Por Alfonso Hernández

En las noches, grupos entre 25 y 30 trabajadores permanecen en las carpas de la huelga El pasado sábado 18 septiembre, más de 30 uniformados a órdenes del comandante de policía de Zipaquirá, Mauricio Galán atacaron de forma brutal a los trabajadores de Agrícola Guacarí, quienes adelantan una huelga pacífica para reclamar el pago de quincenas atrasadas, la prima de junio y los aportes de seguridad social en pensiones y salud, que la compañía se embolsilla dolosamente, en vez de entregarlos a las EPS y a los fondos respectivos. Aunque varios hombres y mujeres resultaron heridos, y la fuerza pública arrojó gases incluso en la guardería del Bienestar Familiar, el atropello no ha logrado menguar la decisión de lucha de estos corajudos obreros.

La situación en esa empresa y en las demás que pertenecen al grupo Nannetti es calamitosa: quienes laboran en ellas no pueden pagar el arriendo de sus viviendas, comprar alimentos para sus familias, cancelar los servicios públicos ni obtener atención médica alguna a causa de la voracidad del consorcio.

El sábado 4 septiembre decenas de operarios de Guacarí habían organizado su sindicato, Sintraguacarí y se habían afiliado a la organización obrera de rama industrial Untraflores, con el propósito de reclamar estos derechos tan sentidos y tan elementales. La respuesta consistió en despedir a cuatro miembros de la la junta directiva y a varios de sus adherentes, cometiendo no sólo un abuso sino una violación descarada a la legislación laboral.

El Ministerio de la Protección Social ha hecho la vista gorda a todos estos desafueros: no investiga ni toma medidas contra las firmas que se roban los dineros de la seguridad social y alcahuetea el que se viole el derecho de asociación. Por su parte, la policía, fuerza de choque de los patrones tramposos, la emprende a garrotazos y gases lacrimógenos contra quienes osan reclamar el sueldo. Los Nannetti quieren convertir sus plantaciones en reductos esclavistas; están sometiendo mediante el chantaje a los antiguos y nuevos operarios a un sistema de cooperativas en el cual ofrecen pagar a destajo, por flor cortada, por ejemplo, prometiendo que la remuneración será mayor, pero cuando la cooperativa hace los descuentos de ley para salud, pensiones y demás, el empleado resulta devengando una suma inferior al salario mínimo.

La compañía, aprovechándose del atolondramiento e inconsecuencia de algunos líderes sindicales, ha conseguido que estos le avalen el atraso y el desvío de las cuotas de seguridad social y que se avengan a firmar “convenios” en los que no se consigna ni siquiera el pago puntual de los salarios. Además, éstos, con su pasividad cómplice le han permitido a los avaros propietarios tomar dineros de los fondos de empleados para hacer abonos ínfimos a las quincenas atrasadas. Qué lejos se encuentran estos directivos gremiales del sentimiento de las bases: mientras ellos claudican y se acobardan, entre la masa se acrecienta la indignación y el ánimo combativo, como se palapa en La Fragancia, Splendor, Flor América, Florex, Jardines de Colombia, Flores de la Vega, Las Palmas, etc. Los propios obreros de las temporales han llevado a cabo paros y a han demostrado que no están resueltos a permitir que los capitalistas los mangoneen.

Los hechos expuestos ponen en evidencia que las leyes laborales en Colombia y la certificación de buena conducta que la OIT le expidió al gobierno son una infame burla a la opinión pública y al movimiento obrero. Constituyen también una muestra de cuál es la posición del mandato de Juan Manuel Santos en lo atinente a los conflictos sociales: favorecer a los monopolistas y acudir a la violencia cada vez que se precise ahogar la inconformidad de los explotados.

En el trasfondo está la feroz competencia por el control del negocio de la exportación de las flores en medio de las dificultades creadas por la revaluación del peso causada por el ingreso de capital foráneo, que se ha hecho al control de minas y yacimientos y ha ensanchado sus tejemanejes especulativos. A comienzos del año pasado, el poderoso grupo Nannetti en sociedad con el consorcio de inversiones Sun Flowers le compró a la multinacional Dole más de 15 fincas con cultivos de flores en la Sabana de Bogotá, con lo que se convirtió en el principal exportador de flores del país. Para pagar esta gigantesca inversión, los Nannetti y sus compinches no han vacilado en retrasar el pago de los salarios y echar mano de los dineros de la seguridad social y de los fondos de empleados; su política consiste en acrecentar su capital sometiendo a mayores penurias y a una más pesada carga al obrerismo. La disputa es cada vez más reñida entre estos y el Grupo Chía, Jardines de los Andes y The Elite Flowers.

Los floricultores combinan la expoliación, los despidos masivos y los desfalcos a los proveedores de agroquímicos, transportes empaques y alimentos con un plañir incesante y estridente para que el gobierno los subsidie con los dineros de los contribuyentes.

Los obreros de Guacarí son un ejemplo y se firmeza se granjea el apoyo de las gentes laboriosas. Notas Obreras llama al pueblo colombiano a respaldar resueltamente la muy justa huelga de los asalariados de Agrícola Guacarí.