Por Yurany Quiroga Vivas

El presente artículo tiene por objeto reseñar brevemente algunos acontecimientos acaecidos durante la Campaña Libertadora, mostrando las diferentes confrontaciones y estrategias seguidas por los patriotas, comandados por Bolívar, Santander y Anzoátegui, entre otros granadinos que contribuyeron a la causa independentista, y que lucharon por conseguir la liberación del pueblo del yugo español. Aunque estas líneas no constituyen una investigación histórica, sí pretenden dar a conocer los aspectos más relevantes de la revolución de los granadinos. Este recorrido histórico busca resaltar las lecciones que nos deja un movimiento de liberación como la Campaña Libertadora.

Para hablar de ella, es necesario referirse al protagonismo e importancia de Simón Bolívar. El Libertador, después de enfrentar las tropas españolas dirigidas por Pablo Morillo en Venezuela, quien le frustró varios intentos de tomar Caracas, decidió dirigir sus fuerzas a la Nueva Granada. Esta determinación fue motivada por varias razones. Sin duda, el conocimiento que tuvo Bolívar del buen estado, cantidad y disciplina de las tropas comandadas por el general Santander en Casanare, lo alentaron a dar este paso. El patriota venezolano conocía el sentimiento de descontento por parte de la población por el dominio español, y su interés de cooperar con la causa.

El apoyo popular se convertía en una de las razones preponderantes para iniciar la liberación, situación que se diferenciaba con la de Venezuela, en donde el apego del pueblo a la revolución no se manifestaba, lo cual hacía más difícil conformar un ejército. De esta forma, Bolívar planteó organizar junto a Santander la Campaña. Prepararon la división de Vanguardia en Casanare y un plan que distrajera a Pablo Morillo en Venezuela, evitando que lograra unir fuerzas con Barreiro. Los patriotas aprovecharían el invierno para atacar la Nueva Granada, teniendo como objetivo la llegada a Santa fé.

Tras esta estrategia, Bolívar se traslada a Angostura con el propósito de reclutar expedicionarios ingleses, nombra a Santander como General, lo envía a Casanare para que organice la vanguardia, que deberá enfrentar a los españoles.

Santander arribó a Angostura, el 26 de Agosto de 1818, con los oficiales de la Nueva Granada, dotados de pólvora, fusiles y un modesto taller de armería. Lo acompañaban también efectivos británicos dirigidos por el coronel Jaime Rook. La estrategia utilizada fue la contra-marcha, la cual consistía en hostilizar al enemigo, retirarse en diferentes direcciones y contra-atacar a las reducidas partidas que los perseguían. Esto agotó a las fuerzas realistas y las obligó a retroceder y refugiarse en Calabozo.

Santander, por su parte, conformó un excelente ejército de vanguardia de lo cual puso al corriente a Bolívar, quien decidió partir a la aldea de los Setenta, en la región de Apure, en donde se efectuó la junta de Guerra; allí se decidió invadir la Nueva Granada, tomando como ruta el llano y la cordillera de los Andes. Ha iniciado, pues, la Campaña Libertadora.

Esta disposición se adoptó a raíz de dos circunstancias: la primera, el aislamiento de Morillo por causa del invierno, la segunda, porque se habían obtenido armamento y municiones provenientes de Europa.

Al mismo tiempo, Bolívar comunicó cómo se sorprenderían las tropas españolas en la Nueva Granada; Anzoátegui y Páez invadirían la vía que conduce a Cúcuta y Santander marcharía desde Casanare.

Junto con el propósito de tomarse la Nueva Granada, surgió la preocupación por los terrenos que se habían trazado para las rutas de la Campaña Libertadora; el área era de difícil acceso, y se aproximaba el tiempo de lluvias, con lo que se hacía aún más difícil recorrer el camino, pues habitualmente no era transitado en época de invierno. Al darse a conocer la ruta, algunos desertaron, entre ellos, el oficial Iribarren, quien se retiró junto con su unidad.

