Por Alfonso Hernández

El dos de abril se reunió en Londres el llamado grupo de los veinte, G-20, con los propósitos declarados de hallar soluciones en conjunto a la crisis global y de reformar la estructura financiera a fin de prevenir acaecimientos semejantes.
A lo largo de los meses preparatorios del evento y de los encuentros previos entre los mandatarios se pusieron de manifiesto las crecientes disputas entre las superpotencias, lo que no podía menos que reflejarse en la cumbre. Los Estados Unidos venían exigiéndoles a Europa y Japón que desembolsaran sumas ingentes que ayudaran a recuperar la economía. El causante de la debacle intimaba a los demás a pagar los platos rotos. En palabras de Obama: “No queremos una situación en la cual unos países hacen un esfuerzo extraordinario y otros esperan beneficiarse y salir de la crisis gracias a ese aporte ajeno” 1 . “Primero la recuperación y después la reforma”, apremió el Tío Sam.

Primero la reforma, respondió la Comunidad Europea, que, capitaneada por Alemania, alegaba que ya había hecho erogaciones cuantiosas para la recuperación y que antes que nuevas inyecciones de liquidez lo que se requería era una transformación de la arquitectura financiera global. Dejando a un lado el lenguaje diplomático y haciendo uso de los términos que ha escuchado en las conversaciones de los líderes europeos, Mirek Topolanek, primer ministro checo por esos días, actual presidente de la Comunidad, y maníaco del liberalismo económico made in USA, osó decir que el plan de Obama era el camino al infierno, pues socavaría la estabilidad del sistema financiero mundial.2   El dramático reacomodo de Topolanek constituye una muestra de cómo cambian los vientos en el Viejo Continente.
De las refacciones a las entidades y procederes de los financistas se viene hablando en vano desde 1997, a raíz de los desatinos y desventuras de los tigres y dragones del Asia, intenciones que han fracasado ante el sabotaje de Estados Unidos para el que el actual estado de cosas es fuente de pingües ganancias. El dólar ostenta el carácter de moneda de reserva internacional, lo cual le ha permitido emitir furiosamente para hacerse a activos y mercaderías en todos los confines, sufragar el gasto del Estado mediante un endeudamiento de dudoso cobro y llenar las arcas de los enormes bancos y corporaciones, para que presten a interés un dinero que reciben casi gratis. Nueva York, junto con Londres plaza principal del mercado de capitales, ha logrado acaparar cerca del 75% del ahorro mundial, con lo cual infla los precios de las acciones y de la propiedad raíz, espejismo que atrapa incautos de todas las procedencias. Enflauta a solventes e insolventes con créditos que empaqueta por miles en bonos de diverso nombre, a cual más intrincados y de azarosa rentabilidad, que vende en los mercados internacionales. Por cada una de estas operaciones obtiene jugosos réditos y paga millones a los ejecutivos de las entidades promotoras de esa pirámide. Todas estas manipulaciones son fruto del contubernio entre el Estado y un conjunto de bancos, comerciales y de inversión, y fondos de cobertura, que funcionan en secreto y han manoseado repetidamente la propia técnica contable para facilitarse el saqueo que ha hecho famosa a la Nueva Economía.
Se entiende por qué Washington siempre ha prestado oídos sordos a los reclamos de Europa de que se establezca un organismo internacional que supervise los métodos de contabilidad, que determine qué instrumentos financieros se pueden comercializar y cuáles no, de que se ponga algún control a los fondos de cobertura y se definan normas de intervención internacional en los mercados. No quiere ninguna intromisión europea en esto, ya que prefiere maniobrar con toda reserva sólo con el Tesoro y la Reserva.
Lo que sí busca es que todos los países le tributen a la mafia de Wall Street, “para que vuelva a prestar”, como lo dice el ocupante de la Casa Blanca. Ya el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal le han entregado muchos billones de dólares, dilapidación cuyos costos recaerán sobre los agobiados trabajadores de esa y de las demás naciones. De la burbuja del subprime 3  ahora vamos a pasar a la enorme bomba de tiempo de un Estado que gasta sumas inimaginables, que superan de lejos su capacidad presupuestaria y que terminará burlando a quienes le han confiado sus ahorros; temores que ya expresaron los dirigentes chinos, a quienes el gobierno estadounidense les adeuda cerca de dos billones de dólares. Todo ello para que cinco grandes bancos puedan recobrarse y entregarse de nuevo a la estafa a lo ancho y largo del globo.
