Por Graciela Peña

Manejando una política de doble faz, el nuevo inquilino de la Casa Blanca, en escasos seis meses de gobierno, ya ha desencantando a muchos de quienes en algún momento pensaron que su gobierno marcaría diferencias no solo de estilo con su antecesor. Promesas como cerrar la prisión Bahía de Guantánamo en Cuba, retirarse de Irak, o renunciar al uso de la tortura, despertaron optimismo  y esperanza en personas cansadas de los ocho agobiantes años de la Administración Bush.

La máscara, bien maquillada por los medios, en donde el color de su piel se usó muy hábilmente para creer en la reivindicación de la oprimida raza negra, cada vez deja ver el verdadero rostro del 44º Presidente de los Estados Unidos.

Y sí, continúa asegurando que Guantánamo se va a cerrar, pero soslaya el hecho de que los prisioneros serán trasladados a otras cárceles en donde también se practica la tortura y, en donde quizás, habrá más impunidad, ya que allí las organizaciones defensoras de los derechos humanos lograron filtrar información que daba cuenta de la oprobiosa situación de los detenidos.

En lo que respecta al retiro de las tropas de Irak, se afirma por fuentes confiables que éste no ha sido más que  la reorganización de las mismas para encubrir la instalación de bases y operaciones militares con una millonaria inversión que le permite al imperio consolidar de manera más eficiente y permanente el control sobre esta nación. Además, con la farsa electoral se garantiza colocar en el gobierno a sus clientes. Pero aquí no se queda su política belicista abierta o soterrada: en Afganistán el ratificado secretario de defensa,  Robert Gates, aumentó  las tropas imperialistas de 32.000 a 68.000 y en la primera semana de julio desplegó la más grande ofensiva militar con el propósito de aplastar la resistencia y atacar al gobierno indígena en la provincia sur de  Helmand.  En Pakistán continúan las protestas por las incursiones diarias de los aviones norteamericanos sobre su territorio para bombardear pueblos y atacar a los dirigentes locales pastún. En lo referente al conflicto isralí-palestino, en el Medio Oriente, no ha variado sino en la forma pues sigue apuntalando la bárbara agresión israelí contra el pueblo palestino.

Además de las pruebas anteriores de injerencia abierta y control imperial descarado, la prometida "nueva era" de Obama  ha hecho intervenciones encubiertas a través de la  "sociedad civil" o de terceros para desestabilizar regímenes que se han salido de su órbita de influencia como Irán o que han pretendido hacerlo como Honduras, por poner solo dos ejemplos. En el primero se orquestó toda una campaña  dirigida por Estados Unidos para negarle la victoria electoral al actual presidente Mahmoud Ahmadinejad acusándolo de fraude. Todo el movimiento de protesta, que el mundo entero pudo seguir de cerca por el amplio despliegue periodístico de los medios masivos de comunicación occidentales, fue dirigido a minar la oposición de Irán a la intervención norteamericana en el Golfo  Pérsico, a debilitar su influencia en Oriente Próximo y, principalmente, a intentar arrodillar el desafío militar que Ahmadinejad ha mantenido a pesar de las amenazas imperialistas, abiertas unas veces y otras enmascaradas como en el caso de su saludo navideño al pueblo iraní.

En Honduras, se ha negado a quitar el respaldo económico y militar de 80 millones de dólares y a llamar "golpe de Estado" a la usurpación de la presidencia por parte de Micheletti. Este país ha sido tradicionalmente un enclave norteamericano en Centroamérica, desde el cual se ha controlado la región. Allí  se lanzó el golpe militar contra el presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, en 1954, y se adiestró durante ocho años (1981-1989) a 20.000 mercenarios para atacar al gobierno sandinista de Nicaragua. Su oligarquía ha mantenido estrechos vínculos con el Pentágono, pero el gobierno de Manuel Zelaya dio pasos hacia una política internacional independiente, ingresó a Petro Caribe para recibir los beneficios de un petróleo barato y se unió al ALBA, organización conformada por varios países latinoamericanos, que pretende fortalecer los vínculos comerciales y de colaboración entre sus miembros para oponerse a la liderada por Estados Unidos, el ALCA.

En el caso colombiano Obama ha utilizado el doble juego. Por un lado dilata la aprobación del Tratado de Libre Comercio argumentando violación de los Derechos Humanos en el país y, a la vez, adelanta acuerdos con el más lacayo de todos los gobernantes latinoamericanos para instalar siete bases militares, con lo cual asegura el control no solo del país sino que se constituye en latente y permanente amenaza para nuestros vecinos. 

Con esta concesión impúdica y apátrida Uribe coloca al país en una posición humillante ante el opresor y vergonzosa con nuestros hermanos latinoamericanos. ¡En mala hora el pueblo colombiano eligió al traidor que va a dirigir los festejos del bicentenario de nuestra Independencia!

El presente artículo se puede reproducir total o parcialmente siempre y cuando se cite la fuente, www.notasobreras.net, y el autor, Graciela Peña.

 

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