Tomar las rutas más inhóspitas sería una de las estrategias contundentes para alcanzar la victoria, porque se engañaría al enemigo, accediendo por el camino menos esperado; a su vez, como veremos más adelante, esta acción infundiría en los soldados una actitud más agresiva, aunque en ocasiones se convirtiera también en motivo de duda.


Se inició el desarrollo de la Campaña con rumbo hacia Mantecal, allí se nombró al comandante del ejército de Apure, José Antonio Páez, con la misión de distraer las fuerzas de Morillo en Cúcuta, como se había planteado inicialmente. La orden de Bolívar fue clara: si Morillo decide atacar a la Nueva Granada, se debía responder y tratar de invadir a Venezuela.

La Campaña Libertadora inicia el 25 de Mayo de 1819 desde Mantecal con destino a Guasdualito, como Bolívar lo había dispuesto en la reunión en la aldea de “los Setenta”.

Dicho ejército estaba compuesto por algo más de 2.000 hombres, así:

INFANTERÍA

1.332 hombres, organizados y comandados como sigue:

1º Batallón “RIFLES”, Comandante Coronel ARTURO SANDES.
2º Batallón “BARCELONA”, Comandante Coronel AMBROSIO PLAZAS.
3º Batallón “BRAVO PAEZ”, Comandante Coronel CRUZ CARILLO.
4º “LEGIÓN BRITÁNICA”, Comandante Coronel JAIME ROOK

ARTILLERÍA

40 hombres que conducen las acémilas con la munición y cuatro piezas ligeras, comandadas por BARTOLOME SALOM

CABALLERÍA
814 Jinetes distribuidos en 3 escuadrones, cada unidad con su respectivo Comandante, al mando de JUAN JOSÉ RONDON[1] .

Después del 4 de junio, al atravesar Guasdualito, las tropas tomaron un descanso, continuaron hasta llegar al río Arauca, y atravesarlo representaba enfrentarse a la creciente. Durante el recorrido las tropas perdieron una cantidad importante de provisiones para su manutención, como las reses, que constituían la única base de alimentación de los ejércitos durante la marcha.

Bolívar reveló su verdadera estrategia para liberar a la Nueva Granada, tan solo la víspera de la marcha para aprovechar el factor sorpresa y evitar la posibilidad de que se filtrara la información a los realistas. El 14 de junio arribaron a Tame las tropas que venían de Venezuela para apoyar la causa granadina. Allí se ubicaba el cuartel general de la división de Santander, que se unió con las exhaustas tropas que habían atravesado el río Arauca. A la llegada a Tame, el ejército se dividió en la vanguardia, formada y disciplinada por Santander en Casanare y la retaguardia, integrada por los destacamentos provenientes de Venezuela y dirigida por Anzoátegui.

Para el siguiente día, el ejército de Santander, seguido poco después por los hombres de Anzoátegui, se dirigió a Pore, en donde se encontrarían para continuar la marcha hacia los Andes. En este punto, los ejércitos patriotas vieron obstaculizado el camino por las fuerzas comandadas por Barreiro, pues éstas se ubicaron en las zonas más accesibles de la cordillera. La campaña recibe un nuevo aliento cuando en el trascurso se incorporaron varios hombres a la causa, algunos desertores de las tropas realistas y otros fugitivos, estos ayudaron a caldear los ánimos en las provincias del Socorro y Tunja.

