicies en dos zonas claramente demarcadas. La de la cordillera Oriental, el oriente, formada por sus numerosos flancos, repliegues y valles interiores, incluido el piedemonte que da a los Llanos, y la región Occidental, formada por las cordilleras Central y Occidental, con el valle del río Cauca flanqueado por ambas”.[2]

Durante el período colonial las tres regiones desarrollaron características económicas diferentes. La minería del oro fue el motor en el occidente, y la agricultura, además de atender los mercados locales, también abasteció a los mineros en varias regiones. La minería fue menos importante en el oriente, donde el fuerte eran la agricultura y la producción manufacturera artesanal, parte de la cual se destinaba al occidente, por lo menos hasta mediados del siglo XIX. En la costa atlántica, Cartagena se concentró en la importación de esclavos y el comercio de bienes de consumo, la exportación de oro y el abastecimiento de alimentos y otros productos tanto a las naves que atracaban en su puerto, como a otras regiones del Caribe. [3] Las tres regiones también llegaron a tener características étnicas y culturales distintas. El descenso de la población indígena en la costa atlántica y en las áreas mineras del occidente condujo a su reemplazo por fuerza de trabajo africana. Como resultado, las regiones caribeñas y del occidente quedaron culturalmente influenciadas por el ancestro africano de los esclavos negros y sus descendientes. En las regiones montañosas del oriente, por el contrario, los aborígenes sobrevivieron en mayor número y se introdujeron pocos esclavos africanos. Por consiguiente, en el oriente se conservó una población campesina mestiza con rasgos fisonómicos y culturales de los muiscas precolombinos.

Safford comenta que la Nueva Granada era una colonia pobre si se le compara con México y Perú, que se caracterizaban por ser grandes productores de plata. El comercio interno y externo era bastante pequeño y la agricultura cerealera de las tierras frías sufría la competencia de las harinas importadas. Las producidas localmente, al ser enviadas desde el interior hacia los mercados de la Costa, según lo atestiguan innumerables relatos de la época, enfrentaban enormes dificultades en el transporte a Cartagena. Los caminos eran intransitables en la temporada lluviosa, y muchos dueños de recuas de mulas se mostraban temerosos de arriesgar la vida de sus jumentos por esos azarosos senderos. De este modo resultaba costoso, sin calidad garantizada e insuficiente el suministro de harina del interior. Cada vez se hacía más evidente la necesidad de mejorar el transporte terrestre, hacer mantenimiento de los caminos de herradura; era esencial para el desarrollo. Por ello, desde finales del siglo XVIII, los criollos manifestaron su deseo de que se abrieran nuevas vías y se impulsaran diversos renglones económicos, sobre todo en lo que tenía que ver con el desarrollo de exportaciones diferentes al oro.

En síntesis, las condiciones sociales y económicas a las que se hará referencia en este texto, explican por qué hizo crisis el sistema colonial español y qué condiciones determinaron el surgimiento de un movimiento anticolonialista que condujo a la independencia definitiva de España y que fue el producto de un proceso que tuvo gestación y maduración en la sociedad colonial. Se expresó en un sentimiento de repudio a la economía colonial, a la decadencia del imperio español, caracterizado por su profundo atraso, al sistema asfixiante de impuestos y las trabas al desarrollo del comercio, la industria, la agricultura. Es necesario resaltar también entre las causas de la inconformidad y el atraso la catástrofe demográfica de nuestra población aborigen, la esclavitud, la tiranía, el oscurantismo de la iglesia católica, la hacienda señorial y feudal. Con motivo del bicentenario es bueno recalcar que gracias a la revolución de independencia nos liberamos de de la metrópoli española, de su casta, virreyes, oidores y demás funcionarios que hacían parte del sistema de dominación económico, político e ideológico. Estudiemos y aprendamos de nuestro proceso de independencia, de los logros y los errores de nuestros héroes.

LA ENCOMIENDA

Luego de la conquista, los colonialistas españoles implantaron el sistema de encomiendas como mecanismo de explotación y sometimiento de la población originaria de América. Fue una institución colonial que entregó tierras e indios a los conquistadores en pago por sus servicios prestados a la Corona. Un número de aborígenes era objeto de control por parte del señor, quien tenía el derecho de percibir el tributo que el rey les imponía a los indígenas. Los encomenderos empleaban esa mano de obra en sus casas, estancias, hatos y por eso los indios aborrecían este tipo de explotación y preferían emigrar buscando tierras dónde labrar, para huir de los tributos excesivos. A través de la encomienda se dio la más desaforada expoliación, saqueo y arbitrariedad. Los indígenas debían proveer a su explotador, además de comida, oro, vestuario, agua, leña, forraje. La dificultad de pagar en oro hizo que los nativos solicitaran que el tributo se conmutara con mantas. También tenían la obligación de hacer a sus encomenderos labranzas de trigo, cebada, maíz. Los indios debían sembrar, beneficiar y coger todas las labranzas y poner los productos en la casa misma del encomendero. Éste estaba obligado a evangelizar a los indios que le fueran encomendados, y la Corona pretendía también que dicha institución estuviera orientada a la creación de poblados.

