Bogotá, D.C., febrero de 2004

Camaradas
Comité Ejecutivo Central del MOIR

El día 1 de febrero se dio a conocer en internet la publicación titulada Notas Obreras, en la que participan varios militantes del MOIR. El dos, se reunió el Comité Ejecutivo Central del Partido y decidió expulsar a Alejandro Torres y a Francisco Cabrera por escribir para aquélla; el primero de los nombrados es autor del artículo Lula: un fiasco para las masas laboriosas y el segundo, de El “centro izquierda” hereda misión de la derecha. El tres, se delegó a varios cuadros para que hicieran una campaña en distintos organismos contra los compañeros expulsados y una comisión del Ejecutivo les notificó a los sancionados la determinación.


Salta a la vista que, en este caso, la Dirección actuó con notable celeridad. Tanta que pasó por encima de los más elementales procedimientos democráticos del funcionamiento partidario. Es un principio cardinal el que la disciplina de una organización revolucionaria se mantiene primordialmente mediante la conciencia y la educación política y no recurriendo a las sanciones. Cuando un comité considera que uno de sus miembros ha cometido errores, debe proceder en primer lugar a discutir con él, a persuadirlo, a educar a todos los militantes mediante la discusión franca y fraternal. De igual manera, las normas estatutarias contemplan una serie de sanciones: “amonestación, destitución de los cargos de dirección del Partido, período de observación y expulsión”, medida extrema que se reserva para “los elementos (…) incorregibles, a los renegados comprobados, a los agentes del enemigo y a los degenerados”. Hasta el derecho burgués contempla la obligación de oír al acusado antes de condenarlo. Vivimos una época en la cual es tarea de primera importancia rechazar la conducta antidemocrática del imperialismo y sus agentes quienes, como Uribe, someten al país a un sinnúmero de reformas cuya esencia consiste en negar las garantías procesales y políticas y actuar al arbitrio de la sospecha, de la falsa imputación y del capricho de los mandamases. Hoy, más que nunca, la camarilla gobernante, siguiendo los pasos de Bush, no respeta norma alguna. No pueden los revolucionarios, a la vez que denuncian la tiranía, proceder de igual manera. El Comité Ejecutivo del MOIR sostiene que expulsa a los camaradas Torres y Cabrera porque editar Notas Obreras es algo que viola la disciplina; el Comité Ejecutivo, alegando defender los procedimientos partidarios, los violenta: sin hacer crítica ni amonestación, ni escuchar a los implicados, antes de haberse cumplido 24 horas de la salida a la luz de Notas Obreras, aplicó la sanción máxima que contemplan los estatutos. Pregonando resguardarlos, los pisoteó. Nunca se había actuado de manera tan sumaria, ni siquiera contra quienes lesionaron gravemente los intereses de las masas. Se juzga, además, que merece el más severo castigo quién se atreva a criticar al llamado centro izquierda de Lula y Garzón.

Vale la pena recordar quiénes son los expulsados. Alejandro Torres y Francisco Cabrera se vincularon a las filas de la Juventud Patriótica desde comienzos de los setenta; desde los primeros años de militancia destacaron en las tareas de organizar gremial y políticamente a los estudiantes; se vincularon, entre los primeros, a la política de pies descalzos y contribuyeron a construir el MOIR en zonas campesinas y urbanas en Sucre y el sur de Bolívar. Cabrera, además, fue pionero en el trabajo en las zonas de colonización en la Serranía del Perijá, en el Cesar, y aportó al desarrollo partidario en el Magdalena Medio. Desde hace más de una década los dos son miembros del Comité Ejecutivo Regional de Bogotá y Cundinamarca y han batallado infatigablemente en defensa de las orientaciones revolucionarias que Francisco Mosquera le trazara al MOIR. Se han ocupado tanto de la brega práctica, como de la lucha teórica y política contra los enemigos del pueblo, como lo atestiguan sus escritos en Tribuna Roja. A lo largo de su vida de militantes nunca antes, por razones distintas al presente debate, fueron siquiera amonestados, ni nadie, ni el Comité Ejecutivo que hoy obra contra ellos, se ha atrevido jamás a señalarles ninguna conducta que no se ajuste a los más altos intereses de la lucha nacional y popular.