Las rutas de Paya, la Salina, Pueblo Viejo y Medina eran terrenos con grandes dificultades para los revolucionarios; los páramos y las alturas se presentaron como una barrera difícil de salvar. Por el contrario, el Valle de Tenza se mostraba como una ruta fácil, ya que no presentaba los inconvenientes geográficos que enseñaban las otras opciones. Los realistas esperaban que los insurrectos tomaran ésta que era la vía más transitable. Pero la orden de Santander fue que una de las compañías tomara el terreno difícil, mientras que él, con otra, enfrentaría a los españoles en el paso en donde los esperaba Barreiro. Los libertadores tomaron el trayecto más riesgoso; este ejército lo conformaban hombres provenientes de los llanos, acostumbrados a un clima más cálido, y no a la altura del páramo; además, su atuendo no era el más adecuado para enfrentar los rigores del tiempo, a pesar de esto, los patriotas casi desnudos lograron atravesar el páramo con todas sus vicisitudes, situación que las tropas enemigas no esperaban, pues al conocer los problemas del terreno y del clima creyeron que si los patriotas tomaban esta trayecto perecerían en el intento. Estos eran los cálculos de las fuerzas realistas.

El mayor Juan Figueroa dirigía un grupo de 300 hombres, los cuales defendían el punto de Paya. El 27 de junio de 1819, este lugar sería el primer escenario en donde se enfrentarían las huestes de la Campaña Libertadora contra los españoles. Demostrando la fuerza de los patriotas y la sapiencia de las estrategias aplicadas para conseguir su primera victoria,

Santander atacó de frente las fortificaciones, luego mediante un plan preconcebido, ordenó retroceder; este último movimiento dio tal confianza a los realistas que abandonaron sus fortificaciones para perseguir a los patriotas que retrocedían. Mientras esto ocurría la compañía enviada por Santander con los guías, atacó por la retaguardia de las fortificaciones españolas. En ese momento Santander contra-atacó, quedando así los españoles entre dos fuegos, siendo derrotados en pocos minutos.[2]

Esta sería la primera victoria de La Campaña Libertadora, en la cual los patriotas se apoderaron de un emplazamiento de las fuerzas españolas, Bolívar envío una proclama en donde informa el avance de las tropas, con el fin de seguir obteniendo el apoyo de los granadinos en los diferentes lugares. El mayor Figueroa informó a Barreiro sobre los por menores del enfrentamiento en Paya, a partir de esto Barreiro tomó la decisión de reunir sus tropas, las cuales estaban dispersas, lo cual haría más difícil enfrentar a los patriotas.
Esta acción avivó los ánimos del ejército libertador, que venía en condiciones precarias, casi sin vestuario, además del hambre que había padecido por varios días.
A la llegada a Socha, reunieron fuerzas y recolectaron los implementos necesarios para avituallar a las tropas, tanto en alimento, vestuario y municiones.

En Socha sucede un hecho recogido por la tradición, y que mucho dice de la fuerza cobrada por el espíritu de libertad. El cura y el alcalde, Doctor Tomas José Romero y Don José Ignacio Sarmiento, tuvieron noticia el día 2 de julio de 1819, de la llegada en “absoluta desnudez” de las tropas patriotas, (era la Vanguardia)(…) convocaron a feligreses y ciudadanía en general a reunirse el día 4 de julio “para una gran fiesta”, la cual se iniciaría con ceremonias religiosas. Al repletarse la iglesia, y de acuerdo a los planes establecidos de antemano, mandaron cerrar las puertas, cuya custodia la tomaron hombres de tropa. Y de inmediato procedieron a ordenar a los asombrados, al principio molestos (…) que se despojasen de toda prenda de vestir no indispensable a cubrir las mas intimas desnudeces.[3]

De esta forma a la salida de Socha, el ejército libertador tiene su segundo encuentro con las tropas enemigas, estas superaban en número a los patriotas, tras un duro combate de varias horas, los hombres de la campaña se vieron obligados a retirarse y refugiarse en Gámeza. Esta batalla dejó un saldo aproximado de 240 a 300 hombres, entre heridos y muertos por parte de los realistas, mientras que el ejército patriota pierde 12 hombres y gravemente heridos alrededor de 70.