LA MITA URBANA

La ciudad surgió como un centro de concentración del poder. Los encomenderos que poseían sus recursos en las áreas rurales vieron conveniente habitar en las ciudades. Para la construcción de éstas se utilizó mano de obra predominantemente indígena; la edificación de casas, iglesias, conventos, acequias se efectúo por medio del sistema de alquile o mita urbana. En 1599, los indios afirmaban haber edificado casi íntegramente la ciudad de Tunja, sin haber recibido pago ni premio alguno. Sin embargo, el alquiler se había establecido como un sistema salarial, con un administrador de indios que debía velar él mismo por el pago de los salarios que devengaran los indios[4] .

LA MINERÍA

La producción minera tuvo un peso significativo en la economía neogranadina. España había destinado estos territorios para producir metales preciosos y materias primas. Muchas leyendas coloniales giraban en torno al país Eldorado, pues las cordilleras central y occidental eran ricas en este metal precioso. La minería del oro fue el eje de otras actividades económicas, pues no sólo impulsó e hizo posible el comercio interno y externo, sino también el desarrollo agrícola, ganadero y manufacturero, creando en las zonas mineras un mercado para los productos agrícolas y ganaderos de varias provincias. “La economía del Nuevo Reino de Granada durante el periodo colonial reposó básicamente sobre la producción minera, en especial la de oro. Por lo menos hasta 1870 este metal precioso representó casi el 100% de las exportaciones; sólo en las dos últimas décadas del siglo XVIII, cuando la Corona española hizo un esfuerzo para aumentar y diversificar las ventas externas, se redujo levemente su importancia como elemento dinámico del comercio exterior. Aun entonces, siguió representando el 90% de las exportaciones. El 10% restante la constituían productos agrícolas y pecuarios como el algodón, el cacao, el azúcar, el palo de tinte, la quina y los cueros. La minería del oro fue, pues, el sector inductor de los otros campos del desarrollo económico. El oro no sólo estimuló e hizo posible el comercio interno y externo, sino también el desarrollo agrícola, ganadero y manufacturero, creando en las zonas mineras un mercado para los productos agrícolas y ganaderos de varias provincias y para los lienzos y ropas que se producían en Quito, Pasto y las provincias de Tunja y Socorro. Sin exageración puede decirse que toda la economía del Virreinato estaba vinculada a la producción de oro y que las coyunturas de alza o baja que esta sufría se traducían en depresiones o bonanzas de la economía general.”[5] En el periodo colonial existieron las minas de veta o filón y las de aluvión, cuyo metal estaba contenido en los playones de los ríos. Con el descubrimiento de los placeres y aluviones en el Chocó, que exigían menos tecnología y presentaban mayores facilidades de explotación, se atrajeron capitales de Cauca y Antioquia. La minería neogranadina tuvo bastantes obstáculos: el capital de inversión era escaso, los mineros requerían del aumento de las cuadrillas de esclavos, pues sus quejas hacían referencia a la falta de brazos, y la falta de tecnología apropiada y el desconocimiento acerca de las minas y su laboreo, explican el atraso en el cual eran desarrolladas estas actividades mineras.

LA AGRICULTURA

En la Costa Atlántica la unidad de producción fue la gran hacienda ganadera y agrícola. Algunas estaban dedicadas a la caña de azúcar a la producción de mieles para la fabricación de aguardiente. También se producía maíz, yuca, plátano. En la zona oriental, la sabana producía ganado, papa, trigo y harina de trigo, especialmente para el mercado de Cartagena. Vélez y el Socorro también cultivaban caña para la producción de mieles que se requerían para elaborar aguardiente, panela y azúcar. Producían el algodón necesario para la transformación en lienzos. Cúcuta y Pamplona cultivaban cacao para la exportación. Las provincias de Neiva y Mariquita levantaban ganado que se engordaba en la Sabana de Bogotá, y que se enviaba también a a los distritos mineros de Popayán y Chocó. Algunos historiadores han afirmado que la agricultura neogranadina no tuvo un desarrollo significativo, pues una casi inexistente tecnología, una escasa inversión de capital, las cargas fiscales, el lastimoso estado de los transportes y de las vías de comunicación hacían que la producción agropecuaria no se incentivara.

En cuanto a la tierra primó la gran propiedad y la concentración por parte de hacendados y familias terratenientes. “Las tierras costeras o de los valles interandinos fueron por excelencia regiones de grandes latifundios. En la Costa Atlántica, provincias de Cartagena, Santa Marta y Valledupar, fueron frecuentes las haciendas de diez, veinte y hasta cincuenta mil hectáreas. Según lo registra Hermes Tovar en su estudio sobre las grandes empresas agrícolas del siglo XVIII, tres propietarios, don José Fernando de Mier y Guerra, don Gonzalo José de Hoyos y doña Micaela Lans, poseían 170.000 hectáreas”[6] . En el Cauca y en el valle del Alto Magdalena existían haciendas inmensas, muchas de ellas pertenecientes a la Compañía de Jesús. En las provincias del Socorro, Pasto y Antioquia predominaba la pequeña y mediana propiedad. Jaime Jaramillo Uribe plantea lo siguiente: “La unidad básica de la agricultura neogranadina del siglo XVIII fue la hacienda. La importancia de ésta y del hacendado en la época colonial, sobre todo en sus postrimerías, fue tan considerable –y continuaría siendo así a lo largo de nuestro siglo XIX-, que con buenos fundamentos puede afirmarse que ella constituyó la más importante estructura de la sociedad neogranadina, aunque no de su economía, pues en este campo debía compartir su importancia con los sectores minero y comercial. Con muy pocas excepciones regionales, la hacienda imprimió su sello a las costumbres y valores sociales y fue el soporte del poder político y del prestigio social del hacendado, aunque su función está lejos de suministrar una clave para explicar la totalidad de la historia colombiana, como lo han sostenido algunos autores”.[7]

