Por Francisco Cabrera*

El gobierno de Uribe Vélez le ha puesto un cuchillo en la garganta al magisterio colombiano al revivir, mediante proyecto de ley, la eliminación de los regímenes especiales de pensiones, que había sido derrotada en el referendo, y al disponer que maestros y directivos puedan ser trasladados o removidos a discreción de acuerdo con "las necesidades del servicio", según lo estableció el artículo 38 de la Ley 715, aplicado a través de las directivas ministeriales 020 de 2003 y 03 de 2004. La pandilla de tecnócratas del uribismo también le anunció al país que hará una reforma para recortar nuevamente las transferencias para salud y educación. El profesorado está abocado a una pelea decisiva: debe superar todas las dificultades para levantarse y librar la batalla sin la cual no será posible echar abajo las pretensiones oficiales. El Paro Nacional Indefinido aprobado por unanimidad en la Junta Nacional de Fecode del 2 de marzo es la decisión que corresponde a las circunstancias. Ahora, la cuestión es cómo se va a pasar de las palabras a los hechos. Los docentes están obligados a asimilar la experiencia de los últimos años, no sólo de sus propias filas, sino del conjunto del movimiento obrero, si no quieren sufrir otro fracaso y quedar sumidos en la postración.

Arranquemos de la derrota sufrida en la pelea contra el Acto Legislativo 01 de 2001, con el cual el gobierno recortó los gastos en educación y salud para garantizar el pago de la deuda externa, conforme a los dictados del Fondo Monetario Internacional. Pese a la masiva vinculación del estudiantado y padres de familia, en aquella batalla faltó mayor iniciativa y esfuerzo por parte de las organizaciones magisteriales para incorporar a más amplias masas del pueblo, que habrían podido cambiar el curso de los acontecimientos. La mayoría de los dirigentes del magisterio, con el dusanismo a la cabeza, juzgaron que ese fracaso demostraba la ineficacia del paro y la necesidad de cambiar el radicalismo por la concertación. Esta fue la táctica que aplicaron durante el trámite de la Ley 715, que llevó a que el ex presidente de Fecode, Jaime Dussán, y el Comité Ejecutivo de la Federación prestarán su diligente concurso para avalar tan nefasta norma.

Se equivocan quienes pregonan que la concertación reemplaza el desarrollo y ampliación de las fuerzas combativas. Esa táctica pone la suerte de la enseñanza pública en manos del tira y afloja entre un puñado de arribistas y el gobierno, en vez de ocuparse plenamente de movilizar a las masas.

De resultas, se ha disminuido el personal docente, directivo y administrativo, se han aumentado la jornada laboral, la carga académica y la cantidad de alumnos por aula. Para colmo, se ha establecido un régimen disciplinario opresivo que niega cualquier derecho y se han arrasado la estabilidad y el Estatuto Docente. La evaluación de alumnos, maestros e instituciones busca someterlos a la brava a una ideología para perpetuar la esclavitud. Así, cada norma que desarrolla a la 715 hace más insoportables las condiciones laborales de los docentes y empeora la calidad de la educación estatal.

Por más que se afana, el dusanismo no ha podido demostrar los "aspectos positivos" ni los "derechos preservados" con los que justificó su apoyo traicionero a la Ley 715. Por el contrario, la pérdida del Estatuto Docente desnuda cómo funcionan las astucias concertadoras. Dussán explicó que había logrado introducir el artículo 111 en la norma mencionada, en el cual quedó consignado que el nuevo Estatuto sería preparado por un grupo de trabajo del que harían parte dos senadores, dos miembros de Fecode, el Ministro de Educación y dos expertos nombrados por el Presidente. Al cabo de seis meses de reuniones, el Ministerio sorprendió a los avispados directivos con la expedición unilateral del Decreto 1278, en julio de 2002. De esa forma, sin pena ni gloria, se perdió una conquista alcanzada con memorables batallas en la década de los setentas.

Posteriormente, en el actual gobierno, la ministra accedió a recibir a los jefes de Fecode sólo para decirles que la política educativa no era negociable. El dusanismo contestó prestándole sus servicios a Uribe esta vez en compañía de la Unidad Democrática, UD. Los senadores Dussán y Avellaneda tramitaron y votaron el Plan de Desarrollo Hacia un Estado comunitario, la expresión más íntegra de la política pro yanqui en Colombia. Aspirando a recibir la recompensa a su abyección, los directivos de Fecode se dedicaron a implorar vergonzosamente una nueva audiencia. Portada respuesta el régimen expidió en noviembre los decretos 3222 y 3391 sobre concursos y traslados, respectivamente, y la Directiva 020, en diciembre. Los jefes sindicales volvieron a los ademanes de pelea con un llamado a la comunidad educativa para ponerla en "estado de máxima alerta". En la Junta Nacional del 2 y 3 de febrero se aprobaron movilizaciones para el 12 y el 19 y paro de 48 horas para los días 25 y 26 del mismo mes. El 5 de febrero el Comité Ejecutivo envió una misiva a la ministra en la que se duele porque desde hace aproximadamente un año no los recibe, y le presentó un pliego de peticiones en el que solicita la derogatoria de decretos y directivas ministeriales que desarrollan aspectos de la Ley 715. Pero frente a ésta no exige absolutamente nada, muy seguramente para no dejar al descubierto su pecado. La mencionada funcionaría accedió a recibir a los directivos del gremio docente para expedir luego una nueva directiva ministerial, la 03, que aclara la 020 sin modificar su esencia. El 19 de febrero Uribe recibió una carta patética: "no se avanza en soluciones y se mantiene la intransigencia gubernamental y de ausencia (sic) de diálogos para la concertación y la negociación."