Barreiro tenía en su custodia a varios patriotas, y no tenía conocimiento del balance de la batalla de Socha. Ordenó ejecutar a los patriotas, “(…) Luego de haberlos encerrado en un corral de ganados; de a dos, previamente amarrados espalda con espalda y a lanza. Para que ni faltase broche, ordenó que fuese muerta Juana Escobar, quien intrépidamente, al ver el crimen, ‘reprocha a los españoles su crueldad’”. [4]

Bolívar desistió de sus planes de invadir a Sogamoso, un punto estratégico por su ubicación geográfica. Barreiro al ser informado de los encuentros, y conocer de la importancia de esta posición, decide mantener sus tropas en Tópaga, mientras los patriotas se encontraban a la espera de los refuerzos de la Legión Británica.

A la llegada de ésta, Bolívar decidió atacar los Valles de Belén, Canza y Santa Rosa, acción con la que obligó a Barreiro a adoptar la solución que Bolívar pretendía: abandonar Tópaga, y enviar a los realistas a defender Los Molinos de Bonza, hacia los cuales Bolívar marchó por el río Surba, para finalmente llegar a la Balsa, ubicada sobre el río Chicamocha. Barreiro se dirigió con su ejército al cerro Alto de Murcia, Allí los españoles instalaron un fuerte en las orillas del cerro de Picacho y esperaron en la hacienda de Vargas el enfrentamiento con los patriotas.

Allí, el 25 de julio de 1819, se desata la batalla del Pantano de Vargas. Las fuerzas de Barreiro dominaban los cerros de Cangrejo y Picacho, bajo estas circunstancias Bolívar ordena a los hombres comandados por Anzoátegui y a los de Santander, entrar en combate. “Los fatigados soldados de Santander y Anzoátegui, al ver el descomunal contra-ataque de más de 300 soldados realistas en excelentes condiciones, (…) retroceden[5] De acuerdo con esta situación, Barreiro, confiado, asegura: “Ni Dios me quita esta victoria” . Efectivamente, Dios no se la quita, porque la guerra la hacen los hombres, los aguerridos hombres de La Campaña Libertadora. El Coronel Juan José Rendón se lanza con 14 jinetes, en el estrecho del Cangrejo y logra desestabilizar al ejército realista por medio de un rápido ataque; a la arremetida se incorporan nuevamente las tropas que se habían replegado. El enfrentamiento se prologa por varias horas, pero al anochecer, culmina con el torrencial aguacero, dejando a las dos tropas imposibilitadas para continuar la batalla, y con las armas de los dos ejércitos inservibles. El ejército enemigo emprende la retirada y los patriotas no lograron derrotarlo por completo. Como resultado de las heridas recibidas en esa batalla, fallece el Coronel Jaime Rook, comandante de la Legión Británica, junto a otros patriotas que en defensa de la causa independentista fueron dados de baja.

Los realistas retroceden con dirección a Paipa; los patriotas toman Tunja, punto estratégico para la alimentación y las comunicaciones. La victoria se consolidó cuando se obligó al ejército de Barreiro a replegarse. A Bolívar se le informa desde el cerro de San Lorenzo, desde donde se les vigilaba, acerca de la ruta que habían emprendido los realistas. Se verifica que se dirigen hacia el Puente de Boyacá, por lo cual Bolívar inicia la organización de las tropas, ordenando que Anzoátegui y Santander iniciaran la marcha hacia Santafé.
El próximo objetivo de la Campaña era dirigir sus fuerzas hacia esta capital, que de ser conquistada se tendría un gran porcentaje de la victoria final.

Bolívar ordena a su ejército perseguir a los españoles que huían por la Ruta Real.