Hacia la segunda mitad del siglo XVII la población mestiza crecía, llegando a ser casi el 50% del total de la población. Este aumento de los mestizos creó una fuerte presión sobre la tierra, especialmente en la región oriental. Es allí en donde los colonizadores españoles fueron recortando las tierras de los resguardos indígenas con el objeto de liberar tierras para venderlas por remates o darlas en arrendamiento. Los indígenas que habían sido desplazados para saquearles sus tierras hicieron parte del grupo de peones, concertados, aparceros y arrendatarios que se constituían en la mano de obra de las haciendas. Fabio Zambrano, afirma lo siguiente: “El proceso de mestizaje que en el siglo XVIII cambia la composición étnica de la población colonial permite que la hacienda recurra a nuevas formas de contratación de la fuerza de trabajo, diferentes a la indígena o a la esclava. Por este motivo es que al poco tiempo de desaparecer la mita minera, desaparece también la mita agraria, empezando a surgir el arrendatario y a aparecer el peonaje agrícola como forma de trabajo libre”.[8]

LAS CARGAS IMPOSITIVAS Y LOS MONOPOLIOS

El sistema fiscal del Virreinato estaba conformado por una serie de impuestos indirectos y monopolios fiscales como los de aguardientes, tabaco, sal, naipes, pólvora, que cumplieron el peor de los papeles al restringir las actividades de los comerciantes y agricultores que podían invertir en todo el proceso de siembra, producción y mercadeo. Estas pesadas cargas fiscales estaban destinadas a mantener una burocracia ineficiente y a pagar gastos militares que demandaban las guerras de España contra Inglaterra. Los diezmos gravaban la producción agropecuaria y estaban destinados al sostenimiento de la Iglesia. La renta de aduanas conformada por una serie de impuestos que pesaban sobre el comercio de importación, como el almojarifazgo, la avería, la alcabala de mar. El quinto en el sector de la minería (o requinto del rey). Por este medio la quinta parte de la producción minera iba a las arcas reales.

En el cultivo y comercio interior del tabaco, en el proceso de destilería y comercio de aguardiente y en el de la producción y comercialización de la sal se puede observar una nota común, cual era, la monopolización estatal de las operaciones productivas y comerciales sostenidas con productos cuyo consumo en el reino garantizaba el más amplio grado de circulación. Al arrogarse el Estado una posición de exclusividad en los procesos y transacciones con esos artículos eliminaban la competencia proveniente de cualquier sector social y, aprovechando esta circunstancia, podía imponer al público consumidor precios elevados. El Estado escogió campos de monopolización en donde los costos de producción fueran mínimos. Por tanto, se lucraba de la diferencia existente entre los costos de producción y los elevados precios de venta.

LA MITA

Fue una institución económica creada por la corona española durante la colonia. Mediante mita se obligaba a un grupo indígena a realizar un trabajo por un tiempo determinado (entre 15 días y 10 meses) a cambio de un salario. Ella contribuyó de manera importante al proceso de desintegración de las comunidades indígenas; existían 7 clases de mita:

  • La mita minera: para el trabajo en las minas durante 10 meses
  • La mita agraria: para labores de campo, para el trabajo en las haciendas, duraba entre 3 y 4 meses y se le conoció también como concierto agrario.
  • La mita de obrajes: para el trabajo en las fábricas o tejidos y paños
  • La mita de servicio doméstico: realizada por mujeres en casas de españoles y criollos
  • La mita de boga para el transporte por el río magdalena
  • La mita de acarreo para el transporte de mercancías y productos agrícolas
  • La mita de obras públicas para la construcción de ciudades, puentes y reparación de caminos.

Otros impuestos que se convertían en cargas pesadas para los comerciantes y para la población en general fueron los siguientes:

  • Consulado o Avería: Cobrado a todos los bienes que llegaran por mar, se destinaba a la reparación de los barcos mercantes.
  • Alcabala: Cobrado para impedir la competencia de los productos americanos a los españoles. Se cargaba a todos los bienes muebles e inmuebles, semovientes, frutos de la tierra y actividades de mantenimiento común o exportación.
  • Diezmo: El más costoso e inútil de todos. Se dedicaba al sostenimiento de la iglesia católica y gravaba los productos agrícolas.
  • Quinto: Llamado también "requinto del Rey". Gravaba la producción minera con el 20% del producido.
  • Tributo Indio: pagado en trabajo; Se popularizó en la Encomienda y su producido se dedicaba al pago de la burocracia real.
  • Anata, Media Anata y Mesada: Gravaba los sueldos anuales, semestrales y mensuales.
  • Alcabala de Mar: Se cobraba a la entrada y salida de los puertos.
  • Almojarifazgo: Se cobraba sobre los géneros y frutos de exportación o importación.