Con la languidez de las marchas y del paro de 48 horas en febrero, se demuestra que las burocracias sindicales no hicieron los esfuerzos suficientes para animar a un magisterio atemorizado y escéptico, sino que el dusanismo y la Unidad Democrática se la jugaron a reemplazar la lucha de las masas por unas negociaciones que el gobierno no les concedió y en cuya espera se dilapidó un tiempo valioso. ¿Cuál es la lección del frustrante proceso de los últimos dos años? Que la táctica concertadora conduce a la claudicación y a la entrega de las conquistas de los maestros, y a éstos los sume en la impotencia y el abatimiento.

No podemos cerrar este capítulo sobre el nocivo papel del dusanismo sin mencionar las ilusiones que siembra sobre los mandatarios elegidos por el Polo Democrático en Bogotá y el Valle del Cauca, siendo que estos funcionarios no ofrecen nada bueno ni a educandos ni a educadores. Por ejemplo, Luis Eduardo Garzón le viene pidiendo al profesorado que colabore en la solución del déficit de cupos aceptando más alumnos por aula, es decir, la misma política de hacinamiento impuesta por el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Sin lugar a ninguna duda, la Administración Distrital, a través del Secretario de Educación, Abel Rodríguez, ex presidente de Fecode y ficha destacada del dusanismo, aplicará la Directiva 020 y las demás disposiciones de la ministra María Cecilia Vélez. El gobierno capitalino con todos sus izquierdistas a bordo, no es más que otro instrumento para aplicar la política uribista.

Es imperiosa la necesidad que tienen hoy los maestros de informarse y tomar parte en las discusiones sobre la táctica para enfrentar la embestida del gobierno y trazar el rumbo de su organización gremial. Por ello hemos caracterizado la conducta del dusanismo, que posee cinco de los 15 directivos del Comité Ejecutivo de Fecode. Con los cuatro cargos de la Unidad Democrática, su principal acompañante por los caminos de la concertación, suman una mayoría de nueve, a la que se plegaron un liberal y dos "independientes". Este bloque es el responsable de la política que tiene postrado al magisterio. Los tres cargos restantes los ocupa el Moir, cuyos razonamientos tácticos merecen un breve análisis.

Hasta hace un tiempo, el Moir representó una posición consecuente de defensa de los intereses de la nación y de los trabajadores. Empero, su política reciente de contemporizar con quienes venden a los asalariados y de no tomar la iniciativa para impulsar las batallas cuando toca, le impide jugar un papel de dirección revolucionaria en el movimiento obrero. Para ese partido, las luchas sindicales y sociales no se pueden librar si no cuentan con el aval de las agrupaciones y dirigentes que conforman la tendencia oportunista y traidora. Claudica así en el combate por arrancar a las masas de la influencia de esos agentes del enemigo incrustados en las organizaciones populares. (Ver la presente recopilación, Carta al Comité Ejecutivo Central del Moir) En Fecode, ante cada entrega, el Moir ha procedido a realizar una "crítica medida", para llamar luego al dusanismo y a la UD a encabezar la lucha venidera. De esta forma el ciclo se repite. Dicho partido se ha olvidado de las enseñanzas de su fundador Francisco Mosquera, quien advirtió: "Nos perdería imaginar siquiera que le sustraeremos las masas al oportunismo sin desacreditarlo ni destaparlo previamente ante ellas mediante un sesudo y sistemático despliegue de propaganda" (Francisco Mosquera ¡Alfin!, mayo de 1981).

El Paro Nacional Indefinido y el más amplio apoyo popular son las únicas armas capaces de derrotar la ofensiva del gobierno contra el magisterio y la educación pública. La inmensa mayoría del profesorado sabe que bajo el régimen que el gobierno pretende imponer le esperan jornadas esclavizantes, hacinamiento en las aulas, opresión y la total inestabilidad en sus puestos. Los maestros nuevos, cuyos derechos son los primeros en ofrendarse en los altares de la concertación, y los contratados bajo la modalidad de Orden de Prestación de Servicios, OPS, constituyen el sector más lesionado en sus ingresos y en sus condiciones laborales. Una táctica acorde con las circunstancias debe apelar a estos sectores para ponerlos en movimiento de tal manera que desempeñen el papel de avanzada en la pelea. El magisterio debe tener claro que más allá de su propio interés gremial ha de defender la financiación estatal de una enseñanza con alto contenido científico, que contribuya a la independencia del país y a su progreso material y espiritual. Pongamos manos a la obra y desechemos las ilusiones concertadoras. Cada maestro debe tomar en sus propias manos la responsabilidad de esta batalla.

* Este artículo apareció firmado con el seudónimo José Gutiérrez

Marzo 13 de 2004