Alemania, por su parte, no quiere incurrir en un egreso estatal desbordado porque teme la inflación, espera aprovechar la crisis de los Estados Unidos para consolidar su posición en la economía mundial y jugar un papel mayor en las finanzas internacionales; pretende constituirse en un centro financiero semejante a Londres o a Nueva York. Las distintas potencias, y los “hombres de negocios” que las gobiernan, andan a la caza de entidades en quiebra para ver de adquirirlas a precio de ganga. La debilidad de la superpotencia, a causa de las guerras y del abatimiento de la economía, permite que afloren los intereses contradictorios y que las potencias menores salgan a reclamar lo que consideran suyo y a ventilar los agravios de que han sido víctimas por largos años. La arrebatiña se encarnizará con el paso de los días.
En materia de controles internacionales a los bancos y fondos de cobertura, destaca el hecho de que a la vez que se anunciaban los propósitos de someterlos a ciertas regulaciones y a normas de “transparencia”, el gobierno de Obama obligó al Consejo Regulador de Contabilidad Financiera (FASB, por su nombre en inglés) a cambiar las normas que exigían que los activos financieros se contabilizaran de acuerdo con el precio del mercado (mark to market), que actualmente es cero, y alcahueteó que los bancos los registren en el balance con el precio de emisión. Esto maquilla los resultados de los bancos haciendo que aparezcan con ganancias estimadas entre el 10% y el 20% y beneficia, cosa curiosa, a entidades como el JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America y Wells Fargo.4  Este hecho es característico de Obama, el pacifista que retira las tropas agresoras de Irak para concentrar la belicosidad contra el pueblo afgano. El que anuncia rigor con unos ejecutivos de AIG para encubrir los millonarios obsequios a las entidades bancarias. El demócrata admirador de Reagan. El genio de la oratoria de telepronter. Ese producto de los medios de comunicación, del marketing político. El mimado de los fondos de cobertura, los más rapaces de todos financistas y los de procederes más turbios.
En los puntos de disputa referentes al nuevo paquete de inversión y al rediseño de la arquitectura financiera internacional, desde luego, no hubo ningún acuerdo sustancial y la declaración se limitó a expresar deseos y a ofrecer ideas generales que incluyen las peticiones de los diferentes bandos. Los puntos del comunicado final se refieren a:
Recuperar el crecimiento y el empleo
Fortalecer la supervisión y regulación financieras
Consolidar las instituciones financieras mundiales
No permitir el proteccionismo y promover el comercio y la inversión globales
Asegurar una recuperación justa y sostenible para todos
En lo que los mandatarios se pusieron de acuerdo sin discusión ni reparo alguno fue en el impulso al Fondo Monetario Internacional. Se trata de que esta desprestigiada entidad tome ventaja de la crisis para aherrojar a los países pobres o medios con los créditos condicionados y de que evite nuevos problemas a los bancos prestamistas internacionales. Numerosas naciones de América Latina, Europa Central y Oriental, Asia y África vienen sufriendo el impacto de la crisis de una manera bastante grave. El volumen de las exportaciones de sus productos se reduce a la vez que caen los precios; las monedas se devalúan a causa de las fugas de capital, lo que incrementa el monto de la deuda externa pública y privada; la balanza comercial se deteriora rápidamente; las remesas también se menguan. Aunque varios Estados han acumulado enormes reservas, éstas se drenan rápidamente y no es imposible que llegue el momento en que sean insuficientes. Por ello, la reunión del G-20 aprobó dotar al FMI con un total de cerca de un billón de dólares para que otorgue préstamos y venda seguros a dichas naciones. Aunque tampoco quedó muy claro quiénes desembolsarán esos recursos, pues Estados Unidos no se dejó oír al respecto, sí se determinó que una parte provendrá de los derechos especiales de giro, una especie de moneda del FMI. Japón y Europa prometieron desembolsar unos centenares de millones de dólares. Por su parte, Lula Da Silva, esa especie de mascota de los potentados, que les inspira tanto cariño por ser un ejemplar de la izquierda domesticada, expresó que quería pasar a la historia por ser el primer presidente brasilero en prestarle unos reales al FMI: aborrece el pasado de protesta contra los leoninos programas de la entidad multilateral y clama por algunos mendrugos del agio.
