Carta del frente. Alexander Laktionov

La Revolución Rusa es un hecho histórico que dejó lecciones importantes para la construcción de una sociedad completamente nueva, la sociedad socialista. Al revisar el camino recorrido por los habitantes de Rusia para conquistar el triunfo y, a partir de allí, edificar una sociedad floreciente en todos los aspectos, se encuentra que esto sólo fue posible a través de la interpretación de las ideas de Marx y su aplicación al análisis de la realidad rusa. Con base en esto los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, hicieron un fuerte trabajo político para que el grueso de la población, que vivía en condiciones oprobiosas, en una sociedad feudal y ceñida a las ideas ortodoxas del zarismo, comprendiera su situación y se levantara contra el régimen imperante, rompiendo las cadenas del sometimiento y demostrándole al mundo que un sistema económico distinto al capitalismo era posible, que el comunismo era la opción de los oprimidos en el mundo.

Llama la atención cómo se logró trasformar a una de las sociedades más atrasadas de Europa de comienzos del siglo XX en una potencia económica, científica, militar y cultural, en un periodo de tiempo relativamente corto. Podemos afirmar que a ese renacer contribuyó la creación de un sistema educativo estructurado con miras a sacar del atraso a la nación y a formar a su gente bajo los preceptos del comunismo. Qué mejor forma de brindarle un sentido homenaje en este centenario a estos hechos que la de resaltar algunos de sus aspectos, como, por ejemplo, el del sistema educativo implantado inmediatamente después de la toma del poder, del cual nos ocuparemos en este artículo. Para ello haremos una aproximación a las ideas de Marx en torno a la educación y cómo estas fueron aplicadas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS [*].

Sin ser pedagogo ni dedicar documentos específicos a la educación, Marx trazó algunas ideas importantes al respecto. Lenin y Stalin materializaron varios de sus postulados, a la vez que incorporaron modificaciones.

¿Cuáles fueron los planteamientos de Marx? En primer lugar, defendió la necesidad de abolir la instrucción "burguesa e idealista", y señaló que la nueva enseñanza debía construirse sobre la base de un "régimen combinado entre la educación y la producción material",que preparara a los hijos de los obreros para la vida en una sociedad socialista; en el interés por superar la educación meramente teórica por una que combinara la praxis con la teoría. Marx manifestó su preocupación por pasar de la interpretación a la acción: “Los filósofos ―dice Marx al final de sus Tesis sobre Fuerbach― hasta este momento no han hecho más que interpretar el mundo, ahora se trata de transformarlo"(Abbagnano y Visalberghi, 1964, p. 502).

Marx y Engels desarrollaron estas concepciones, entre otros aspectos, en correspondencia con la situación de los trabajadores ingleses de mediados del siglo XIX, una época marcada por el liberalismo económico y su premisa de laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar). Los dueños de las grandes industrias perseguían el objetivo de sacar la máxima ganancia a costa del aumento de la jornada laboral y la disminución de los salarios; la clase trabajadora inglesa estaba pauperizada, apenas subsistía en condiciones miserables. Los niños debían contribuir a la manutención de la familia, pese a las hipócritas prohibiciones del trabajo infantil establecidas a partir de 1802. Era tal la necesidad, que muchas familias contemplaban como solución para generar más ingresos aumentar el número de hijos; sin embargo, el incremento de la natalidad agudizó dramáticamente su miseria. La jornada diaria era de 12 a 16 horas, y los niños trabajaban alrededor de 84 horas semanales, incluyendo el día domingo:

La muerte por exceso de trabajo, agotamiento, por falta de higiene, por la mala calidad de la alimentación y la falta de sueño era una realidad diaria […] el capital se alimentaba sin ningún miramiento de la salud, de la vida de los obreros, de sus esposas y de sus hijos" (Dietrich, 1976, p.35).