El ejército patriota para alcanzar la zona del Puente, debía marchar unos 17 kilómetros y tal hizo a partir de las 10 de la mañana del 7 de Agosto de 1819. Desde la Plaza de Armas de Tunja, en la que se reunieron para pasar lista, municiones y estar pronto al movimiento, desde la siete de la mañana. El camino que debían emprender las tropas era “de gradiente suave (…) para llegar al cerro del Moral y franquear el espolón que, con el nombre de El Tobal, se proyectaba sobre el Puente de Boyacá”.[6]

Los dos bandos se encuentran el 7 de Agosto de 1819 en el Puente de Boyacá, el ejército Libertador contaba con 2000 hombres, mientras que las fuerzas de Barreiro eran de 3000[7] . Los patriotas emprenden la marcha en horas de la madrugada, atravesando el páramo, para posteriormente llegar a la Sierra de Tunja, en el punto del puente de Boyacá, en donde se encontraba el Camino Real a Santafé

En el momento de iniciarse la batalla los dos ejércitos estaban formados, así:

EJERCITO REALISTA
Comandante: José María Barreiro

VANGUARDIA REALISTA
Comandante: Francisco Jiménez

Fuerza:

3 Batallones de Infantería
1 Escuadrón de Caballería

CUERPO EJÉRCITO REALISTA
Comandante: José María Barreiro

Fuerza:

2 Bat. de Infantería
2 Escuadrones de Caballería
1 Unidad de Artillería.

EJÉRCITO LIBERTADOR

Comandante: Simón Bolívar

VANGUARDIA LIBERTADORA
Comandante: Francisco de P. Santander

Fuerza:

2 Bat. De Infantería
1 Escuadrón de Caballería.

CUERPO EJÉRCITO LIBERTADOR

Comandante: José Antonio Anzoátegui

Fuerza:

4 Bat. de Infantería
2 Esc. de Caballería.[8]

En el enfrentamiento, los hombres comandados por Santander, la Vanguardia, logran cruzar el puente y consiguen una importante ventaja frente a las tropas contrarias. Por otro lado, Barreiro se enfrenta con las fuerzas comandadas por Anzoátegui, quien evita la avanzada de los destacamentos realistas por el Puente de Boyacá. Los patriotas cierran a las tropas enemigas la posibilidad de huir por la vía del páramo, situación que los desespera pues se sienten acorralados por los patriotas.

Por otro lado, las tropas del General Santander soportan la presión de la vanguardia realista, la cual recibe refuerzos de la unidad comandada por Barreiro, que había reculado en otro lugar. Esto provoca que los patriotas retrocedan, pero en su ayuda llega Anzoátegui con sus hombres, de esta forma Santander puede atacar de nuevo las fuerzas realistas y enfrentar a Francisco Jiménez por debajo del puente, logrando la derrota de una forma rápita y fulminante; el panorama era desolador, las consecuencias de la batalla se manifestaban en los campos cubiertos de muertos y heridos de ambos bandos, pero el ejército de La Campaña Libertadora sigue avanzando, tomando las municiones y equipamientos de las fuerzas enemigas. Alrededor de las cuatro de la tarde, los ejércitos españoles están aniquilados.

La Campaña Libertadora marcha llena de gloria, mientras una de las tropas, la comandada por Anzoátegui vigila a los prisioneros de guerra, entre los que estaba el oficial traidor Bignoní, quien ayudó a que Puerto Cabello quedara en manos de los españoles. Bolívar lo reconoció y ordenó ahorcarlo inmediatamente.
Partidas de patriotas recorrían los alrededores para apresar algunos realistas que emprendieron la huida. La convicción revolucionaria era tal que los granadinos no aceptaban vender la causa libertadora, así lo demostró el campesino Pedro Pascasio Martínez, quien captura a Barreiro cuando trataba de escapar de la avanzada patriota, el oficial español le ofrece al campesino unas monedas de oro, para comprar su libertad, pero Barreiro recibe como respuesta un no, el soldado Martínez con su lanza lo lleva y lo pone a órdenes de Bolívar, diciendo: “Mi general aquí le traigo un güen prisionero”.

