Minga 2019

Desde el pasado 10 de marzo los indígenas del Cauca se encuentran en una minga por la defensa de la vida, el territorio, la justicia y la paz, a la cual se unieron las comunidades del Valle, Huila, Caldas y Nariño. Reclaman el cumplimiento de más de mil acuerdos que se hicieron bajo los gobiernos de Pastrana, Uribe y Santos y denuncian que bajo el mandato actual varios de sus líderes han sido asesinados; que el Plan de Desarrollo de Duque no solamente los desconoce, sino que da vía libre al fracking y a las explotaciones mineras por las multinacionales, así como al despojo de tierras; políticas que propician crímenes ambientales y destruyen su modo de vida. Las justas protestas han sido brutalmente reprimidas por el ESMAD y el gobierno ha lanzado una infame campaña para deslegitimar los reclamos, pero nada ha podido doblegar el valeroso espíritu de resistencia de la minga.

Tan pronto se posesionó el gobierno de Iván Duque el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, le radicó una carta en la que le reiteraba sus demandas y pedía su presencia en la III comisión mixta que se realizó en la Universidad Indígena Intercultural, UAIIN, el 17 y 18 de enero de este año, con el fin de discutir el incumplimiento a los planes de acción 2017-2018. La carta no tuvo respuesta y Duque nunca se hizo presente en la comisión mixta, el mecanismo establecido en el Decreto 1811 de 2017, para el cumplimiento, desarrollo y seguimiento de los acuerdos entre el Gobierno Nacional y el CRIC. Por su parte, los ministros siempre han obstaculizado la concreción de los planes argumentando falta de competencia o por las limitaciones de la regla fiscal. Cuando se conoció el proyecto del Plan de Desarrollo, los acuerdos alcanzados aparecieron como un anexo y no dentro del articulado ni en el plan de inversiones, lo cual constituye una burla. Por ello, a partir del 10 de marzo el CRIC inició la minga y exigió la presencia de Duque en el corregimiento del Pital, municipio de Caldono, Cauca y a partir del 12 de marzo se tomaron la vía Panamericana.

Duque respondió en un discurso en Mitú, el 16 de marzo, en el que dio a entender que va a desconocer los acuerdos que gobiernos anteriores firmaron con los indígenas, pues según dijo, se hicieron “sin tener la capacidad de cumplir”. En el mismo sentido han sido las declaraciones de la ministra Nancy Patricia Gutiérrez, quien ha afirmado que el propósito de la minga no es tanto que se hagan inversiones para las comunidades indígenas, sino que su fin es político, porque son sectores de oposición al gobierno. De tal manera, los voceros del régimen han impedido que las negociaciones en la mesa que se instaló el 18 de marzo hayan arrojado resultados.

En lugar de resolver los justísimos reclamos de la minga el gobierno ha centrado sus esfuerzos en reprimirla y en restarle legitimidad con el manido señalamiento de la infiltración de la guerrilla. Desde sus inicios, el CRIC ha denunciado los atropellos de la fuerza pública que han dejado decenas de indígenas heridos y detenidos. El 16 de marzo, por ejemplo, el ESMAD atacó con gases lacrimógenos el campamento de los mingueros de El Cairo y El Túnel, ubicado a más de un kilómetro de la vía Panamericana, quemó las carpas y los víveres y dejó varios heridos, algunos de gravedad. El 19 de marzo el ejército y la policía atacaron el punto de concentración ubicado en la vereda La Agustina, en Mandomo, Cauca y en hechos que quedaron registrados en videos, dispararon ráfagas de fusil para intimidar a los mingueros. El CRIC ha denunciado en varias oportunidades la presencia de provocadores armados de la fuerza pública que vestidos de civil buscan crear hechos violentos que justifiquen un trato de guerra contra la minga del Suroccidente. Hasta el momento no se ha logrado aclarar cómo se produjo una explosión en el municipio de Dagua, Valle, que dejó diez víctimas fatales y 15 heridos de gravedad, pero de inmediato el Ministro de Defensa tejió una versión de los hechos que busca responsabilizar a la Guardia Indígena. Igualmente confusa fue la muerte en Mandomo de un patrullero de la Policía Nacional, hecho que las autoridades atribuyeron a una disidencia de las FARC. Nada esto es extraño en un gobierno que desde su instalación acude a la mentira, a la distorsión de los hechos y a las provocaciones para justificar su mano dura contra las protestas populares.

Hay serios indicios de que el mandato del Centro Democrático quiere poner fin a la minga dándole un tratamiento militar, pues el 25 de marzo se reunieron en la Casa de la Moneda en Popayán parte de la delegación del Gobierno Nacional en las negociaciones y autoridades civiles y militares para realizar un Consejo de Seguridad, al cual fueron invitados gremios, empresarios y algunos dirigentes políticos de la región, cuyo principal objetivo fue crear el ambiente para terminar la protesta a sangre y fuego.

En este momento la minga del Suroccidente Colombiano es el más vivo ejemplo de resistencia contra los designios del uribismo plasmados en su Plan de Desarrollo y en las demás medidas que solo benefician al capital financiero, a las multinacionales y a los terratenientes, mientras condenan a la miseria a las masas laboriosas. Unamos a la lucha indígena la de los asalariados contra el trabajo por horas, la reforma pensional y la anunciada política laboral que acaba con lo que hasta ahora han sido los mínimos de ley en materia de salarios y de seguridad social. Juntemos a la minga la pelea contra la focalización, consistente en sacar a millones de compatriotas del SISBEN, quitarles los subsidios del Estado y reducir el gasto social. Levantemos la rebeldía de todo el pueblo contra la política alcabalera que se esconde en el Plan de Desarrollo. Llamemos al campesinado a ponerse en pie junto a sus hermanos indígenas en la lucha por la tierra para el que la trabaja y por crédito e insumos para el desarrollo de la producción en el campo.

¡Viva el camino de resistencia que nos muestra la minga Indígena del Suroccidente Colombiano!