Por otro lado, Marx analizó el interés de los industriales por mantener a la clase obrera alejada de un proceso formativo. Le enseñaban el funcionamiento básico de una máquina sin educarla en el conocimiento amplio de un oficio específico. A pesar de que en la época existían algunas leyes de enseñanza elemental, los dueños de las fábricas las evadían y les negaban el trabajo a los niños vinculados a la escuela. De tal modo, los empresarios sembraban en los padres, para quienes era necesaria la vinculación de sus hijos al trabajo asalariado, un malestar frente al aprendizaje y los docentes, y alimentaban el rechazo de las familias hacía la formación escolar. Además, las condiciones en las aulas eran deplorables. Engels lo ilustra afirmando que las pocas escuelas que existían no brindaban condiciones dignas para la permanencia de los niños, y los maestros no tenían las capacidades requeridas para desarrollar la instrucción; estos, generalmente eran obreros que para complementar su sustento se dedicaban a la enseñanza. Se sumaba la imposibilidad de los menores de asistir a la escuela a causa de las extensas jornadas laborales. Bajo este panorama, la propuesta de Marx consistía en establecer una nueva educación en la que se combinaran tres factores esenciales: trabajo productivo, enseñanza y gimnasia. Buscaba aumentar la producción social y forjar hombres plenamente desarrollados.

De esta forma, la educación debía contribuir a formar un hombre universal. Para Marx esto significaba "la movilidad absoluta del trabajador en la industria y la sociedad"; el propio capitalismo generaba las bases ya que que a la vez que requería fluidez y adaptabilidad de la mano de obra, capacidad de esta de desarrollar múltiples tareas, también exigía simultáneamente su degradación, a fin de aumentar la ganancia. Marx sostenía, por el contrario, que el hombre debía tener la capacidad de desarrollarse en cualquier trabajo, dominar las técnicas, no solo en un grado manual y operativo, sino también a un nivel intelectual, evitando consagrarse a una función específica, como sucedía en el capitalismo, donde el obrero desempeñaba una sola función, perdía la capacidad de aprender nuevas labores y era enajenado a través del trabajo:

A partir del momento en que empieza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo de actividades, que le es impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida (Marx y Engels, 1974, p. 34).

La multilateralidad busca perfeccionar el talento del trabajador para desempeñar una función, pero también permitir el desarrollo en una totalmente distinta; hace posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos (Marx y Engels, 1974, p.34).

En este sentido, Marx explicó la importancia de la creación de escuelas politécnicas y agronómicas como instituciones profesionales, en las cuales no sólo se recibía la formación académica sino que a la vez se les enseñaba a los niños conocimientos relacionados con la tecnología y el uso de diversas herramientas. Afirmaba que a través de ellas era factible formar un obrero con poder político; el cual, al manejar distintos conocimientos y quehaceres, superara la producción de corte capitalista y acabara con la división del trabajo impuesta por este sistema productivo. Con lo anterior, expresaba que era indispensable acabar con el sistema educativo que imperaba en la época, para darle paso a una formación de la que hicieran parte lo intelectual, lo físico, lo politécnico para  desarrollar un hombre universal.

La educación politécnica la componen tres factores: 1. La formación científico natural, que corresponde a la enseñanza académica de los conocimientos referentes a la historia, la naturaleza y el mundo y su evolución. 2. La instrucción práctica o aplicada, correspondiente al manejo y uso de las herramientas. 3. La educación tecnológica, en la que confluyen la teoría y la práctica, y el individuo es preparado para responder a las necesidades industriales de la sociedad. Marx expresó su concepto ante la Asociación Internacional de Trabajadores, en Ginebra, en 1866:

Por formación entendemos tres cosas:
Primero: La formación intelectual; segundo: la educación física, tal como es practicada en las escuelas de gimnasia y en las academias militares; tercero: la instrucción politécnica, que proporciona el conocimiento de las bases científicas generales de cualquier proceso de producción y que al mismo tiempo inicia a los niños y jóvenes en el empleo y manejo de las herramientas básicas propias de cada oficio (Dietrich, 1976, p. 46).

También se identificaba como uno de los principios de esta forma de educación el vínculo con la ideología del socialismo científico y su presencia en todas las materias, para la construcción del hombre comunista. Con ella se esperaba ocupar el lugar de la religión siempre presente en la enseñanza de los niños. Esta desaparecería de la escuela al haber una sociedad sin clases sociales y más ilustrada, pues "el reino de Dios no existe más que en la imaginación de los hombres" (84). Por último, se establecía que la enseñanza del socialismo científico lograría destapar los intereses y la superestructura burguesas.

Los anteriores elementos constituyeron las bases sobre las que se edificaría la educación en la Rusia posterior al triunfo de la revolución, a partir de una lectura juiciosa de los postulados de Marx y de la capacidad de los líderes para adaptarlas a las características del país, partiendo de la lucha por erradicar el analfabetismo, y de ahí hasta formar al hombre soviético, comunista.