Mientras tanto, el 8 de Agosto, algunos de los realistas que emprendieron la huida informan a Sámano de la derrota en el Puente de Boyacá. El virrey emprende la fuga sin pensar en organizar sus fuerzas y enfrentar a los patriotas; así mismo proceden, los Oidores de la Audiencia y otros españoles y partidarios de la causa realista, presas de pánico ante la inminente llegada de los patriotas. Bolívar ordenó a Anzoátegui emprender la persecución a Sámano, quien se había desplazado por Honda, para llegar a Cartagena y luego a España, a su vez el Coronel Ambrosio Plaza persigue a Basilio García y a Calzada, quienes huyeron con algunos hombres del ejército realista. “El más grande pánico se había apoderado de los gobernantes realistas quienes abandonaron sus puestos y favorecían así la causa libertadora. Produjéronse los inevitables desórdenes y confusiones, a los cuales el gobierno establecido por Bolívar pondría fin”. [9]

Después de este aguerrido encuentro, aún seguían enfrentándose patriotas con algunos realistas que quedaban en zonas de La Nueva Granada. Las ejecuciones de los presos se dieron días después de la derrota. Uno de los soldados que presenciaron las ejecuciones de 39 hombres pertenecientes al ejército realista, entre ellos el general Barreiro, relata:

Yo fui llamado a la formación de la plaza frente al lugar de la ejecución, y allí tuve la desgracia y funesta obligación de presenciar el sacrificio de treinta y nueve hombres, a quienes se inmolaba en represalia de la carnicería, que la política absurda y cruel de Fernando VII decretó contra los patriotas. (…) Aquellos desgraciados, no oyeron un sollozo que los compadeciera. Cánticos de alegría y vivas a la libertad acompañaban las descargas de los fusiles. La población entera de Bogotá estaba apiñada en la plaza y calles adyacentes.[10]

Esta gesta histórica demuestra que en un proceso revolucionario no se puede dejar ventaja al enemigo, con el cual hay que ser implacables, como lo fue Bolívar con quienes se oponían a la causa libertadora.

A la entrada a Santafé, Bolívar junto con Santander, Anzoátegui y los demás patriotas fueron recibidos con el más grande júbilo, los granadinos, enardecidos, gritaban vivas al ejército libertador que había puesto fin a tan sofocante tiranía. En todas las calles se agitaban banderas al paso los héroes. ´Veinte mujeres vestidas de blanco colocan al Libertador una corona de laurel, éste, en gesto de reconocimiento, se la pasa a Santander y luego a Anzoátegui. Finalmente, los jefes lanzan dicha corona a los los soldados y oficiales que lucharon junto a ellos, al tiempo que exclaman: “Esos libertadores son los que merecen estos laureles”. A partir de entonces entra en la historia la Nueva Granada, la nueva patria, y se pone fin a una dominación de más de trescientos años.

[1] Campaña libertadora de la Nueva Granada 1819. Editorial: Imprenta y Litografía de las Fuerzas Militares, 1969, p.12

[2] Ibíd. p.16

[3] NUCETE, Sardi. José. PEREZ, Tenreiro. Tomas. IRIBARREN Celis, Lino. La Campaña Libertadora de 1819.Tomo.1 Editorial: Caracas: Pubs. de la Academia Nacional de la Historia, 1969.p142

[4] Ibíd.p.147-148.

[5] Campaña libertadora de la Nueva Granada 1819. Editorial: Imprenta y Litografía de las Fuerzas Militares, 1969, p.21

[6] Ibíd.p.188

[7] Estas cifras, no se han podido determinar con exactitud, debido a las múltiples versiones en cuanto al número que conformaban ambos bandos. Estas se constituyen en cifras aproximadas.

[8] Campaña libertadora de la Nueva Granada 1819. Editorial: Imprenta y Litografía de las Fuerzas Militares, 1969, p.26.

 

[9] NUCETE, et al.p192

[10] En Reportaje de la Historia de Colombia.158 documentos y relatos de testigos presenciales sobre hechos ocurridos en 5 siglos. Ejecución del general José María Barreiro. Florentino González. p. 350-351