Lo que movió a quienes tenían poder de decisión en la cumbre fue la preocupación consistente en que si los países de Europa Central y Oriental o de América Latina entraran en cesación de pagos en estos momentos, ese sería un golpe demoledor para los bancos estadounidenses y de Europa Occidental, ya en aprietos considerables. Se les presta a los pobres para que continúen abonando a los ricos.
Se ha dicho que el Fondo ha modificado sus condiciones de crédito y aliviado los condicionamientos. Veamos. Uno de los “productos” que puso en venta en vísperas de la reunión de Londres, fue la Línea de crédito flexible (Flexible credit line), una especie de seguro para países que no afrontan ninguna crisis pero que deben dar aún mayores garantías a los agiotistas internacionales: La red atrapará también a los que están, por lo pronto, libres de déficits o pasivos en mora. México, otra vez México, será el primer engarzado con 47 mil millones de dólares. El país cancela la prima del seguro al FMI y, si necesita utilizar el dinero, pagará la tasa de interés. Las condiciones son estrictas. El que acuda a ese crédito “flexible” ha de tener una balanza de pagos y una situación fiscal sin problemas. En la cuenta de capital deben haber predominado flujos privados, mantener una inflación baja con base en una orientación monetaria y cambiaria, datos financieros transparentes e íntegros. Se le exige también un historial de aplicación de políticas fuertes y el compromiso de mantenerse fiel a ellas. En pocas palabras, los requisitos consisten en mantener abierto el mercado a los capitales foráneos, cumplir con el pago de la deuda externa, conservar un fisco en condiciones de abonar a los bancos extranjeros, mantener la privatización y la apertura económica e importar los géneros foráneos. El objetivo consiste en garantizar que los países no abandonen el redil a raíz de la crisis. Aquellos que no se sometan enfrentarán, muy probablemente, un violento ataque a sus monedas y a su balanza de pagos. Se trata de todo un chantaje.
Se necesita harto descaro por parte de Estados Unidos, mandamás del Fondo Monetario, para imponer condiciones “como transparencia de los datos”, “finanzas públicas saludables”, etc. Bien claro está que ese país no cumple ninguno de los requisitos que tan abusivamente les impone a los otros.
Además de esta innovadora herramienta colonialista, el FMI mantiene todo el surtido de créditos stand-by y los demás que lo han hecho tan tristemente famoso por los graves traumas sociales y económicos que les infligieron a diferentes pueblos de Asia y de América Latina, entre otros. En los meses recientes ya algunas naciones europeas, como Latvia, Polonia, Ucrania; latinoamericanas, como El Salvador, y africanas, como Malawi han tenido que acudir a esa casa global de empeño, y someterse a las consabidas imposiciones de reducir los gastos públicos, aumentar los impuestos y envilecer los salarios.
El factor verdaderamente positivo de la escena internacional lo constituye el rebrote de la lucha popular en las más diversas latitudes. Londres fue escenario de violentas protestas de miles de personas que paralizaron la City, el centro bursátil de la capital inglesa. Estrasburgo, sede de la celebración del la OTAN, también vivió la tormenta de la ira que provocan los conciliábulos de estos personajes de mal augurio. Las policías en Inglaterra y Estados Unidos se preparan para “un verano” de levantamientos de los inconformes. Hasta la mansión y el Mercedes Benz de uno de los banqueros escoceses fueron apedreados por turbas enfurecidas. Las masas vapuleadas se harán sentir y despejarán su futuro por medio de denodadas batallas.


[1] We don’t want a situation in which some countries are making extraordinary efforts and other countries aren’t, with the hope that somehow the countries that are making those important steps lift everybody up.http://www.nytimes.com/2009/03/24/us/politics/24text-obama.html?pagewanted=8&%2339&%2359&sq=Obama&st=cse&%2359;s%20press%20conference%20on%2024%20March&scp=1

[2] Spiegel online, marzo 30 2009.

[3] Préstamos otorgados a personas con historial crediticio con problemas o que no estaban en condiciones de pagar la deuda. La enorme masa de estas operaciones ha sido uno de los factores desencadenantes de la presente crisis. Ver Qué enseña la crisis actual. 

[4] http://online.wsj.com/article/SB123869673398483325.html. Véanse también referencias a la forma como se ha chantajeado a esa entidad para que facilite el engaño contable en Los Felices 90, Joseph Stiglitz, Taurus, 2003, pags. 155 y ss.

 

 

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