Sistema educativo en la URSS

Rusia durante la época de la autocracia se encontraba sumida en el analfabetismo y la indigencia:

"Solo en la parte europea de RSFSR había más de 15 millones de analfabetos de 15 a 49 años. De cada mil personas solo 319 era instruidas, y entre las mujeres tal proporción era todavía menor" ( Zinoviev y Pleshakova, 1950, p. 5).

En los censos realizados por el Partido Comunista, después de la revolución, se estableció que alrededor del 80 % de la población en edad escolar no sabía leer ni escribir (Zinoviev y Pleshakova, 1950). Situación que se explicaba por el temor de los terratenientes, capitalistas y el gobierno zarista a posibles brotes revolucionarios del pueblo. La miseria de Rusia se reflejaba en los elevados porcentajes de analfabetismo; el acceso a periódicos, libros o revistas era limitado para el grueso de la sociedad, y las publicaciones para la población eran nulas. Quienes podían acceder a este tipo de documentos eran los burgueses y terratenientes. Esto sucedía en las principales ciudades; en el campo la situación era aún más precaria, pues el campesinado no tenía acceso a la educación.

Con semejante panorama, ¿cómo pudo Rusia, uno de los países más atrasados de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, transformarse en una de las potencias europeas? El avance que experimentó después la Revolución de Octubre comprende numerosos elementos, desde luego, y en primer lugar, el establecimiento del gobierno obrero y campesino, la confiscación de los latifundios y su entrega a los labriegos; la nacionalización de los principales sectores de la economía; y la determinación de industrializar el país y marchar al socialismo. Todo lo anterior se junta al hondo trabajo en el campo educativo a fin de lograr esas prodigiosas transformaciones:

"El secreto del avance […] ruso hay que buscarlo en sus institutos docentes, en sus bibliotecas, en sus talleres, en sus laboratorios, en la disciplina del trabajo […] los estudiosos recorrieron paciente, tesoneramente, ese largo camino que conduce de la primaria hasta la universidad" (Nieto, 1960, p. 13).

La lucha contra el analfabetismo se consolidó resueltamente en los primeros decretos de Lenin, en ellos se disponía atacar la ignorancia a través de la instrucción en la escritura y la lectura como elementos indispensables para alcanzar la formación política de las masas. En este aspecto merece resaltarse la enorme campaña de instrucción extraescolar, mediante la cual fueron movilizadas cientos de miles de personas cultas para que asumieran como deber suyo instruir a varios analfabetos:

"Entre todos pusimos una gran red para que no se escapara ninguno de los analfabetos. Fue como la campaña hecha por Pekín contra las moscas. Pululaban en todos los sitios —era una nube—, y la comunidad entera se propuso eliminar la plaga. Si de pronto aparecía una mosca […] caían sobre ella. Así […] hicimos con el analfabetismo" (Nieto, 1960, p. 34).

De esta forma, se crearon distintos comités que desplegaban campañas de capacitación sin distinciones de edad. Lenin afirmaba que no se lograría una conciencia comunista con un pueblo ignorante, por lo cual se le debía enseñar a leer y escribir, como base para educarlo políticamente. La escuela era la herramienta fundamental para alcanzar este propósito y permitir la continuidad de la dictadura del proletariado.

En marzo de 1919, en el VIII Congreso del Partido, se ratificó el objetivo trazado desde el comienzo de la revolución de convertir la escuela de instrumento de dominación de clase de la burguesía, en arma para la supresión de las clases y de regeneración comunista de la sociedad. Allí, se estableció el programa para la educación popular, confirmando las siguientes bases:

1. Instrucción gratuita, obligatoria y politécnica (teoría y práctica de la producción), para ambos sexos y hasta los 17 años de edad.
2. Creación de instituciones preescolares, guarderías y jardines que mejoraran la educación pública y facilitaran la emancipación de la mujer.
3. Definición de los principios de la escuela única del trabajo para ambos sexos y régimen combinado entre enseñanza y trabajo socialmente productivo.
4. Suministro a todos los alumnos de alimentos, ropa, calzado y textos por cuenta del Estado.
5. Escuela laica.
6. Formación de cuadros para el trabajo en el ámbito educativo totalmente compenetrados con las ideas del comunismo.
7. Movilización de los ciudadanos que sabían leer y escribir en pro de la instrucción pública.
8. Garantía y deber del Estado  de apoyar a obreros y campesinos que tuvieran el deseo de aprender, a través de la creación de escuelas, bibliotecas, educación para adultos, cursos, cine, conferencias, salas de lectura, entre otros.
9. Promover un vasto desarrollo de la educación profesional, ligada a los conocimientos politécnicos generales; garantízar amplio acceso a las aulas de la escuela superior a quienes desearan estudiar; atraer a ella a los docentes capaces de enseñar en ese nivel; suprimir obstáculos artificiales entre fuerzas científicas y cátedra; facilitar el ingreso a la educación profesional a proletarios y campesinos.
10. Abrir al pueblo las colecciones de arte hechas bajo el régimen explotador.
11. Hacer la más amplia propaganda de las ideas comunistas.
12. No limitarse a proclamar la separación entre la iglesia y el Estado, sino llevarla a cabo seriamente, organizando la más amplia propaganda científica, educativa y antirreligiosa, pero cuidando al máximo de no herir los sentimientos de los creyentes (Lenin, Obras Completas, Tomo 38).