La alcabala era un impuesto indirecto sobre la circulación y el consumo de mercancías (un impuesto sobre las ventas), y en ocasiones, gravaba también el comercio internacional, mientras los diezmos gravaron la agricultura y tenían carácter eclesiástico.

LA ESTRUCTURA SOCIAL COLONIAL

En la estructura social colonial se identifican los siguientes grupos: el grupo de los españoles, cuyas características esenciales eran las de su condición de propietarios de grandes haciendas, dominaban el comercio y tenían bajo su control los altos cargos de la administración, el ejército y la Iglesia. Los puestos más altos de la administración pública eran desempeñados por peninsulares. Todos los virreyes de la Nueva Granada nacieron en España, así como la mayor parte de los oidores de la Real Audiencia.

LOS INDÍGENAS

El grupo indígena se dedicaba al peonazgo en las haciendas, el laboreo en las minas o al trabajo en los talleres, lo mismo que a las faenas de la arriería, la apertura y conservación de los caminos, la construcción y mantenimiento de las iglesias, los puentes y otras obras, el transporte de carga y de personas, como se decía por entonces “a lomo de indio”. Desde el principio de la Encomienda, los aborígenes quedaron como propiedad personal del patrón y su descenso demográfico fue significativo. Con la población indígena ocurrió lo que se ha denominado como la catástrofe demográfica, propiciada por muchos factores. El descubrimiento de minas de oro en Pamplona y luego de Plata en Mariquita hizo que los aborígenes se vieran separados de su comunidad de origen para trabajar en las minas, en hatos y estancias y en la casa de sus amos. Luego, hacia el año de 1558 sufrieron la epidemia de viruelas, a causa de la cual murieron más de 15 mil. No sólo las enfermedades infecciosas los diezmaron. A comienzos del siglo XVII, el número de mujeres que trabajaban en las casas de los españoles era considerable, dificultando las uniones y procreación, lo que ocasionaba una merma poblacional.

En síntesis, las causas que produjeron el descenso de la población indígena en el Nuevo Reino de Granada fueron: acciones bélicas del período de conquista, dureza del régimen del trabajo en minas, obrajes y haciendas, nuevas enfermedades traídas por el conquistador ( viruela, gripe, sarampión, tifo), desorganización de las tradicionales formas de cultura y vida social; inseguridad alimentaria. Finalmente, la introducción de formas nuevas de cultura y nuevas relaciones sociales, se tradujeron en disolución de familias y tribus, apatía por la reproducción y dificultad del contacto sexual, con sus consecuencias negativas que condujeron a casi a la aniquilación como etnia.

La catástrofe demográfica de la Nueva Granada está ampliamente corroborada por muchas fuentes. “Pacheco y Cárdenas reportaba que en las zonas mineras habían en 1540 más de 331.000 familias indígenas y que cuarenta años más tarde no quedaban 29.900. Para la provincia minera de Pamplona la población se redujo entre 1560 y 1640 en un 86%, mientras que para Popayán y Pasto los indios registrados por las visitas pasaron de 31.000 en 1558 a 10.000, cincuenta años más tarde.”[9]

Se ha venido planteando que tanto la economía como la sociedad neogranadinas reposaban entonces sobre el trabajo de la población indígena.

LOS ESCLAVOS

Como producto de la escasez de población nativa utilizada como mano de obra, hubo la necesidad de traer esclavos negros, cuya importación en escala considerable se inició en el siglo XVII, con el usufructo intenso de minas y haciendas, y cuando la cantidad indígenas había disminuido notablemente. Las normas impartidas para los esclavos eran discriminatorias en extremo, de carácter penal y de una inmensa dureza. Se les prohibía comerciar unos con otros, se establecían penas que iban desde azotes a desorejada y muerte. En cuanto a las relaciones con los indios, se les prohibía todo comercio, relaciones de amistad, compadrazgo, y todo tipo de interacción social. El negro esclavo cumplió una función económica esencial para la producción de miel, azúcares y panela, la ganadería, el trabajo doméstico y, especialmente, en la actividad minera.

La introducción de esclavos negros comenzó en la Nueva Granada desde los primeros años de la Conquista. En las capitulaciones firmadas por la Corona con Pedro Fernández de Lugo, se le autoriza para traerlos a la provincia de Santa Marta.

