Fiscal de marca mayor. Caricatura de Matador en El Tiempo

Hoy toma posesión del cargo de Fiscal General de la Nación Néstor Humberto Martínez Neira, “un hombre confiable”, según lo calificó el senador Roy Barreras, del partido de la U., el día que el Senado lo condecoró con la Gran Cruz del Congreso. La misma valoración hacen de él todos los poderosos, desde las empresas multinacionales que se han beneficiado no tanto de sus luces jurídicas cuanto de sus bien cultivadas relaciones del más alto nivel, hasta los conglomerados nacionales, que lo cuentan entre los suyos.

Desde hace tiempo era un secreto a voces que el hijo de Don Salustiano Tapias * sería ungido como el rector de la poderosa entidad para la que laboran cerca de treinta mil personas y que cuenta con un presupuesto billonario. Este “súper amigo” dispondrá, pues, de numerosos cargos bien remunerados para recompensar a quienes le han prohijado su “brillante carrera” y de muy jugosos contratos para sus socios de andanzas políticas y comerciales. Apadríname que yo te apadrinaré parece haber sido la victoriosa divisa del aclamado fiscalizador que bien merecería ser fiscalizado.

Se sabía incluso antes de que el cargo entrara en feria quién sería su ocupante. Pero claro, había que cumplir las formalidades de ley. Además, el presidente Santos es un demócrata-meritocrático-transparente. Decidió, entonces, revestir la selección con los oropeles de la igualdad de oportunidades y demás pamplinas, para lo cual hizo una convocatoria pública, ardid en el que entrampó a 155 juristas. De ellos, para agregar suspenso, el Ejecutivo seleccionó a 16. Finalmente, quizás desternillándose de la risa, anunció la terna: Yesid Reyes, exministro de Justicia de Santos y candidato del Partido Liberal; Mónica Cifuentes, porque había que llenar la cuota femenina, y el seguro ganador: Néstor Humberto Martínez,  el protegido de Vargas Lleras y del Grupo Aval, el preferido de Santos y de Uribe. Por él, Santos tuvo que sacrificar a la súper ministra Lorena Gutiérrez, a quien las almendras palaciegas habían hecho popular.

La Corte Suprema de Justicia hizo lo propio para ponerle misterio a la escogencia. Simuló prestar toda la atención a las exposiciones de los ternados, preguntó doctamente sobre diversos aspectos, votó varias veces sin que saliera humo blanco, y, entretanto —en medio de opíparos desayunos y cenas suculentas, que incluyeron platos típicos, como el tamal con chocolate, y manjares de la gastronomía internacional, como los langostinos bañados en whisky fue a la nuez de toda subasta: ¿Quién da más? Ya habrá tiempo para enterarse de los cruces de cargos y contratos entre magistrados, o sus familiares y validos, y el nuevo Fiscal.

Las habilidades de Martínez Neira son indiscutibles, a tal punto de que hay casi unanimidad en calificarlo como un hombre brillante. Y lo es: desde muy niño tuvo claridad sobre qué quería hacer en la vida. Como estudiaba en el Colegio San Bartolomé, con frecuencia trepaba —desde entonces trepar ha sido su obsesión— las gradas del capitolio; corría al salón Elíptico, irrumpía en las sesiones de la Comisión Primera, y escuchaba con avidez los discursos. En muchas ocasiones dialogaba con senadores y representantes, como Julio César Turbay Ayala. Así pues, al tiempo que adelantaba sus estudios secundarios, asistía a la escuela colombiana de posgrados en la marrullería y el clientelismo: el Parlamento. Sin embargo, su especialidad llegó a ser el tráfico de influencias.

No bien graduado en Derecho en la Universidad Javeriana, ayudado por el prestigio de su padre en la televisión, empezó a abrirse camino en el mundo de las finanzas. En los años ochentas se desempeñó como superintendente delegado de la Supersociedades, de allí saltó a la Vicepresidencia Jurídica de la Cámara de Comercio de Bogotá; luego, logró que se le designara superintendente delegado para las Instituciones Financieras; Virgilio Barco lo ascendió a Superintendente Bancario, empleo en el que permaneció por tres años. Continuó su carrera en la Comisión de Organismos de Supervisión Bancaria de América Latina y el Caribe, en la Junta Directiva del Banco de la República y en el Banco Interamericano de Desarrollo. 

