Estos hechos muestran con claridad que el mundo no puede aceptar más el sometimiento a una oligarquía financiera totalmente parasitaria, a la que hay que expropiar para que se pueda abolir la miseria y para que los beneficios del producto social no se conviertan en fuente de esclavitud para los pueblos.

 

Cuánta ira provoca la imagen, captada por Anthony Suau, ganadora del premio World Press Photo, que muestra a un policía apuntando su arma en medio de los escombros de lo que fuera el sueño americano para una familia de Cleveland, Ohio. Se trata del drama que a diario viven los norteamericanos que cayeron atrapados en la red de los especuladores y que perdieron sus ahorros y sus viviendas.

Al tiempo que se procede de manera tan brutal contra los ciudadanos empobrecidos, se conocen las cifras descomunales de las dádivas a los banqueros causantes del desastre, a quienes, junto con los 700 mil millones de dólares aprobados para comprarles los activos tóxicos, el Gobierno y el Banco Central han destinado multimillonarias sumas. Veamos los principales rubros, de acuerdo con la publicación del diario The New York Times, del pasado cuatro de febrero.

  • $4,6 billones de dólares, de los cuales ya se han gastado $ 921 mil millones, para inversiones directas en las instituciones financieras, en comprarles deuda empresarial y títulos con respaldo hipotecario (Mortgage Backed Securities). Papeles ya desvalorizados, gran parte de ellos emitidos por las empresas Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae, firmas privadas con patrocinio estatal, a cargo del impulso de la financiación de vivienda, que el año pasado tuvieron que ser nacionalizadas.
  • $2,4 billones de dólares, de los cuales ya se han entregado $666 mil millones, para otorgar créditos a los bancos y extenderles generosamente los plazos.
  • $1,8 billones, de los cuales ya se han utilizado 252 mil millones, a objeto de asegurar papeles de deuda emitidos por las instituciones financieras y garantizar activos basura que están en manos de los bancos o de entidades como Fannie Mae y Freddie Mac.

El total de dinero público destinado a los financistas alcanza los $8,8 billones de dólares. Si se estima que el PIB de los Estados Unidos es de cerca de $ 14 billones de dólares, esto quiere decir que se han aprobado recursos, en unos pocos meses, equivalentes al 65% del producto anual de los Estados Unidos, la economía más grande del mundo. Comparado con el producto de Brasil, de $1,5 billones de dólares, significa que a los financistas gringos se les obsequia seis veces la producción anual total de la economía brasilera.

Veamos, por ejemplo, las principales firmas receptoras del dinero público y las sumas que han percibido solamente a través del programa TARP1 consistente en la adquisición de activos tóxicos y capital accionario:

  • Banco Citigroup   $50 mil millones de dólares
  • Bank of America   $45 mil millones de dólares
  • Aseguradora AIG  $ 40 mil millones de dólares
  • Banco JP Morgan Chase $ 25 mil millones de dólares
  • Banco Wells Fargo $25 mil millones de dólares.

Sólo estos cuatro bancos y la aseguradora han recibido más dinero que el equivalente al PIB de Colombia.

Además, la Administración Obama presentó al Congreso un paquete de casi ochocientos mil millones de dólares para invertir en obras públicas, hacer algunas rebajas adicionales de impuestos y, según se pregona, aliviar a los deudores hipotecarios y crear tres y medio millones de empleos. Toda la economía quedó a cargo del Estado, que tiene que recoger los destrozos de “la libre competencia” de los monopolios del agio.

A pesar de todo esto, hay quienes siguen sosteniendo que el Estado debe mantenerse apartado del manejo económico, pues no tiene la “eficiencia” ni la “transparencia” que caracteriza a los banqueros.

Ya economistas notables, como Paul Krugman, afirman que todos estos recursos serán insuficientes para poner de nuevo en marcha la economía, que se necesitarán sumas aún mayores, y se muestran partidarios de la nacionalización de la banca, sólo que quieren que sea una medida provisional, que dure únicamente mientras los contribuyentes cubren los enormes costos de la juerga del Casino de Wall Street. Que todo el sacrificio impuesto debe conducir a que los especuladores puedan recomenzar inflando otra burbuja para desplumar a millones de seres.

El cinismo de los ejecutivos de las finanzas ha causado indignación, pues han continuado pagándose jugosas bonificaciones, las cuales para el año de 2008 alcanzaron casi 20 mil millones de dólares, en realidad tomados del presupuesto. Desde luego, Obama se hace el enojado, les recomienda que esperen otros momentos para regalarse las bonificaciones y propone que se limite la suma de ellas a “solamente” quinientos mil dólares por ejecutivo. Su propósito no es otro que calmar la irritación de las gentes para que le sigan aprobando más y más dinero para la banca.  

Los CEO, directores de las entidades prestamistas, alegan que si no los dejan pagarse las pingües compensaciones, se producirá una fuga catastrófica de ellos, los cerebros que hicieron la proeza de llevar al mundo a la más profunda depresión. Hay un lugar del cual no se les debería permitir escapar a estos genios del Citigroup, Bank of America y demás: de la cárcel, la verdadera compensación que merecen por su crimen de lesa humanidad.

Dada la magnitud de los capitales entregados a los prestamistas, sus voceros políticos, como Obama y Geithner, secretario del Tesoro, se esmeran en mostrar preocupación por los compradores de vivienda, ya que, además, se calcula que más de cinco millones de familias perderán su techo. Con semejantes dimensiones del problema, los propios bancos enfrentan dificultades porque tienen que pagar los procesos ejecutivos de lanzarmiento y luego hacerse cargo de mantener los inmuebles, en una época en que es difícil venderlos. Por ello, uno de los planes consiste en suspender las ejecuciones y obligar a los morosos a tomar en arriendo con opción de compra, leasing, la vivienda que perdieron. Así los bancos ahorran costos judiciales y de mantenimiento a la vez que se adueñan de los inmuebles. Por su parte, los arrendatarios quedan uncidos a la servidumbre de la usura.  

También se ha anunciado un proyecto de crédito tributario para quienes compren viviendas en el lapso del año; se calcula que el monto total de esos créditos será de unos 35 mil millones de dólares, cifra que por su mezquindad contrasta con la obsequiada a los bancos. Uno solo de ellos, como se mostró arriba, recibió 50 mil millones.

Estos hechos muestran con claridad que el mundo no puede aceptar más el sometimiento a una oligarquía financiera totalmente parasitaria, a la que hay que expropiar para que se pueda abolir la miseria y para que los beneficios del producto social no se conviertan en fuente de esclavitud para los pueblos.

1 TARP, Troubled Assets Relief Program (Programa para aliviar  a los bancos de los activos tóxicos).

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