En el año de 1592, “el licenciado Francisco de Anuncibay se dirigía al Consejo del Rey pidiendo la introducción de 2.000 negros esclavos para el trabajo en las minas del Cauca y anotaba que la gobernación era muy rica en oro si hubiese brazos que las manejasen. Pero los indios se acaban cada vez más, de manera que en doce o cien lenguas no hay doce o catorce mil indios y éstos están en Popayán, Cali y Pasto, y tiene Pasto los ocho mil por gozar de tierra fría, de manera que Cartago, Arma, Anserma, Caramanta, Buga, Agreda y Madrigal, son muy faltos de indios y se va la tierra a acabar a más andar porque ya se trata de despoblar a Madrigal y no tiene seis moradores y muy breve hará lo mismo a Agreda y Buga, porque ya en lo de Timaná y La Plata se han despoblado otras dos colonias”.[10]

Por cierto que el licenciado Anunciabay dio normas muy precisas sobre la organización social que debía darse a estas colonias de negros y citó como fuente de sus ideas la Utopía de Tomás Moro. Los negros deben introducirse de Guinea, cristianizarse y agruparse en colonias de no más de trescientos , sin comunicación entre sí: “Se les ha de prohibir el comerciar unos con otros, el que el Tomás Moro escribió en su Utopía admirablemente de donde pude yo sacar este concepto, porque de la comunicación hay peligro y confusión de los casamientos y será mejor que se casen cada cuadrilla entre sí- (…) Los pueblos se poblarán en sitios sanos y cuanto fuere posible sin mosquitos y junto al río que al negro le es salud y limpieza y gran sustento si tiene pescado, (…) Luego se extiende sobre otras normas de organización social. Se regularán las penas, que irán desde azotes a desorejada y pena de muerte, caso este último en que el dueño será indemnizado con doscientos pesos. Se les darán alguaciles “de ellos mismos”, podrán ser libres si son libertados por sus amos, pero no podrán abandonar las minas y emigrar a otras partes, y en cuanto a relaciones con los indios se les prohibirá (…) todo comercio, ni compadrazgo, ni borrachera, ni confraternidad juntos (…)[11]


El siglo en que la institución de la esclavitud y la importancia de la población negra llegaron a su punto máximo, fue el XVIII. Los aspectos más importantes de la economía, como la producción de miel, azúcares y panela, la ganadería, los oficios artesanales y el trabajo doméstico, y sobre todo las minas de provincias como el Cauca, Antioquia, la Costa Atlántica y ciertas regiones del oriente colombiano, se basaban en el trabajo de la población negra esclava. La porción más considerable de la riqueza privada estaba ya representada en la propiedad de esclavos, dado que el desarrollo de la técnica de producción era rudimentaria y el factor más importante, y más escaso, era la mano de obra.

La población negra esclava estaba localizada sobre todo en las provincias que hoy constituyen el llamado occidente colombiano, especialmente en los departamentos de Cauca, Antioquia, Chocó y Bolívar, Popayán, Cali, el norte del departamento de Antioquia y la Costa Atlántica, por excelencia las regiones colombianas de la esclavitud y los núcleos sociales donde ésta y el elemento negro dejaron más honda huella en la sociedad y en la conducta y carácter de sus habitantes.

Jaime Jaramillo Uribe relata cómo en numerosos procesos se evidenció la mala alimentación que recibían los esclavos y “la dureza de las condiciones de trabajo, aun a comienzos del siglo XIX. En abril de 1809, el Síndico Procurador de Esclavos se dirige al Virrey en solicitud de protección para un esclavo con varios hijos, de propiedad del convento hospital de Cali, (…) que solo recibe para mantenerse un real de plátanos y dos de carne para cada semana, sin dejarle libertad el sábado para que trabaje a su beneficio, como se acostumbra en aquellos países con los jornaleros. (…) En 1754, Diego de Tavares se dirigía al Virrey Solís para exponerle las ventajas que tenía la importación de esclavos negros para el trabajo en las fortificaciones de Cartagena. Decía este funcionario que al esclavo solo debía suministrársele un real y medio para su manutención, mientras a un trabajador libre era necesario darle 4 reales”[12]

Los Mestizos

El grupo mestizo se conformaba por aquellos mezclados de español con indio o negro (mulatos, zambos, pardos). El mestizaje se produjo con cierta celeridad y fue facilitado por la rapidez con que fue destruida o dominada la población indígena, fenómeno que se manifestó en las lenguas indígenas, que prácticamente desaparecieron en la región central del territorio, la población aborigen subsistente hablaba el español y practicaba la religión católica. Al finalizar el siglo XVIII el proceso de mestizaje era intenso

“Desde el punto de vista del mestizaje es muy elocuente el cuadro que presenta Francisco Silvestre basándose probablemente en el más completo censo de la época, el de 1778. En las 558 ciudades, villas, pueblos, sitios y parroquias que componían entonces la jurisdicción de la Nueva Granada, excluyendo otras dependencias del Virreinato, en una población aproximada de 826.550 habitantes, había 277.068 blancos, 368.093 libres- que el lenguaje de la época quería decir mestizos, 136.753 indígenas y 44.636 esclavos. El grupo blanco y mestizo representaba, pues, cerca del 80% de la población, el indígena el 15% y el negro esclavo el 5%. La mayor parte de la masa indígena estaba concentrada en tres sitios, a saber, Santa Fe, Tunja y Cauca”[13] .