Estos constituían los fundamentos de la educación socialista. Lenin explicaba que la escuela debía proporcionar a la sociedad seres con la capacidad de erigir el comunismo y que la nueva enseñanza debía distanciarse de la educación de corte burgués, caracterizada por impartir una cantidad de conocimientos sin ninguna función y que moldeaba a las nuevas generaciones como simples funcionarios (Dietrich, 1976). Agregaba, que era necesario asimilar todos los aporte al conocimiento, incluidos los de la vieja escuela, pero no limitarse a transmitir un simple cúmulo de informaciones. Aunque abogaba por una educación comunista, afirmaba que sería una grave equivocación no asimilar “el tesoro de conocimientos acumulado por la humanidad”. Es decir, que si bien debía condenarse, incluso destruir la vieja enseñanza libresca, memorista, autoritaria, esta debía sustituirse por la asimilación de la suma de conocimientos humanos, que debían aprehenderse no de memoria, sino de una forma que indujera a pensar por sí mismo, y  no se desligara del ámbito de la experiencia, del trabajo productivo, de la constante lucha de clases y de la realidad de la sociedad comunista. Una relación indisoluble entre ciencia e ideología, en la cual se incentivara la conciencia comunista a través de una formación disciplinada y sistemática.

Jóvenes trabajadores del acero

Bajo estos preceptos se organizó la escuela rusa. Procuró integrar al niño en el sistema educativo desde su edad más temprana, con el doble propósito de promover la vinculación de la mujer al sistema productivo y de desarrollar la moral comunista desde los primeros años de vida. Así, la educación preescolar albergaba a los infantes entre los tres y ocho años de edad a partir de las guarderías:

"Allí comienzan los estudios de la naturaleza que forma el medio ambiente del niño. Se estimula el espíritu de observación, el dibujo y el modelado libre, todo lo que desarrolla el gusto estético y la imaginación creadora, la fortaleza física y la fe en sí mismos" (Nieto, 1960, p. 15).

La primaria los acogía entre los ocho y quince años de edad, y era obligatoria. En esta se estimulaba la relación trabajo-escuela y se alternaba el estudio de las distintas materias con la producción en varios niveles y de acuerdo con la edad. A los estudiantes se les acercaba a la comprensión del funcionamiento de diferentes máquinas o herramientas industriales o agrícolas. La secundaria se iniciaba desde los quince años y se formaba al estudiante vinculándolo más estrechamente a la fábrica. Por medio de las escuelas de corte industrial lograban acceder a las profesiones más especializadas. Algunos ingresaban a talleres o a escuelas para la preparación de maestros (Ortega, 2015).

La educación no se limitaba a las instituciones especializadas, el gobierno también vio la necesidad de establecer diferentes escenarios que posibilitaran el desarrollo cultural. Los niños tenían acceso a bibliotecas, seminarios, grupos musicales, danzas, teatro y a núcleos de formación política, los cuales se dividían en "octobristas (7 a 9 años), pioneros (10 a 15 años) y komsomol (16 a 28 años)" (Hernández, 2013, p. 56). También había escuelas deportivas como complemento a las actividades escolares, en las que se seleccionaba a los más destacados para las competencias dentro y fuera del país.

