Por Patricia García

Los trabajadores de las plantaciones de flores no se salvan de la dramática situación en materia salud, a esto se suma la recarga laboral; los bajos salarios; la negación de otros derechos laborales; la amenaza de lanzar al hambre a quien intente reclamar por algún atropello o mencione la palabra “organización”. Muchas empresas después de descontar del salario las cuotas correspondientes a salud y pensiones, en vez de consignar a los fondos respectivos, se apropian de esos dineros. Los únicos afectados son los afiliados, ya que las EPS no proceden a exigirles a las empresas que cumplan con ese deber, sino que la emprenden contra los pacientes, a quienes les interrumpen los tratamientos. Los perjuicios son enormes, pues la persona puede perder la pensión de jubilación como también la antigüedad en salud.

La prevención en salud si que es un verdadero ejemplo de burla en este sector y el paseo de la muerte es más lento y más doloroso. No son extraños los casos en los que en confabulación con las compañías, las EPS no le dan las citas directamente al cotizante, sino que tiene que ser a través de la empresa a la cual está vinculado; cuando el usuario está de suerte y la administración inhumana gestiona la cita, se la asignan para después de las 5, 6 y hasta las 7 de la noche; situación que se ha convertido en un verdadero calvario para los obreros, sobre todo cuando, como sucede con frecuencia, el paciente es remitido a Bogotá, ciudad que algunos floristeros no conocen bien; además, porque muchos viven en veredas y después de las 8 de la noche no tienen cómo transportarse de regreso a sus viviendas. Las empresas también se han facultado para decidir si cancelan las citas o no; por ejemplo, si el trabajador necesita salir un tiempo antes de la hora de la terminación de la jornada para asistir a la consulta o si se programan horas extras, la firma llama a la E.P.S. y cancela la cita, sin consultar con el afectado.

Las leyes están hechas para violarlas, ya que en numerosos cultivos no les están reconociendo las cuatro horas a las que tienen derecho los trabajadores para ir al médico, se han inventado que el trabajador que se toma este tiempo lo debe pagar quedándose después de la jornada de trabajo sin ser remunerado; en otras floras lo descuentan del salario.

Es claro que todas estas talanqueras son para imposibilitar el “libre y consagrado derecho a la salud”. También lo es que para las empresas de flores la producción está por encima del bienestar de los operarios, quienes no pueden “perder tiempo” atendiendo sus dolencias.

En firmas como Tag Flowers, ubicada en el norte de la Sabana, los patrones no sólo se embolsillan los dineros de las cotizaciones, sino que cuando los trabajadores necesitan el servicio inmediato, los remiten con una carta dirigida a la clínica Santa Carolina, entidad situada en sede de la EPS Coomeva en el municipio de Tocancipá, al doctor Gustavo Roa, sub director de esta clínica, que también tiene contrato en varias compañías de flores como médico de Salud Ocupacional. Esta entidad a su vez atiende al paciente por consulta particular —es de aclarar que en la mayoría de los casos no es a Coomeva a la que están afiliados. De esta manera, los patrones se roban los dineros de las cotizaciones del grueso de la nómina y, como engañifa, prestan una atención degradada a unos pocos casos urgentes.

El otro drama que viven los obreros es la manera como se les obstaculiza el reconocimiento de sus enfermedades profesionales y el desacato de las restricciones médicas. Las EPS imponen largos procesos para que al trabajador se le reconozca la enfermedad profesional, luego en las ARP comienza de nuevo el trámite, en muchos casos la enfermedad es calificada como de origen común con el argumento de que: “la mayor parte de su tiempo se la pasa planchando y barriendo”. Falsedad patente, ya que los trabajadores pasan semanas sin ver a sus hijos, a su familia, porque casi todo tiempo lo ocupan en la labor agobiadora en la empresa. Eso muestra el grado de connivencia de estas entidades con los capitalistas de las flores.

Cuando los asalariados están enfermos son despedidos sin consideración alguna, en muchos casos a pesar de las restricciones médicas, o estando en el proceso para que su enfermedad sea calificada.

Es urgente que el obrerismo floricultor y los demás cotizantes y beneficiarios de la salud se organicen para poner freno a estos abusos.