Los funcionarios del gobierno colonial no tuvieron buena opinión del mestizo. Generalmente era calificado en los documentos oficiales de vagabundo, inestable y hacedor de agravios, especialmente contra los indios. Francisco Antonio Moreno y Escandón, Fiscal de la Real Audiencia se expresaba en estos términos en 1758:

“Pues siendo la naturaleza del indio inclinada a la ociosidad y vicios que de ella misma dimanan, unida con la de los mestizos, que son reputados por de costumbres depravadas y perversas, vienen a tal estado que son casi innumerables los excesos en que se derraman así indios como mestizos; y aunque esas dos clases diversas muestran algún género de aversión la una a la otra, sin embargo la diaria experiencia me enseña que los indios se casan con mestizas y los mestizos con indias y vese aquí otro conducto de donde esta nación se ha ido agotando”.[14]

Desde comienzos del siglo XVII, cuando la población mestiza adquirió cierto desarrollo, los conflictos con este grupo se multiplicaron y los términos mestizo, mulato, zambo, se convirtieron en peyorativos, verdaderas ofensas al honor de quienes se consideran blancos descendientes de españoles o criollos, hasta el punto de ser aceptados por la jurisprudencia como capaces en ciertas circunstancias de dañar la fama pública de las personas y, por lo tanto, suministrar base para configurar el delito de difamación. La crónica judicial del siglo XVIII está llena de testimonios sobre este aspecto de la vida social del Nuevo Reino, lo que demuestra que fue en este siglo cuando el proceso de diferenciación llegó a su máximo desarrollo.

Los conflictos de mestizos, tildados de inestables, buscarruidos, gente de vida irregular y malas costumbres, se suceden sin cesar. A comienzos del siglo XVII, en el año de 1623, el gobernador de la provincia de Pamplona se dirige al arzobispo del Nuevo Reino, don Fernando Arias Ugarte, solicitando la prohibición de hacer más de una fiesta de santos cada año, pues los indígenas hacen varias y éstas son un motivo para que “se presenten grandes borracheras y excesos de toda clase, especialmente por parte de los mestizos y mestizas que viven alertas y de fiesta en fiesta”.

Los criollos

En la estructura social del Nuevo Reino en los finales de la Colonia aparece, en el estamento superior, el criollo o español americano. Es el hijo directo del español peninsular y sin ninguna mezcla con otra raza; pero con el atributo, para unos, o pecado para otros, de haber nacido en América: mancebo de la tierra, o manchado de la tierra. Es una distinción fundamentalmente geográfica, basada en las circunstancias de haber nacido en las Indias; hecho negativo que lo subordinaba respecto de sus padres, los nacidos de la Península, o “chapetones”.

Esta escisión entre chapetones y criollos se manifiesta desde el siglo XVI, cuando se habló de blancos procedentes de la Madre Patria, puros y sin mancha; y de blancos nacidos en las Indias, con el pecado original de haber nacido en esta tierra, inferior a la europea. Los criollos se consideraron hijos de los descubridores y primeros pobladores de los dominios de América y defendieron sus derechos para ser preferidos ante los peninsulares recién venidos e involucrados en la burocracia colonial; o sea, contra los nuevos ricos que obtenían sus riquezas en las Indias y anhelaban regresar a la metrópoli para disfrutarlas.

Los criollos fueron fomentando un espíritu de rebeldía contra “el mal gobierno” de las autoridades coloniales. Es la proyección del descontento contra las disposiciones reales lesivas a sus intereses y contra las actitudes represivas de los burócratas coloniales.

Por lo general eran propietarios de grandes haciendas y minas y residían en los pueblos o aldeas. Desempeñaban un débil papel en la administración, en condición de subordinados. “Aunque por lo general a los criollos no se les permitía ocupar altos cargos políticos, algunos miembros de la elite neogranadina alcanzaron prestigio como administradores de rentas o funcionarios del tesoro, o como abogados litigantes ante la Audiencia. Algunos también llegaron a ser corregidores o asesores gubernamentales”[15] . Para la población criolla la ruta para acceder a altos cargos era el estudio del derecho. Se formaban por lo general en los colegios de Santa Fe, el San Bartolomé y el de Nuestra Señora del Rosario, como manera de hacer parte de la burocracia política y, por ende, ascender socialmente. Para ingresar en la educación superior debían probar su pureza de sangre, es decir, carecer de ancestros indios o africanos. “La presencia de un mayor número de abogados criollos no tuvo un efecto político inmediato, pero en el largo plazo terminó por crear una elite ilustrada en asuntos legales, algunos de cuyos miembros abrigaban resentimientos por el hecho de que los altos cargos gubernamentales se asignaran a menudo a españoles menos instruidos. Varios de estos abogados criollos desempeñarían más adelante papeles cruciales como líderes del movimiento de independencia, cuando se desató la crisis imperial en 1808”.[16]

El interés por el desarrollo de la economía llevó a los virreyes a patrocinar la introducción de las ciencias naturales a través de lo que se llamó la ilustración en la Nueva Granada, cuyo representante más prominente fue José Celestino Mutis, quien llegó a Santa Fe en 1761. Enseñó en el Colegio del Rosario matemáticas y astronomía copernicana, áreas que contenían ideas avanzadas en relación con las nociones tolemaicas. Algunos criollos fueron valorando este tipo de corrientes filosóficas y culparon a los españoles de haber mantenido a los neogranadinos sumidos en el atraso científico. Es así como un grupo de criollos se entusiasmó con el estudio de las nuevas ideas científicas, así como en prestar atención a las aplicaciones prácticas de la ciencia en la producción económica, “era necesario atender un reino lleno de preciosísimas producciones que utilizar, de montes que allanar, de caminos que abrir, de pantanos y minas que desecar, de aguas que dirigir, de metales que depurar”[17] . Con la Expedición Botánica se desarrolló una identificación que estimuló un patriotismo entre la élite criolla y que influiría de manera decisiva en la formación de un pensamiento que conduciría a la revolución de independencia.