Para continuar con el proceso formativo, los estudiantes debían presentar una serie de pruebas. Como requisito para ingresar a los Institutos Técnicos Avanzados se les exigía haber laborado por tres años en la especialidad técnica cursada durante la secundaria (Ortega, 2015). En aquellos recibían una formación especializada en industria y economía, dos aspectos fundamentales para el desarrollo de la URSS. En esta misma línea, también se encontraban los institutos avanzados y especializados en áreas como lingüística, filosofía, historia, artes. No obstante, el Estado prestó mayor atención a impulsar las capacidades intelectuales de sus estudiantes en áreas como la industria, la economía y la ciencia, necesarias para el desarrollo y para suplir las ingentes necesidades de la población y acabar con el atraso, sin lo cual sería imposible elevar consistentemente el nivel cultural de la población.

Con el deseo de incentivar la participación de los obreros y campesinos en la alfabetización y en la capacitación de adultos, se les brindó la oportunidad de seleccionar alguna especialidad y permanecer en ella durante tres años consecutivos sin que el tiempo dedicado a esta labor disminuyera su remuneración. La educación se impulsó en todas las formas posibles, contempló a todo el pueblo y se elaboraron planes de estudio de acuerdo con las edades y los valores comunistas. Se combinó la disciplina, la moral, el trabajo y la ciencia.

Krupskaya

El siguiente apartado lo dedicaremos a la labor desarrollada por Nadezhda Konstantinovna Krupskaya Ulianova, compañera de Lenin y miembro activo del Partido Comunista, lo cual responde a dos intereses, el primero, destacar la labor de una mujer en el proceso de trasformación del sistema educativo en Rusia y, segundo, dar a conocer un personaje importante pero poco mencionado y conocido. Claro está que el breve esbozo que realizaremos sobre su labor sólo es solo un abrebocas. Krupskaya le prestó la mayor atención al desarrollo de la formación politécnica y contribuyó a la construcción del sistema escolar. Se le atribuye también una gran capacidad para materializar las ideas educativas de Lenin en un lenguaje pedagógico, para propulsar la formación politécnica en los centros de enseñanza y enfrentar las vicisitudes de la relación trabajo-escuela.

A principios del siglo XX su vida se desarrolló entre Gran Bretaña y Suiza, donde escribió sobre la educación. Su relación con la Sociedad Pedagógica Pestalozzi y los Museos Pedagógicos de Berna y Friburgo le brindaron la experiencia y el conocimiento para redactar Gente, Educación y Democracia, una de sus obras más destacadas (Universidad de Granada, 2005). Su trabajo al lado de otros dirigentes del Partido como A. Lunacharski, M. Pokrovski y otros, en el Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública, se enmarcó en la construcción del modelo educativo de la nación comunista, una educación que estuviera acorde a estos principios y que fomentara el desarrollo cultural de la población. Una de sus principales tareas fue erradicar el analfabetismo y diseñar programas extracurriculares que incentivaran la formación del hombre comunista. También se reconoció su trabajo en la organización del sistema de bibliotecas y de distribución de libros con el impulso del Estado.

Krupskaia, considerada por algunos autores como una de las pedagogas más importantes en las dos primeras décadas posteriores a la revolución, supo "dar una respuesta, en primer lugar desde un punto de vista pedagógico y sólo después desde un punto de vista político, a los problemas del 'trabajo infantil', de la formación politécnica, del trabajo socialmente necesario" (Dietrich, 1976, p. 235).

Si bien es cierto que esta concepción educativa enfrentó discusiones y dificultades, Krupskaia, influenciada por el escrito de Engels La subversión de la ciencia por don Eugenio Dühring, (Anti-Dühring), señaló la importancia de la educación politécnica en la edificación de una sociedad socialista. Estableció las excursiones continuas a las diferentes fábricas para que los estudiantes comprendieran su funcionamiento y se hicieran conscientes de los problemas que las aquejaban, de tal forma que contribuyeran a buscar las soluciones de las dificultades de la industria.

Esta época es definida como el periodo de implementación del método complejo de enseñanza, el cual se caracterizó por la interdisciplinariedad y por reconocerle importancia a la cotidianidad del niño, quien investiga su entorno a partir de sus intereses (Hernández, 2013). Krupskaia sostenía que el niño debe ser incorporado paulatinamente al mundo laboral de los adultos, en el cual el trabajo podría proporcionarle la oportunidad de crecer y desarrollarse.

