Hugo Chávez Frías

En horas de la tarde del 5 de marzo murió en Caracas el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, después de una prolongada enfermedad. Tan pronto se conoció la noticia sobre su deceso, millones de desheredados del país hermano se volcaron a las calles a expresar su dolor en una impresionante demostración de lo hondo que logró calar en la entraña popular este llanero, nacido en un pequeño pueblo del Estado de Barinas, cuyos rasgos más sobresalientes fueron su valerosa posición patriótica y antiimperialista y su lucha contra la oligarquía por dignificar a su nación y a su pueblo. La presencia en las honras fúnebres de delegaciones de más de 50 gobiernos y los actos de solidaridad que se desarrollan ante las embajadas de Venezuela en la mayoría de los países latinoamericanos son una demostración de que esa lucha contra el poderío estadounidense, que Chávez logró llevar más allá de las fronteras de su país, lo convirtieron en un líder de talla continental.

El ascenso político del Teniente Coronel se inició con la intentona de golpe de estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992, adelantada por el Movimiento Revolucionario Bolivariano 200, que aquel ayudó a crear. Por entonces el joven militar expresaba la rebeldía de sectores del ejército ante la corrupción en la cúpula del gobierno y de las Fuerzas Armadas, responsables de la violenta represión contra el pueblo que en 1989 dejó centenares de muertos y miles de heridos durante el Caracazo, un levantamiento de los de abajo frente a las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, FMI. Tras el frustrado golpe vinieron dos años de cárcel, hasta que el presidente Rafael Caldera le concedió el indulto. Por ese entonces fundó el Movimiento Quinta República, MVR, y comenzó una meteórica carrera para llegar a la presidencia en la campaña electoral de 1998. En aquella época el novel político se mostraba partidario de las ideas de la llamada Tercera vía y su propuesta principal era refundar la República mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. En los comicios, en los que logró una resonante victoria,  recibió el apoyo de todos los partidos de la izquierda venezolana.

Ya en el poder, al tiempo que adelantaba la reforma de la Constitución, Chávez comenzó a demostrar que el suyo sería un mandato por fuera de todo aquello a lo que nos tienen acostumbrados los regímenes cipayos del continente. Con una mezcla de pragmatismo, populismo e irreverencia se apartó del recetario del FMI y del Banco Mundial, BM, en el manejo de la economía y dejó claro que, contrario a los designios de Washington, quería replantear los términos de la distribución de la renta petrolera con las multinacionales. Para reglamentar la nueva Carta presentó ante la Asamblea Nacional un paquete de enmiendas que incluían una reforma agraria y una nueva Ley de hidrocarburos que de inmediato fueron rechazadas por Fedecámaras, el principal gremio del empresariado y por la Confederación de Trabajadores de Venezuela, CTV, organización patronalista que recibe apoyo de los Estados Unidos. En el manejo de las relaciones con el extranjero se acercó a las  naciones del Medio Oriente en busca de la reactivación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP y asumió allí un papel protagónico; condenó la intervención norteamericana en Afganistán, y se entrevistó personalmente con Sadam Hussein, declarado enemigo de la superpotencia. Todos estos hechos provocaron la reacción del gobierno de George Bush que, junto a la descontenta oligarquía venezolana, urdió el fracasado derrocamiento del mandatario en 2002. Chávez fue hecho prisionero y vio perdido el poder por unas horas, pero una portentosa movilización popular en su respaldo y la acción de las fuerzas leales dentro del ejército lo restituyeron en el cargo.

Después de aquellos acontecimientos se acentuó en Chávez su posición antiimperialista y antioligárquica. Inició una depuración de las fuerzas armadas, estableció acuerdos comerciales con Rusia para la compra de armamento y constituyó unas milicias populares para organizar a un millón y medio de ciudadanos, darles fusiles y entrenamiento militar y convertirlos en un seguro respaldo de su Revolución Bolivariana. Creó también una central obrera para contrarrestar el papel de la CTV.  Venezuela quedó claramente dividida en dos bandos irreconciliables: de un lado, el chavismo conformado por las masas laboriosas, y del otro, la oposición conformada por los grandes monopolios de la banca, la industria, el comercio y  los latifundistas, a su lado los viejos partidos y la central obrera amarilla, y tras bambalinas la embajada norteamericana.

Para afianzar el respaldo de la base popular a su política, fortaleció con la ayuda de Cuba los programas sociales en educación, salud y proyectos productivos, llamados Misiones Bolivarianas. En los dos primeros campos, en los que hay completa gratuidad, los logros de la nación caribeña son notables, lo que le ha merecido el reconocimiento internacional.

Si bien en 2007 al iniciar su tercer período presidencial Chávez planteó la consigna de “Patria, Socialismo o Muerte”, el modelo económico que impuso dista mucho del socialismo marxista. Las expropiaciones —hechas indemnizando a los propietarios—, han recuperado para el Estado el control de las telecomunicaciones, el sector energético, una parte pequeña de la banca y algunas industrias, pero se mantiene intacto, en lo fundamental, el grueso de la propiedad de las trasnacionales petroleras, los grandes monopolios financieros, industriales, comerciales y de los medios de comunicación. Otro tanto sucede en el campo en donde las expropiaciones realizadas no han logrado alterar el balance de las relaciones de propiedad sobre la tierra. Así, la planificación centralizada y científica propia de la economía socialista es un imposible. Mientras se mantenga semejante situación, los intereses de los monopolios serán una fuente constante de las conspiraciones contra el régimen chavista.

Históricamente Venezuela ha sido un país cuya economía ha estado subordinada al petróleo, en particular a las exportaciones a los Estados Unidos, lo cual constituye una nefasta herencia neocolonial. Para superar tal obstáculo, Chávez amplió el ámbito de las relaciones comerciales a distintos países y continentes. Pero el bienestar de la economía ha continuado sujeto a las divisas provenientes de ese recurso que le han permitido la importación de bienes fundamentales como los alimentos; no obstante, la hermana República no ha podido desarrollar una economía diversa y autosuficiente. Aunque en los planes del gobierno chavista se habló siempre del impulso a la industria y de la agricultura en tal dirección, hasta la muerte del presidente, ese propósito no se ha realizado. Calamidad esta agravada por los continuos saboteos a la producción y distribución de bienes básicos que los monopolistas locales y gringos realizan sin importarles la hambruna a la que se somete a las masas. Actividades que acompañan de una infame campaña de propaganda.

A nivel continental el presidente Chávez desafió abierta y sistemáticamente la política imperialista y promovió intensamente unas instituciones independientes del tutelaje del Tío Sam. En este sentido fue grande su impulso a la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, que propende a una mayor integración de los países del Sur. Fue radical su rechazo al Área de libre Comercio para las Américas, ALCA, a la que, junto con Cuba, contrapuso la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, un tratado comercial que agrupa a siete estados del Caribe, Centro y Suramérica.

La lucha antiimperialista de los pueblos de Venezuela y de América Latina ha perdido con la muerte de Hugo Chávez a su figura más destacada de los últimos tiempos. Notas Obreras se une al sentimiento que embarga al hermano pueblo y hace votos para que éste y los herederos de su legado transformen su dolor en fuerza, sepan defenderlo frente a las acechanzas de sus enemigos y profundicen la lucha patriótica y democrática.

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