Un miembro de la elite de la sociedad colonial, Antonio Nariño, un criollo hijo de un funcionario real español, era adinerado y de mente abierta y tenía una biblioteca de unos 2.000 volúmenes. Muchos tomos de su biblioteca trataban de física, botánica y otros asuntos científicos. Pero sobresalía su ferviente entusiasmo por los filósofos y políticos, muchos de ellos representantes de la Ilustración. Entre sus libros se destacaban obras de Voltaire, Diderot, Mably. En su casa se realizaban tertulias con intelectuales que discutían periódicos extranjeros. Frank Safford escribe lo siguiente: “Nariño también planeaba decorar un estudio que llamaba su santuario de un modo que bien podría llamarse “el kitsch de la Ilustración”. Las paredes estarían consagradas a la Libertad, la Filosofía, la Razón y a Minerva, la diosa del conocimiento y la invención. Cada pared estaría decorada con pinturas de personajes clásicos y modernos, con su correspondiente leyenda. Así, Sócrates y Rousseau representaban “la verdad, la soledad, el desinterés”, y el “estudio del corazón del hombre en todas las naciones”. Plinio y Buffon representaban el estudio de la naturaleza; Tácito y Raynal, el conocimiento de las naciones y los hombres; Jenofonte y Washington, “filósofos intrépidos y guerreros”, y Cicerón, Demóstenes y William Pitt, oradores filósofos, amantes de la Patria. La imagen de Benjamín Franklin tendría la leyenda “Quitó al cielo el rayo de las manos y el cetro a los tiranos”.[18] Fue tal su compenetración con las ideas de la Ilustración que tradujo e imprimió en secreto en su imprenta y dio a conocer la Declaración de los Derechos del Hombre. Según el virrey de la época, la peligrosidad de Nariño se confirmada porque le encontraron entre sus haberes algunos indicios de entusiasmo republicano que incluía un dibujo de un obelisco con la leyenda “Libertas nullo venditur auro” (“La libertad no se vende a ningún precio”).[19] Nariño fue sentenciado a diez años de prisión en África, al exilio perpetuo y a la confiscación de todos sus bienes; sin embargo, al Llegar a Cádiz escapa, luego viaja a Francia, a Inglaterra y termina regresando en secreto a La Nueva Granada a continuar con la causa de la libertad.

Otro criollo notable, Francisco José de Caldas escribía para el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1807-1810), en donde se publicaban estudios geográficos de algunas provincias acerca de las potencialidades de varios cultivos y se hacía énfasis en la privilegiada ubicación geográfica de nuestro territorio, bañado por los océanos Pacífico y Atlántico; condiciones propicias para el progreso económico y el desarrollo del comercio entre Asia y Europa. Con la defensa de las exportaciones agrícolas se anhelaba un liberalismo económico que criticaba la política impositiva de la Corona y los monopolios coloniales que debilitaban las exportaciones.

La visión de Francisco José de Caldas se expresó en El Nuevo Reino de Granada como emporio comercial (diciembre de 1807). Decía:

“La posición geográfica de la Nueva Granada parece que la destina al comercio del universo. Situada bajo la línea a iguales distancias del Méjico y California por el Norte, como del Chile y Patagonia por el Sur, ocupa el centro del nuevo continente. A la derecha tiene las riquezas septentrionales, a la izquierda todas las producciones del Mediodía de la América. Con puertos sobre el Pacífico y puertos sobre el Atlántico, en medio de la inmensa extensión de los mares, lejos de los huracanes y los carámbanos de las extremidades polares de los continentes, puede llevar sus especulaciones mercantiles desde donde nace el sol hasta el ocaso. Mejor situada que Tiro y que Alejandría, puede acumular en su seno los perfumes del Asia, el marfil africano, la industria europea, las pieles del Norte, la ballena del Mediodía, y cuanto produce la superficie de nuestro globo. Ya me parece que esta colonia afortunada recoge con una mano las producciones del hemisferio en que domina la Osa, y con la otra la del opuesto; me parece que se liga con todas las naciones, y que lleva al polo los frutos de la línea, y a la línea las producciones del polo. Convengamos: Nada hay mejor situado en el viejo ni en el nuevo Mundo que la Nueva Granada. No nos deslumbremos por las riquezas de Méjico, ni con la plata del Potosí. Nada tenemos que envidiar a estas regiones tan poderadas…

“La Nueva Granada tiene en su arbitrio mandar sus buques a la China y a la Europa, a la Groenlandia y a Kamtschatka, sin tocar con aquellas puntas borrascosas que tanto retardan el comercio de las naciones. Esta es nuestra situación, y éstas son las relaciones que tenemos con todos los pueblos de la tierra. Volvamos ahora nuestros ojos sobre nosotros mismos, registremos los departamentos de nuestra propia casa, y veamos la disposición interna de esta colonia corresponde al lugar afortunado que ocupa sobre el globo”.