La educación politécnica que defendió era distinta de la utilitarista norteamericana. Krupskaia tuvo la oportunidad de estudiar a profundidad los principios y la formación de esta escuela, en la que se impartían una serie de conocimientos según las necesidades de las clases explotadoras; la enseñanza del trabajo no se planteaba con el objetivo de desplegar todas las capacidades del individuo, sino de reducirlo a una labor específica. En este sentido, manifestó su preocupación por incorporar el trabajo en la escuela, lo cual no debía recaer exclusivamente en las fábricas o en los talleres, pues en estos el niño era especializado y utilizado en las faenas más monótonas limitando así su desarrollo: "Los talleres pretendían ejecutar brillantemente su trabajo; y no se trata del aprendizaje de un oficio concreto sino de la formación para el conocimiento teórico fundamental en la praxis" (Enguita, 1986, p. 246).

Por esta razón, la enseñanza politécnica no podía quedar reducida al ámbito de las fábricas, talleres o granjas. La escuela siempre debía permanecer en contacto con la vida cotidiana de su entorno, ya fuera en las grandes ciudades o en el campo. Bajo la perspectiva del método complejo, la autora aseguró que el conocimiento a través de los libros ilustraría a los educandos y les permitiría críticar su contexto y buscar soluciones a sus dificultades, siempre a partir de los intereses del niño. He aquí muy someramente expuestos los trascendentales aportes de Krupskaia a la política educativa del primer Estado gobernado por obreros y campesinos.

Conmemoramos los cien años de la revolución Rusa con la profunda decisión de defender su legado histórico, la grandeza del comunismo, que enseñó que este no es igual a pobreza y miseria como lo han querido mostrar sus enemigos, por el contrario, mostró al mundo su fortaleza, dejando importantes lecciones a quienes anhelamos la trasformación de nuestra sociedad.


Bibliografía

Abbagnano, N. y Visalberghi, A. (1964). Historia de la pedagogía. México: Fondo de Cultura Económica.

Dietrich, T. (1976). Pedagogía Socialista. Salamanca: Ediciones Sígueme.

Hallett, E. (1979). La revolución rusa: De Lenin a Stalin, 1917-1929 Madrid: Alianza Editorial.

Hernández, O. (2013). La pedagogía socialista en la URSS: fundamentos para la configuración del individuo plenamente desarrollado. Nodos y Nudos, 34, 49-60. Obtenido el 7 de enero de 2017, desde http://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/NYN/article/view/2283/2148

Krupskaya, N. (1970). Acerca de la educación comunista: artículos y discursos. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras.

Kukushkin, Y. (1982). Historia de la URSS, Breve esbozo sobre la edificación de la sociedad socialista. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1982). Obras Completas. Moscú: Editorial Progreso.

Marx, C. y Engels, F. (1968). La ideología alemana: crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas. Montevideo: Pueblos Unidos.

Nieto, C. (1960). El secreto de Rusia. Bogotá: Antares Impresores

Ortega, D. ( Sin fecha). La Educación en la Unión Soviética. Obtenido el 17 de Abril de 2017, desde http://www.temporamagazine.com/la-educacion-en-la-union-sovietica/

Shenkman, Y. (2013) Stolypin: el primer ministro ruso muerto a manos de los terroristas. Obtenido el 7 de Marzo de 2016 desde https://es.rbth.com/cultura/2013/12/27/stolypin_el_primer_ministro_ruso_muerto_a_manos_de_los_terroristas_36069

Tabio, C. (2010). Historia de la Unión Soviética 1917-1991. Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Trilla, J. (2001). AntónSemionovich Makarenko y otras pedagogías marxistas. En Trilla, J. (coordinador). El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI. Barcelona:Editorial Graó.

Universidad de Granada, (Sin fecha). Nadezhda Krupskaya-1869-1939. Obtenido el 9 de Abril de 2017, desde http://www.ugr.es/~anamaria/mujeres-doc/biografia_nadezhda_krupskaya.htm

Universidad de Granada. (2005). Nadezhda Krupskaya. Obtenido el 7 de enero de 2017, desde http://www.ugr.es/~anamaria/mujeres-doc/biografia_nadezhda_krupskaya.htm

Vladov, L. y Glazatova. (Sin fecha). E. Historia de la URSS ensayo. Moscú: Ediciones en lenguas extranjeras.

Zinoviev, M. y Pleshakova, A. ( 1950). Como fue erradicado el analfabetismo en la URSS. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras.

[*] La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, fue proclamada el 29 de diciembre de 1922. La componían la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, RSFSR; la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia, RSFST; la República Socialista Soviética de Ucrania, RSSU; y la República Socialista Sovietica de Bielorrusia, RSSB. En el artículo se usa genéricamente el nombre de la URSS, incluyendo el período en el cual los sucesos se refieren principalmente a la RSFSR.