El doctor Martínez no perdía el tiempo: pronto se convirtió en el hombre de confiar, en el súper amigo de los socios de las entidades privadas “supervisadas”, “vigiladas”, “reguladas” por sus cargos. Se hizo abogado de la familia Gilinski. Más tarde, su firma, Martínez Neira, asesoró varias fusiones y compras bancarias: la del Banco Colpatria con Corpavi, la del Banco de Bogotá con Megabanco y la del Banco Superior y Davivienda. Llegó a ser el consejero jurídico de cabecera de Luis Carlos Sarmiento Angulo, al punto de que ganó el apelativo de “el hombre de Sarmiento”. Asesoró al conglomerado de este en la compra del diario El Tiempo al Grupo Planeta, en el trámite para que el Grupo Aval pudiera negociar en la Bolsa de Nueva York y en la compra de Promigas. Sarmiento, en premio a sus servicios, lo nombró miembro de la Junta Directiva de la Casa Editorial El Tiempo. 

En 2013 redactó, para el primer gobierno de Santos, un proyecto de ley de baldíos que legalizaba la apropiación de esta clase de terrenos por parte de un grupo de magnates, pisoteando las limitaciones atinentes a la Unidad Agrícola Familiar y a la exclusividad en favor de los campesinos para usufructuar los baldíos de la nación. Entre los favorecidos por el proyecto de Martínez estaban multinacionales y oligopolios colombianos como Cargill, Grupo Mónica Semillas, Riopaila, Luis Carlos Sarmiento Angulo-Corficolombiana, Helm Trust S.A., La Fazenda, Carlos Aguel Kafruni, Aceites Manuelita y Poligrow, que habían acaparado 173 mil hectáreas de baldíos en Meta, Casanare y Vichada. Cuando renunció al Ministerio de la Presidencia, se hizo vocero jurídico de los oligopolios del azúcar. Siempre ha alternado el desempeño en los puestos oficiales con el ejercicio de litigante de las grandes corporaciones. Entiende que los empleos oficiales no son cosa distinta que la promoción de los negocios privados desde otras oficinas. 

Su firma les ha prestado servicios a Caracol y RCN; a Carbones Colombianos del Cerrejón y a Chevron, a Goldman Sachs (oro) y al Grupo Aval, al Grupo Poma y al Grupo Santo Domingo, a Hoteles Estelar (Aval) y a los ingenios Cauca, Pichichí, Providencia, San Carlos; a Leonisa y a Mafre Compañía de Seguros, a Medoro Natural Resources (Marmato) y MF Global,  a la Organización Ardila Lülle y a Seguros Alfa (Aval), a Ventana Gold y a Pacific Rubiales, a la cual representó en un pleito contra Ecopetrol. Casos como el último han sido comunes. El Fiscal ha dejado alguna responsabilidad en el Estado para salir a defender los intereses de cualquier gran firma que litiga contra la Nación o contra una de sus entidades. O, como su oficina privada no se ha cerrado en ningún momento, él puede fungir como funcionario mientras que su empresa adelanta acciones en detrimento del erario. Con harta razón, cuando se le preguntó por sus inhabilidades para asumir el nuevo cargo, dijo que no habría tales: el asunto para él no consiste en inhabilitarse ni en inhibirse, sino, todo lo contrario, en habilitarse para exprimirle todo el jugo a su nueva posición.

