Por Patricia García 

asoindias thumbEl pasado 20 de febrero, un grupo de 27 trabajadores de la empresa Flores de las Indias tomó la determinación de organizarse sindicalmente. El retraso en el pago de tres quincenas fue la gota que colmó su paciencia. En los últimos años los patronos han venido en una escalada de sobrexplotación, recorte de derechos y abusos que han hecho crecer el descontento y encendido la llama de la rebeldía.

La empresa funciona en la finca La Gaitana, ubicada en la vereda Portachuelo, municipio de Zipaquirá, en la vía que de éste conduce a Cajicá. Allí laboran 180 personas, 160 por empresa y 20 temporales al destajo. En la plantación se produce clavel y rosa, que se exporta principalmente a Estados Unidos. Durante 11 años se llamó Flores San Mateo, hasta que en 1998 los propietarios le cambiaron de razón social y modificaron los contratos para hacer perder la antigüedad a los operarios. La “nueva” empresa no les ha respondido nunca por las deudas, dentro de las que se cuentan varios años de cotizaciones para pensión.

Blanca thumbEse fue el caso de Blanca Inés Cely, zipaquireña, con 20 años en la misma empresa. En 2011 cumplió la edad de jubilación, pero al tramitarla se encontró con la desagradable sorpresa de que los patrones habían dejado de cancelar los aportes de varios meses —en total tres años— de su período en San Mateo. Cuando se enteró de que en Las Indias le viene pasando lo mismo, su esperanza de pensionarse se desvaneció por completo.

No contar con ninguna seguridad en salud para ellos y sus familias es algo que indigna profundamente al obrerismo de Las Indias, pues el descuento respectivo sí se lo hacen religiosamente. Por su trabajo Blanca Inés sufre de una discopatía, además, padece de síndrome de túnel del carpo severo en la mano izquierda, del que la operaron con la consecuencia inesperada de que le quedó muerto el nervio mediano; el mismo mal le aqueja en su mano derecha en forma moderada. Blanca sufre también de una enfermedad degenerativa en la columna cuyas dolencias se agudizan por las faenas en el cultivo. Todo esto le exige de cuidados médicos y tratamientos permanentes. Por eso su rostro se endurece cuando menciona que los patrones le dicen cínicamente que vaya a médicos particulares y que les presente las facturas para hacerle el reembolso “¡Con qué vamos a ir al médico si ni siquiera nos pagan la quincena!”, dice con rabia. Asegura que en su casa falta la comida desde que no les cancelan el salario, que es apenas un mínimo, el cual califica como “una humillación para el trabajador y una vergüenza para Colombia”.

En Las Indias se vive una explotación extrema. Los empresarios han establecido la modalidad del trabajo por promedios para las diferentes actividades del cultivo, algo más efectivo que el látigo sobre el lomo de los esclavos. En el corte, la clasificación y el boncheo de la flor, los operarios deben cumplir con un número de tallos por hora, imposible de alcanzar para la mayoría, situación que los supervisores aprovechan para que, por fuera de la jornada y sin remuneración, se completen las cuotas establecidas. Una presión semejante acosa a los cargaflor —quienes en carretas arrastran los tallos— llevándolos desde los bloques a las salas de clasificación, por un camino de aproximadamente un kilómetro, lleno de barro y huecos.

Fanny thumbFanny Villamil Castro es de Sutatausa, Cundinamarca, pero desde hace 19 años vive en Zipaquirá, el mismo tiempo que lleva vinculada a la empresa, desde cuando se llamaba San Mateo. Es una mujer resuelta, que muestra mucho carácter. A ella sus compañeros le encomendaron la presidencia del sindicato. Fanny asegura que mientras en la mayoría de los cultivos les asignan a los operarios la atención de un número de camas que puede estar entre 30 y 40, lo cual ya es extenuante, en las Indias los obligan a atender bloques enteros con entre 200 y 250. Destaca, además, que con la constante reducción de personal aumenta siempre la carga de trabajo.

Lo que sucede con las horas extras también muestra la vileza de los patrones, pues estas se pagan por fuera de la nómina para evitar que tengan incidencia salarial. De remate, con el argumento de la mala situación por la que atraviesa la compañía, han ideado un sistema que llaman “horas compensadas”, consistente en que los empleados trabajan por fuera de la jornada laboral con el compromiso de que cuando éstos necesiten ese tiempo para resolver asuntos personales, la empresa se lo devuelve. En la actualidad hay obreros hasta con 300 horas pendientes de compensación, dado que siempre que van a pedirlas se las niegan con cualquier pretexto y además les alteran la cuenta.

El agua de la plantación es insalubre y maloliente y es la que usan todos los trabajadores para su consumo. Éstos afirman que a los reservorios de donde se toma el líquido se vierten las pozas sépticas y los desagües de los bloques. Lo que hace la empresa es pasar el agua por una supuesta planta de tratamiento en la que se le agrega hipoclorito. Los únicos días en los que la gente recuerda haber tomado agua confiable es cuando hay las visitas para las certificaciones de los sellos de calidad.

Como los cultivos de flores son atacados por colonias de arañas, para erradicarlas se lavan las matas con agua. Los obreros que hacen esta labor desde las 6 de la mañana a las 2:45 de la tarde, son obligados a practicarla sin la dotación adecuada; ataviados con trajes raídos deben permanecer toda la jornada empapados, poniendo en riesgo su salud. Con los fumigadores tampoco se respetan las normas de seguridad que exigen el cambio de los filtros para las caretas cada 120 horas —se hace cada 4 o 5 meses—, no se les proporciona hidratación adecuada ni se les concede el tiempo para baño y el lavado de sus elementos de protección.

Estas razones, brevemente expuestas, y muchas otras, fueron las que llevaron a tejer en secreto la construcción del sindicato.

Francisco thumbFrancisco Antonio Bautista Cholo es un zipaquireño curtido por 36 años de trabajo en la floricultura. En Las Indias lleva cuatro. Antes trabajó en Exotics, RDP, Royal Carnation, Flores de los Andes y Flores de la Sabana. Para Pacho, como le dicen sus compañeros, su larga experiencia en los cultivos ha sido “de explotación y de esclavitud”. La historia que vivió en la empresa Flores de la Sabana fue casi la misma que ahora lo agobia. Francisco Antonio se siente dichoso de poder compartir su experiencia para abrirles los ojos a sus compañeros y mostrarles la forma como actúan los empresarios contra el trabajador. Se alegra también de que el sindicato haya sido “recibido maravillosamente” en Las Indias y que ya tenga cerca de 60 afiliados; espera que pronto estén cobijados todos los de la compañía. Él cree que no es cierto que la empresa esté mal, pues la producción ha sido grande, así como los despachos para la exportación.

Por su parte, Fanny le ha salido al paso a los comentarios de algunas personas que plantean el trillado embeleco montado por Asocolflores de que los sindicatos acaban las empresas. Ella piensa firmemente que la crisis de Las Indias la han inventado los mismos patrones, quienes han lanzado rumores de cerrarla desde antes de que los obreros dieran el paso de organizarse. Sea la que fuere la causa de la crisis, Fanny expresa su rechazo a que los sacrificados sean los proletarios. Muestra, además, un vivo entusiasmo ante las actividades que los aguardan, entre ellas la de darles forma a los reclamos que han de presentarle próximamente a la empresa.