El Señor Kevin Whitaker, nominado por Obama como nuevo embajador de los Estados Unidos en Colombia, durante su audiencia de confirmación ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado de ese país, se permitió la licencia de lanzar una andanada sobre dos aspectos que hoy ocupan la atención de los colombianos: el proceso de paz de La Habana y la destitución del alcalde Gustavo Petro por el Procurador.

Frente a tan grave intromisión imperialista en los asuntos internos de Colombia, el gobierno de Santos reaccionó con la rodilla en suelo: “El Tiempo supo que el Gobierno examinó las declaraciones del nuevo embajador estadounidense, pero que no quiere entrar en controversia con otros países, y menos con un aliado de primera línea como Washington, aunque no está de acuerdo con que diplomáticos extranjeros intervengan en debates judiciales internos.” Por su lado, la canciller, María Ángela Holguín, le dijo al periodista Julio Sánchez Cristo, que el gobierno no contemplaba la posibilidad de una protesta formal, ni una nota escrita, ni nada por el estilo, sino simplemente conversarlo amenamente con la Secretaria de Estado Adjunta para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson; y cómo disculpándose por anticipado agregó que sabía que la funcionaria la iba a entender perfectamente.

Desde luego que sería mucho pedir que los inquilinos de la Casa de Nariño y del Palacio de San Carlos tuvieran otro comportamiento; con ello simplemente hacen gala de la tradición de mansos súbditos de la “estrella polar” que ha caracterizado a los mandatarios colombianos desde hace más de un siglo.

Empero, resultaría inaceptable que los supuestos destinatarios de la bendición de Washington: el alcalde Petro y los negociadores por las FARC de la paz en Cuba, guardaran silencio o, peor aún, hicieran ostentación de semejante bravuconada. Nada más condenable que una causa, por justa que sea o parezca serlo, se pretenda defender recurriendo al favor o a los ucases imperiales, porque ello no haría más que apretar las cadenas que centenariamente han oprimido a nuestra nación y a nuestro pueblo.