Por Bárbara Mateus

En marzo de 1908, las obreras textileras de la fábrica Sirtwood Cotton de  New York, declararon la huelga para reclamar mejores condiciones de trabajo como la reducción de la jornada laboral a diez horas y el descanso dominical; las trabajadoras decidieron ocupar la fábrica, recibiendo una atroz respuesta: las puertas fueron cerradas y se prendió fuego a las instalaciones, por lo cual murieron 129 mujeres. Esta carnicería produjo estupor en todo el orbe, y el valor de las sacrificadas se convirtió en un ejemplo que siguieron muchas organizaciones de mujeres en Estados Unidos y Europa.

8 de marzo

Por Bárbara Mateus
En marzo de 1908, las obreras textileras de la fábrica Sirtwood Cotton de  New York, declararon la huelga para reclamar mejores condiciones de trabajo como la reducción de la jornada laboral a diez horas y el descanso dominical; las trabajadoras decidieron ocupar la fábrica, recibiendo una atroz respuesta: las puertas fueron cerradas y se prendió fuego a las instalaciones, por lo cual murieron 129 mujeres. Esta carnicería produjo estupor en todo el orbe, y el valor de las sacrificadas se convirtió en un ejemplo que siguieron muchas organizaciones de mujeres en Estados Unidos y Europa.

En 1910, la dirigente socialista alemana Clara Zetkin propuso ante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras, realizada en Copenhague, que el 8 de marzo fuera declarado Día Internacional de la Mujer, en homenaje a las costureras asesinadas. En 1917, para conmemorar su día, las bolcheviques del barrio obrero de Viborg, Petrogrado, convocaron una protesta contra el hambre, contra la guerra y contra el zarismo. Esta manifestación de las obreras fue apoyada con una huelga general de los trabajadores de la capital rusa, contribuyendo de manera clara al desenlace de la Revolución de febrero, antesala de Octubre victorioso. Desde entonces, las mujeres de todo el mundo, especialmente las proletarias, han convertido el 8 de marzo en una jornada contra la explotación a la que las somete el régimen capitalista.

Las mujeres han luchado en defensa de sus derechos y han hecho parte de movimientos que pugnan por una transformación de la sociedad, por superar la desigualdad. Han tenido un papel de primer orden en las luchas de liberación, en la derrota del fascismo, en las huelgas de trabajadores. Su papel en los sindicatos obreros, en las organizaciones campesinas, en los barrios muestra que sin su fuerza nunca se habrá de levantar la sociedad en su conjunto. En muchos episodios históricos, han demostrado coraje, valentía, un gran sentido de la solidaridad y de renuncia a los intereses personales, poniendo por encima los generales con altruismo. Por ello, es imperativo abordar los asuntos relacionados con las mujeres y su papel en la historia valorándolas en su real dimensión. Por ello, es importante acercar a un sinnúmero de mujeres: las de los sectores populares, las intelectuales, las maestras, las obreras y  apoyarlas para que jueguen un papel determinante en sus frentes de trabajo y en la batalla contra un puñado de vendepatrias que negocian todos los días con los intereses de la población.

Las las mujeres han sido y serán un factor determinante en la lucha por la construcción de un mundo mejor. En Francia, en 1789, las mujeres participaron de forma sobresaliente en las luchas revolucionarias.  En las movilizaciones contra la escasez, el hambre y la irregularidad en el abastecimiento desempeñaron un papel principal, mas no se quedaron en este frente: asumieron la lucha y formularon reivindicaciones políticas cada vez más decididas. Crearon asociaciones destinadas a exigir la defensa de los sus derechos, como la Sociedad de Mujeres Republicanas Revolucionarias, fundada, en febrero de 1793, por Claire Lacombe y Pauline Léon. Durante la Revolución de 1848, en Francia, París vivió el mayor número de manifestaciones proletarias en las que las mujeres participaron activamente. Joséphine Courbois, fue llamada “reina de las barricadas”, por su actuación destacada en las de Lyón, y en las trincheras de la Comuna de Paris.

La aguerrida participación en la gesta de 1871 de numerosas mujeres convencidas de que sólo en la República obrera es posible alcanzar una auténtica igualdad entre ambos sexos, es recordada muy especialmente. El 18 de marzo de 1871, las mujeres alertaron sobre la intención de las tropas de Thiers de retirar los cañones de las colinas de Montmartre y desarmar París. Luego, se pusieron delante de las tropas gubernamentales e impidieron con sus cuerpos que los cañones fueran retirados, e incitaron al proletariado y a la Guardia Nacional a la defensa de París al punto que, como lo relata Marx: “Uno de los militares bonapartistas que tomaron parte en la intentona nocturna contra Montmartre, el general Lecomte, ordenó por cuatro veces al 81º regimiento de línea que hiciese fuego sobre una muchedumbre inerme en la plaza Pigalle y, como las tropas se negasen, las insultó furiosamente. En vez de disparar sobre las mujeres y los niños, sus hombres dispararon sobre él”. Hubo incluso un batallón de la Guardia Nacional formado por 120 mujeres que luchó con valentía durante la última semana de la Comuna.

