Por Catalina Mendoza

El actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, fue elegido al adelantar una campaña en la que habló en contra de la “inmoral” actuación de los grandes banqueros y con la que sembró ilusiones al pueblo estadounidense. Al cumplirse un año de su elección, las esperanzas se han venido desvaneciendo porque desde el inicio de su mandato ha favorecido al gran capital dándole paquetes de salvamento y ayuda por las maniobras fraudulentas que desencadenaron la crisis financiera.

Una de las promesas del Nobel de Paz fue la de reformar el sistema de salud gringo, el cual no es capaz de cubrir las necesidades de los habitantes de ese país y, por tanto, vulnera los principales derechos de los trabajadores. Actualmente, cerca de 46 millones de personas se encuentran sin cobertura en salud y se proyecta que para 2040 sean 72 millones los desafiliados. Por otro lado, quienes tienen algún plan de salud, bien sea a través de un programa gubernamental o de las aseguradoras privadas, han tenido que padecer las serias deficiencias del servicio, pues se les niegan tratamientos de alto costo, deben pasar por largos trámites burocráticos, el servicio de cuidado en los hospitales es insuficiente y al personal le falta capacitación.

El 26 de febrero de 2009, el renovado gobierno presentó al parlamento su propuesta de reforma a la salud. Con base en las evaluaciones hechas al actual sistema, el proyecto se ha concentrado, según se pregona, en dos objetivos, disminuir los costos al Estado y a los usuarios y aumentar la cobertura. De acuerdo con las estimaciones hechas a nivel mundial, Estados Unidos es uno de los países que más invierten en salud (18% del PIB), pero no se encuentra entre los que mejor servicio de salud prestan a sus habitantes y, además, tiene un alto número de personas que no puede acceder a este derecho fundamental. La evaluación también demostró que los trabajadores independientes y las empresas pequeñas son los más desprotegidos, pues los planes que venden las aseguradoras hacen imposible que las firmas con menos de veinte empleados los afilien, ya que a las elevadas primas se suman las comisiones percibidas por los intermediarios. A las aseguradoras tampoco les interesan mucho estos clientes dado que son quienes presentan mayores riesgos de salud. Otro aspecto importante es la negativa de las aseguradoras a cubrir a las personas que tienen antecedentes médicos, lo cual priva del servicio a un sector considerable de la población y niega el tan mentado derecho a la equidad. Finalmente, el asunto se agrava cuando una persona se queda sin empleo, puesto que pierde todo el plan y pasa a engrosar las listas de los desafiliados; por esta razón, muchos se someten a las peores condiciones en sus empresas para garantizar por lo menos que ellos y su familia tengan alguna manera de sortear sus necesidades de salud.

La reforma de Obama planea universalizar la cobertura, lo que serviría como amortiguador del aumento de los gastos del Estado, pues todos deberán aportar en la medida de sus posibilidades. En primer lugar, se dice que con la reducción de los costos a los empresarios y al gobierno se generaría empleo y así se garantizarían nuevos afiliados, quienes, a su vez, también aportarían, produciendo una contracción adicional de los costes.

Algunos han criticado esta propuesta de Obama por considerarla socialista, pero, como es evidente, no hay un solo rastro de socialismo en ella. Es tan evidente la falsedad de sus presupuestos que parte del pleno empleo, cuando la desocupación en ese país ya sobrepasa el diez por ciento y tiende a incrementarse, aunque las políticas oficiales sostienen que aliviarán ese grave flagelo incentivando las pequeñas y medianas empresas, PYMES, fórmula conocida y fracasada en distintas regiones del mundo.

Desde el comienzo se ha hablado de crear una institución estatal de salud que se encargue de los programas de subsidios del gobierno (Medicare, Medicaid y CHIP)[1] y que, a la vez, entre en competencia con el mercado privado. El establecimiento de una entidad pública que va a prestar iguales servicios que las privadas y con las mismas condiciones o tal vez un poco más baratas no constituye una reforma “socialista” al sistema de salud.

En la propuesta de Obama brillaban por su ausencia unas proyecciones claras y reales, falencia que el Comité de Finanzas del Senado trató de subsanar redactando una nueva propuesta, que fue presentada el 16 de Septiembre de 2009 y que tiene los mismos objetivos de la presidencial. Con base en los programas existentes Medicare, Medicaid y CHIP, el comité del Senado pretende lograr la mayor cobertura con el menor costo; no se aleja de la propuesta de Obama sino que le pone piso, enfocándose en la consecución de los recursos.

De acuerdo con los apetitos de los consorcios aseguradores, se debe garantizar que todas las empresas, empleados y demás ciudadanos paguen un plan de salud; quienes no lo hagan serán multados. Los recursos obtenidos con las sanciones se destinarán a un fondo estatal que financiará los subsidios a la clase media que se afilie por su cuenta. La principal crítica que se ha hecho a este punto se concentra en que para las compañías sería más barato pagar la multa y darles un salario un poco más alto a sus trabajadores, los cuales se afiliarían con el subsidio otorgado por el gobierno, que pagarles los planes de salud. Por otro lado, la sanción ha mostrado que Obama no cumple su promesa de no cobrar nuevos tributos ni aumentar los existentes.