Martínez también se ha destacado por ejecutar toda clase de piruetas políticas para propulsar su carrera. En el año de 1994 fue ministro de Justicia del gobierno de Ernesto Samper, cartera en la que impulsó las distintas reformas que ordenó Myles Frechette, embajador de Estados Unidos en Colombia, y el más burdamente entrometido de los funcionarios gringos en nuestro país. Después de dejar este cargo, Martínez Neira fue nombrado por el mismo gobierno embajador en Francia, posición a la que renunció en 1997 para pasarse velozmente de las filas del samperismo a las del enemigo jurado de este, el pastranismo. Se unió al exfiscal Alfonso Valdivieso —verdadera marioneta de Frechette, y quien había atacado con acrimonia a Samper— para fundar con otro grupo de conspiretas** neoliberales la Alianza por el Cambio, que luego se denominaría Cambio Radical. Martínez hizo parte del Comité Ideológico de esta agrupación, cosa que suena a broma porque ¿qué ideas podía aportar semejante saltimbanqui político? Además, el nuevo partido tampoco necesitaba ideas, quería puestos. El forzado viraje político le sirvió a Martínez para que Andrés Pastrana lo designara Ministro del Interior, en agosto de 1998.

Desde septiembre de 2014 hasta junio de 2015, se desempeñó como ministro de la Presidencia, posición que le sirvió, entre otras cosas, para granjearse el apoyo de las altas cortes a su aspiración a la Fiscalía General, ofreciéndoles por debajo de cuerda a los presidentes de esas corporaciones poderes que el proyecto de reforma de la Justicia del  gobierno les negaba. También visitó a Uribe, a quien a pesar del duro enfrentamiento que mantenía con el Presidente, colmó de elogios, entre ellos tildarlo de ser todo un patriota, quizá acordándose de que el exmandatario había pretendido atiborrar a Colombia de bases militares de Estados Unidos.

En el año 2015 Martínez Neira Abogados se asoció con DLA Piper LLP, de los Estados Unidos, una de las firmas jurídicas más poderosas del mundo, con 29 oficinas en esa nación y 63 alrededor del mundo. Sus negocios anuales, ya en 2012, alcanzaron la suma  de más de dos mil cuatrocientos cuarenta millones de dólares. A partir de hoy, DLA Piper y sus clientes contarán en Colombia con que su gerente en la sombra es, a la vez, la cabeza de la Fiscalía General de la Nación, lo que les augura muchos éxitos en sus litigios en el país, sea contra el erario o contra otros rivales.

El nuevo jefe del ente acusador ha prometido descongestionar la Justicia ya que sus clientes como el grupo AVAL lo han venido exigiendo, por eso propuso en su exposición ante la Corte Suprema de Justicia despenalizar le violencia intrafamiliar, cosa de la que después se retractó ante la indignación manifestada por la opinión pública. De igual manera, ofreció “despolitizar” los procesos contra la oposición, es decir, ver de cerrar los que hay en curso que involucran a Álvaro Uribe, sus familiares y relacionados.  

Hijo del famoso humorista Humberto Martínez Salcedo, Néstor Humberto heredó cierta chispa. El padre la utilizó para criticar a los gobiernos y a los poderosos —tanto que en cuatro ocasiones sus programas fueron censurados—; el hijo, para divertirlos en los ágapes sociales. Néstor Humberto se ha convertido en una especie de bufón del rey de nuestros tiempos, los banqueros y caballeros de industria.

Así ha pasado su vida Martínez Neira: haciendo amigos y socios, tejiendo una tupida red de tráfico de intereses en las distintas ramas del poder público, con los plutócratas y con los personajes políticos de todos los tintes; cambiando de casaca o vistiendo varias a la vez, según acomode a sus apetitos; mezclando y confundiendo lo público con lo privado, siempre en desmedro de lo primero y en beneficio de lo segundo. Ha incurrido en muchas y muy grandes indignidades para ocupar las más altas dignidades del Estado. Su vida es un ejemplo: nos muestra con trazos muy nítidos cuán sórdido es y cómo funciona el sistema político y social de Colombia.

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* Popular personaje de una comedia televisiva, interpretado por Humberto Martínez Salcedo, padre del actual Fiscal.

** Se conoció como conspiretas a un grupo de dirigentes políticos y empresariales que junto con la embajada norteamericana buscaron el derrocamiento del gobierno de Ernesto Samper acusándolo de haber recibido en su campaña electoral millones de dólares del cartel de Cali.