Entre las dirigentes luminosas de ese período de gloria, la más conocida fue la activista Louise Michel , miembro de la I Internacional e impulsora de la Unión de Mujeres para la Defensa de París; merecen mencionarse igualmente Elizabeth Dmitrieff, militante socialista y feminista; Léodile Champseix (conocida como André Léo) responsable de la publicación del periódico La Révolution Sociale; Beatriz Excoffon , Sophie Poirier y Anna Jaclard, militantes del Comité de Mujeres para la Vigilancia; Marie-Catherine Rigissart, que comandó el batallón de mujeres; Adélaide Valentin, coronel del ejército proletario; Louise Neckebecker, capitán de compañía; Nathalie Lemel, Aline Jacquier, Marcelle Tinayre, Otavine Tardif, Blanche Lefebvre, Jeanne Hachette, Victorine Louvert, Marguerite Lachaise, Josephine Marchais, Leontine Suétens, Natalie Lemel… “Heroicas, nobles y abnegadas como las mujeres de la antigüedad”, dijo de ellas Carlos Marx.

Los marxistas siempre han entendido el papel insustituible de las mujeres y manifestado que sus reivindicaciones hacen  parte fundamental del movimiento por transformar la sociedad. Así lo señaló Lenin en diversas ocasiones. En su escrito acerca de las tareas del movimiento obrero femenino, planteó: “debido a sus tareas domésticas, la situación de la mujer sigue siendo penosa. Para lograr la total emancipación de la mujer y su igualdad real y efectiva con el hombre, es necesario que la economía nacional sea socializada y que la mujer participe en el trabajo general de producción. Entonces sí la mujer ocupará el mismo lugar que el hombre … El proletariado no puede lograr la victoria completa sin conquistar la plena libertad para la mujer”.

El 8 de marzo de 1973, los dirigentes revolucionarios chinos, con Mao Tsetung a la cabeza, enfatizaron en que “las mujeres sostienen la mitad del cielo”, que “la emancipación de las mujeres forma parte de la liberación del proletariado” y que “es imposible lograr éxitos en la revolución y construcción socialistas sin la participación activa de las mujeres, como tampoco es posible la emancipación de las mujeres sin la victoria de la revolución proletaria”.

En Colombia, donde la mujer también constituye la mitad de la población, son numerosos los ejemplos de mujeres rebeldes, patrióticas y revolucionarias: desde la comunera Manuela Beltrán, “Heraldo Femenino de la Libertad” y la mártir Policarpa Salavarrieta hasta miles de anónimas combatientes de las numerosas batallas populares que han librado los oprimidos del país. En la actualidad, las mujeres colombianas padecen la discriminación en los centros fabriles, empresas y campos. Numerosas mujeres han sido víctimas del gobierno de Uribe que ha dejado miles y miles de trabajadoras en la calle, muchas de ellas madres cabeza de familia. En algunas actividades de la agroindustria, como la floricultura, las trabajadoras soportan arduas jornadas de trabajo, se les niegan los derechos de sindicalización y sus salarios no alcanzan ni para comprar carne una vez al mes. El hambre, la desnutrición y la inestabilidad laboral pululan por doquier. En este período, el desasosiego y el despido han sido el pan de cada día de las trabajadoras de Telecom, el Seguro Social, el Magisterio, el Instituto de Bienestar Familiar, el Incora…Mientras tanto, Uribe, en los Consejos Comunales, hace demagogia con chequecitos de un millón de pesos para cualquier intento de microempresa, dizque para generar empleo

Visto lo anterior, sigue vigente el llamado de Lenin a “extirpar hasta las últimas y más pequeñas raíces del viejo punto de vista propio de los tiempos de la esclavitud”. Es necesario adelantar jornadas de educación y reflexión conjunta de hombres y mujeres, víctimas todos de la explotación y de la cultura de las clases dominantes, que hacen todo lo posible por mantener a la población bajo condiciones paupérrimas de vida. Se trata de la miseria material y cultural. He ahí la importancia que tienen el estudio, la investigación, los asuntos ideológicos, el desarrollo de una conciencia que permita develar los orígenes y consecuencias de esta etapa imperialista conocida como globalización, tan difícil para las mujeres y, en general, para los pueblos. Hoy, más que nunca, las mujeres oprimidas debemos estar dispuestas a levantarnos, a luchar, a hacer honor a las heroicas, nobles y abnegadas proletarias de New York, de Petrogrado y de París.

Marzo de 2004