El Comité propone también:

  1. Congelar paulatinamente la ayuda del programa Medicare en el plan B (cuidado hospitalario) y reducirla en el plan D (prescripción de medicamentos) para quienes tengan ingresos superiores a USD$ 85.000 de forma individual o USD$ 170.000 por parejas.
  2. Permitir la creación de organizaciones (terceros) que provean servicios de cuidado de pacientes.
  3. Constituir una institución que concentre el manejo de los tres programas gubernamentales, lo que garantizaría bajar los costos.
  4. Reducir el presupuesto a los hospitales por cada paciente que vuelva a ser internado por razones evitables con un buen cuidado.
  5. Mermar los gastos de cuidado en el programa Medicaid.
  6. Simplificar el sistema administrativo con nuevas tecnologías que agilicen y mejoren los trámites.
  7. Crear una institución que identifique las prioridades de los pacientes.
  8. Adelantar en todos los planes y programas actividades de prevención.
  9. Imponer nuevos pagos a las industrias farmacéuticas y de equipos médicos.

En resumen, el Comité propone ahorrar en los programas ya existentes mediante la congelación de presupuesto, lo cual se lograría no sólo con el recorte de gastos sino también con la medicina preventiva, el control de los errores médicos, evitar la demora de los pacientes en los hospitales a través del fomento de “buenas prácticas de cuidado” o la tercerización del trabajo de enfermería, y, finalmente, se trata de convencer a los pacientes de que con las actividades de prevención (lo que implica un cambio en el estilo de vida gringo) se pueden evitar enfermedades de mayor costo.

Como se puede ver, la propuesta del Comité no es más que el complemento presupuestal de la reforma de Obama; se propone “repartir la torta más equitativamente”, pero como no es posible lograrlo sin pleno empleo, entonces se debe recurrir a tareas más concretas como las que ha puesto en el papel el comité del Senado. Sin embargo, ambas giran alrededor del mismo principio: crear un eufemístico sistema de salud en el cual se les garantizaría cobertura a todos los ciudadanos de los Estados Unidos, por el cual todos terminarán pagando.

Es claro que la Casa Blanca se propone obligar, con multas y sanciones, a todos sus nacionales a tributarles a unos cuantos monopolios aseguradores; a menguar los costos de salud, desmejorando el servicio, para que el grueso de las cuotas vaya a nutrir la bolsa de los especuladores y para que el régimen pueda descargarse de parte de las erogaciones por el concepto de sanidad, puesto que los subsidios a los grandes bancos y el gasto militar han agigantado el déficit del fisco. Como consecuencia, los médicos y los hospitales tendrán que someterse a restricciones rigurosas y los pacientes pagar más por una atención peor. De nuevo se evidencia que los intereses de los buitres de las finanzas son los que priman en los Estados Unidos; mientras tanto se distrae a la opinión pública con el debate sobre si fundar una empresa estatal es socialismo o no y acerca del “altruismo” de quienes buscan interesadamente la cobertura universal.

Una verdadera reforma a la salud estaría basada en reconocerla como un derecho fundamental que debe ser asegurado por el Estado y no en ver la salud como un negocio en el que todos ponen o al cual se le deben congelar o reducir los recursos. El presupuesto nacional, que es producido por los estadounidenses, debe destinarse a garantizar que todos los habitantes del país reciban lo que se les ha robado; no puede creerse que el gobierno se verá en aprietos en el 2040 destinando 34% del PIB a la salud; este porcentaje es apenas una limosna de lo que se le arranca diariamente a los trabajadores para subsidiar a los banqueros o para financiar la invasión al mundo. El pueblo estadounidense debe exigir una verdadera reforma al sistema de salud que responda a los intereses del pueblo trabajador y no al de la gran burguesía financiera.


http://www.whitehouse.gov/administration/eop/cea/Health-Care-Reform-and-Small-Businesses/

http://www.investopedia.com/terms/b/brokerage-fee.asp

www.familiesusa.org/august.../legislative-visit-leave-behind.doc

http://www.whitehouse.gov/assets/documents/CEA_Health_Care_Report.pdf

http://www.whitehouse.gov/assets/documents/White_House_Forum_on_Health_Reform_Report.pdf

http://boss.blogs.nytimes.com/2009/09/30/will-health-care-reform-encourage-small-businesses-to-drop-health-coverage/?scp=3&sq=health%20care%20reform&st=cse

http://prescriptions.blogs.nytimes.com/2009/09/30/still-confused-a-refresher-on-the-basics-of-the-health-debate/?scp=8&sq=health%20care%20reform&st=cse

http://www.kff.org/healthreform/sidebyside.cfm

http://www.cobrainsurance.com/COBRA_Law.htm



[1]Medicare es un programa en el cual el gobierno ayuda en los pagos de tratamientos o medicinas a personas mayores de 65 o personas con discapacidades, está divido en tres planes A, B, C y D, que se diferencian por las cantidad de ayuda suministrada y por el objetivo de esta.

Medicaid es el programa que cubre el servicio de salud para las personas que están por debajo de la línea de pobreza. Ambos fueron creados en 1964, durante la administración de Johnson.

CHIP es un programa subsidiado de salud para los niños, creado por la administración Clinton