Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.
Miguel Hernández [1]

Por Isabella Coronado

Hace pocos días los medios de comunicación informaron acerca de la muerte por desnutrición de un bebé de once meses de la etnia Kogui, que habita en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los médicos que lo atendieron manifestaron que el menor presentaba un alto grado de desnutrición. Se sabe además del fallecimiento de 13 niños indígenas también por inanición. Paradójicamente, por estos mismos días el país observó con estupor cómo los productores de leche de Yarumal, Antioquia, botaban miles de litros de leche a los potreros o a los ríos, y reconocían que a diario arrojan cerca de 10.000 litros de este alimento tan esencial para la infancia[2], pues prefieren tirarlo o dárselo a los cerdos, para evitar una caída de los precios que los llevaría a la ruina, a causa de la saturación del mercado.

Los campesinos y ganaderos se quejan de que los procesadores de lácteos empujan los precios a la baja mediante las importaciones y de que suspenden la compra en períodos de gran abastecimiento, es decir, cuando las temporadas lluviosas han permitido una producción alta. En últimas, las beneficiadas de este proceder tan criminal son unas cuantas empresas multinacionales que adquieren el líquido a precios irrisorios y tienen en aprietos no solamente a los pequeños y medianos productores del insumo sino también a los procesadores no monopolistas.

El ministro de Agricultura, Andrés Fernández, reconoció que hay alrededor de 25.000 toneladas de leche en polvo que están en bodegas, que no han podido ser vendidas, y unas 15.000 toneladas de leche UHT larga vida que siguen almacenadas[3]; mientras crecen las importaciones. En vez de tomar medidas para resolver la hambruna, el gobierno de Uribe se ha dedicado a favorecer a los oligopolios de los lácteos. El año pasado, alegando razones sanitarias, quiso prohibir la actividad de los cruderos y ahora trata de imponer una merma de $25 por litro de leche a los finqueros, en beneficio de la gran industria, pues los precios al consumidor no se reducirán.

El gobernador del Magdalena y otros funcionarios han tratado de desmentir las informaciones sobre los decesos en la Sierra Nevada, pero la realidad es abrumadora, pues no se trata de un hecho aislado: el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia-UNICEF[4] ha dicho recientemente que cerca de 5 mil niños mueren al año en Colombia por desnutrición, que  el 12 por ciento de la población infantil presenta desnutrición crónica, y que quienes la padecen, si no mueren, verán afectada su formación cerebral  y no estarán  en capacidad de desarrollarse a plenitud.

Mientras la leche se arroja a los ríos y los niños mueren de hambre, el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 le da toda la importancia a la consolidación de la política de seguridad democrática[5], a la adquisición de helicópteros y de aviones para el transporte de tropas y la re potenciación de las fragatas con misiles. Para ello el Plan Plurianual de Inversiones destinó recursos por $13 billones de pesos. La tragedia social que vive el país tampoco ha sido  obstáculo para que Uribe siga posando de Mesías y haciendo uso del erario para comprar congresistas con desayunos, notarías, malgastar sumas ingentes en los paseos que denomina consejos comunitarios. Por su parte, la Directora del Instituto Colombiano de  Bienestar Familiar, siempre tan sonriente junto a Uribe en tales eventos, en vez de hacer algo por la niñez, trata en vano de desvirtuar las cifras de UNICEF. De este forma muestran cuan indolentes son ante la penuria del pueblo, a la cual sólo se refieren cuando buscan engatusarlo.

Es la ley brutal del capitalismo: la más espantosa miseria hace presa de las masas en tanto que la riqueza se atesora. El llamado sistema de la iniciativa privada, alabado como el reino de la libertad, les aplica la pena de muerte a  miles de niños cada año; a otros los condena a una vida de incapacidad. Esto no será siempre así, pues los humillados y todos los que no hacen parte del ínfimo grupo de multimillonarios habrán de alzarse contra este estado de cosas y construir una nueva sociedad en la cual la leche, en vez de ir a las alcantarillas o acapararse en las bodegas, alimente a los niños, sean ellos del Chocó o de la Sierra Nevada, de Bogotá o de la Costa Atlántica o Pacífica; negros, indígenas, blancos o mestizos.


[1] Hernández, Miguel. El Niño Yuntero

[2] http://www.caracoltv.com/yarumal/video145064-campesinos-de-yarumal-afirman-a-diario-botan-10000-litros-de-leche

[3] http://www.caracoltv.com/noticias/economia/articulo139939-productores-recibiran-25-pesos-menos-cada-litro-de-leche

[4] http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=818892

[5] Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010. Estado Comunitario: Desarrollo para Todos. DNP


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