Por Francisco Cabrera

lucha de los obreros petroleros en Puerto GaitánLas zonas que entraron a la extracción petrolera en los últimos años se han convertido en un activo escenario de la lucha obrera. Así lo revelan los hechos recientes de Puerto Gaitán, en donde 1.100 trabajadores enganchados por la multinacional española Cepcolsa, mediante la contratista Montajes J.M., se lanzaron a la huelga el pasado 20 de junio. Los reclamos, que tienen que ver con las extremas condiciones de explotación y las penurias a las que se somete a estos proletarios, recibieron el apoyo de los habitantes del extenso municipio llanero, quienes salieron a las calles planteando, además, sus propias reivindicaciones; el 14 de julio se sumaron al cese cientos de asalariados de la Pacific Rubiales. La situación se caldeó ante el manejo represivo del gobierno y se generaron fuertes enfrentamientos entre los valerosos inconformes y las fuerzas del Ejército y el ESMAD, choques que dejaron un saldo de una docena de heridos.

Puerto Gaitán es la región de mayor producción de petróleo en el país. En los campos de Rubiales y Quifa se producen 250.000 de los 800.000 barriles diarios a nivel nacional. Cuando se inició la extracción de crudo, el municipio tenía sólo 5.000 habitantes y hoy cuenta con 30.000. De la mano de obra sólo una parte muy pequeña es contratada de manera directa, mientras 12.000 asalariados carecen de estabilidad, son sometidos a jornadas de hasta 18 horas diarias, laboran hasta cuarenta días sin recibir la semana de descanso reglamentaria en la industria —en donde se trabajan 21 días y se descansan 7—, a muchos no se les afilia a la seguridad social, a los que se encuentran en período de prueba no les retribuyen su trabajo, los alojamientos son insalubres y la paga es miserable, pues un obrero raso recibe apenas un salario mínimo, equivalente a una cuarta parte de lo que ganan los operarios de nómina.

El sistema de contratistas y la hostilidad de las empresas han impedido la sindicalización de los obreros. No obstante, en los últimos meses muchos se han decidido a presentar sus peticiones y se han lanzado a la lucha para defenderlas. Algunos temporales se han afiliado a la Unión Sindical Obrera, USO. Las exigencias presentadas a Cepcolsa obtuvieron como respuesta que ésta, junto con Montajes J.M. urdieran la aparente terminación del contrato para burlarse del petitorio y despedir a los obreros, lo cual fue la chispa que originó el conflicto actual.

El editorial de El Tiempo del 20 de julio, atribuye un supuesto “mayor espacio” para la sindicalización a “los acuerdos firmados entre Bogotá y Washington, orientados a destrabar el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, pendiente de consideración en el Congreso norteamericano”, cuando en realidad los hechos de Puerto Gaitán lo que muestran es la farsa orquestada por Santos, pues allí lo que ha hecho es alcahuetearles a las compañías la utilización de las distintas modalidades del régimen de contratistas —llámense cooperativas de trabajo asociado, temporales, o como se quiera—, y la negación de la estabilidad laboral, convirtiendo en rey de burlas los derechos de organización y negociación colectiva.

El editorial mencionado también destaca que “En la solución de las controversias, el vicepresidente Angelino Garzón juega un papel clave, pues ha sido su oficina la que ha tratado de acercar a las partes, para que se pongan de acuerdo" y se lamenta porque “el funcionario dio un paso en falso (…) cuando acusó a las empresas petroleras de ‘indolentes’ y sostuvo que ‘es momento que algunas entiendan que no están en una República Bananera’”. Es el libreto oficial para embaucar al movimiento obrero y la lucha popular, que ya le ha servido para que importantes peleas se desmonten en el despacho de Angelino, quien tiene la licencia para decir algunas cosas que lo sigan mostrando como un personaje de izquierda.

En efecto, la CUT y la USO firmaron con Garzón un acuerdo y levantaron el amplio movimiento desatado sobre la base de cuatro promesas que en esencia en nada comprometen a las compañías a resolver el oprobioso régimen impuesto a los proletarios: 1) la realización el 3 de agosto de un “Diálogo Social en Puerto Gaitán, con presencia de todas las autoridades competentes del orden nacional, departamental y municipal, órganos de control, la industria petrolera presente en el municipio, sus fuerzas vivas y los representantes del movimiento sindical. Esta reunión tendrá como fin analizar a profundidad la problemática social, los impactos de la actividad petrolera y encontrar soluciones”; 2) convocar “la Mesa de concertación de política salarial y laboral para tratar los asuntos del sector minero energético”; 3) buscar mecanismos para volver a contratar a los trabajadores a los que Montajes J.M. dejó sin empleo, y 4) no represalias contra quienes participaron en el movimiento de protesta.

Las batallas libradas por los petroleros de Puerto Gaitán hacen parte de una nueva etapa de las luchas obreras en Colombia, en la que el proletariado ha tenido que volver a empezar a remontar la cuesta por la conquista de derechos elementales como el de organización y el de la estabilidad en el empleo, son las que adelantan asalariados de la floricultura, los cañeros y muchas otras en cierne que aflorarán más temprano que tarde.