Fuente: “Estado de la Geografía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá, con relación a la economía y el comercio”; por Don Francisco José de Caldas, individuo meritorio de la Expedición Botánica del Reino, y encargado del Observatorio Astronómico de esta capital, Santa Fe, diciembre 8 de 1807, reimpreso en: Francisco José de Caldas, Semanario de la Nueva Granada, París, 1849, pp. 7-8. Citado por Frank Safford, p. 184

Los criollos cultos estaban al tanto de las revoluciones francesa y norteamericana. Hay un hecho externo que influenció de manera importante la revolución de independencia y es la crisis y posterior desmoronamiento de la monarquía española. Carlos IV era percibido como un rey débil y corrupto. En marzo de 1808 más de 100.000 soldados ocupan parte de España, lo que luego produce la renuncia de Carlos IV y el ascenso al poder de su hijo Fernando. Napoleón exige que se le ceda el trono de España, lo que desata una resistencia en España a través de juntas locales.

Las fuertes críticas de los criollos hacia España estaban originadas en su cada vez mayor conciencia de las condiciones en que la metrópoli había mantenido a la América hispana en situación de atraso económico y cultural, en las medidas que condujeron a la obstrucción del comercio, a las medidas de monopolio que habían negado la libertad de industrias. La esclavitud y la tiranía hacia los indígenas. Rechazaban el desprecio de España a los criollos, que les negaba el acceso a los altos cargos.

La Representación del Cabildo de Santa Fe de Camilo Torres escrita en noviembre de 1809 y conocida como el Memorial de Agravios plantea, acerca de la representación, que solo los hispanoamericanos podían representar los intereses hispanoamericanos. Señaló que los gobernadores españoles habían llegado a América con la idea de hacer fortuna y ejercer cargos gubernamentales en España. Luego no tenían un interés real por los problemas americanos.

Los males de las Américas no son para ellos, que no los sienten…Un mal camino se les allana provisionalmente para su tránsito; no lo han de pasar por segunda vez, y así nada les importa que el infeliz labrador, que arrastra sus frutos sobre sus hombros, lo riegue con su sudor o con su sangre. El gobernante español, en fin, ignora los bienes y los males del pueblo que rige…sólo se apresura a atesorar riquezas para transplantarlas al suelo que le vio nacer. Por tanto concluye que sólo el criollo conocía sus intereses y que era necesario crear juntas autónomas en América, iguales a las peninsulares. Todo este proceso revolucionario se caracteriza por una transición de un movimiento que pregonaba una autonomía limitada a la ruptura total con el régimen español.


Notas:


[1] Letters written from Colombia, 1820, p.78, citado por Frank Safford. Colombia País Fragmentado. Sociedad Dividida, p.18. Grupo editorial Norma, 2002.

[2] PALACIOS, Marco, SAFFORD, Frank. Colombia país fragmentado, sociedad dividida, su historia, p.19, edit. Norma

[3] Ibidem, p. 22.

`4] COLMENARES, Germán. La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada. Ensayo de historia social, 1539-1800- TM editores, 1970.

[5] http://www.lablaa.org/blaavirtual/economia/histecon/histecon3a.htm. Capítulo II
La Economía del Virreinato (1740-1810) Jaime Jaramillo Uribe

[8] Zambrano, Fabio. Aspectos de la agricultura colombiana a comienzos del siglo XIX, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Vol 10, pp. 140.

[9] WEST, Robert. La Minería de aluvión en Colombia durante el periodo colonial, p. 75

[10] JARAMILLO URIBE, Jaime. Ensayos de Historia Social. Tomo I. La sociedad neogranadina, p. 9. Tercer Mundo, Ediciones Uniandes, 1989

[11] Op. Cit, p. 10

[12] Op. Cit. P. 50

[13] JARAMILLO URIBE, Jaime. Ensayos de Historia Social. Tomo I, p. 165. La Sociedad neogranadina. Tercer Mundo Editores- Ediciones Uniandes, 1989

[14] Op. Cit, p. 168

[15] PALACIOS, Marco, SAFFORD, Frank. Colombia país fragmentado, sociedad dividida su historia, grupo editorial norma, 2002, página 149.

[16] Ibid, página 150

[17] PALACIOS, Marco, SAFFORD, Frank. Colombia país fragmentado, sociedad dividida, su historia, p. 161

[18] PALACIOS, Marco, SAFFORD, Frank. Colombia país fragmentado, sociedad dividida, su historia, p. 173. Grupo Editorial norma, 2002.

[19] Op. Cit p. 175

Comentarios  

 
-1 # ncsdbf 19-09-2012 20:38
ESTO ES UNA MIERDA
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