Nada de esto le importó un higo a la Dirección, que se mostró diligente en extremo para expulsar, mientras que para responder al debate ha sido bastante lerda. Con toda clase de medidas administrativas ha tratado de impedir la expresión de las opiniones divergentes, de encerrar la polémica en los ámbitos más reducidos. En la Conferencia Nacional de la Mesa de los Santos, en tanto que Torres y Cabrera plantearon francamente sus criterios, como corresponde a los comunistas, el Secretario General no permitió la discusión, afirmando que ese no era el evento apropiado, algo insólito, porque las conferencias nacionales se convocan, precisamente, para debatir la política nacional. A cambió, Héctor Valencia se comprometió a encabezar la discusión en el regional de Bogotá y Cundinamarca, cosa que jamás cumplió. En el pleno regional en el cual se rindió informe sobre las directrices aprobadas en la Mesa de los Santos se impidió a Alejandro Torres expresar sus opiniones y el regional, por primera vez en la historia del Partido consideró condenable el que se pidiera la palabra en un pleno regional.

Fieles al deber comunista de adelantar la controversia para sostener las convicciones, en octubre del año pasado, cinco camaradas entre los que se cuentan los execrados, entregaron una carta que compendia las principales críticas a las novísimas orientaciones que se han impuesto al MOIR. El Ejecutivo se comprometió a responderla antes de finalizar el 2003. Tampoco cumplió.

Todo indica que el Comité Ejecutivo, conminado a un debate en el que se encontraba en grandes aprietos, consideró que Notas Obreras constituía la oportunidad feliz para desmontarse de la apurada situación. Cosa curiosa: tampoco dice nada sobre el contenido de la revista de Internet. Quizás piensa la ofuscada dirección partidaria que ya no tendrá que atender debates engorrosos, o que podrá responder con cualquier chapucería, pues ha logrado eliminar con disposiciones administrativas, harto arbitrarias, a los contradictores internos. Esa la única explicación que le encontramos a la precipitud y atolondramiento del alto organismo partidario.

No es bueno engañarse, camaradas. Más tarde o más temprano, dentro y fuera del Partido, surgirán, una y otra vez, los interrogantes: ¿cumplió o no el MOIR cabalmente con su responsabilidad de defender a toda costa los intereses de la nación y de la clase obrera cuando el gobierno de Uribe, mediante decreto 1760 de junio de 2003 —momento en el cual miembros del Partido desempeñaban cargos claves en la Unión Sindical Obrera, USO—, dividió a ECOPETROL para arrasar la empresa y los derechos de los proletarios petroleros? ¿Se cimenta la unidad de la nación y del pueblo evitando la crítica pública a las actitudes proditorias y considerando a los traidores adalides del frente único antiimperialista? ¿Se construye un Partido revolucionario verdaderamente consciente y sólido, como el que exige la hora, suplantando la discusión con las medidas disciplinarias? ¿Lograrán ustedes escabullirse de la polémica repartiendo palos?

Su terror al debate nos hace recordar, camaradas, los versos del folclor argentino musicalizados por Armando Tejada Gómez y cantados por Horacio Guarany en La coplera del prisionero:

Como el que se prende fuego
andan los presos del miedo
de nada vale que corran
si el incendio va con ellos.

Fraternalmente,

 

 

Alfonso Hernández Forero

Martha Bermúdez

María Patricia García

Elvira Lucía Treviño

Nelson Leonardo Torres

Adriana Sierra

Pablo Emilio Casallas

Vladimir Castañeda R.

Carmen Julia Hurtado

Emy Graciela Vargas Salinas

José Milciades Chaparro

Carlos Eduardo Fonseca