La de Edgar Morin es una de las escuelas que atacan a la ciencia y al racionalismo

Por Alfonso Hernández

Desde hace décadas se ha venido librando una batalla entre los defensores y los enemigos del pensamiento científico; los enemigos de la herencia de la Revolución Francesa y del Iluminismo en el terreno de la filosofía y quienes propenden al desarrollo de la ciencia y a la difusión de su método.

De un lado, están: Carl Sagan, Steven Weinberg, Wein-bell, Alan Sokal, Jean Bricmont, y en Colombia, Emilio Yunis, entre otros. Y, de otro lado están escuelas como el pensamiento complejo y las tendencias políticas que encabeza, por ejemplo, George Bush, quien ha promovido en las escuelas norteamericanas el que se desplace la enseñanza de la teoría de la evolución y se reemplace por la teoría del Diseño Inteligente, que no es más que volver al creacionismo. Quieren suplantar la ciencia por la fe; por eso vivimos en el mundo una gran difusión de toda clase de brujería, de seudociencia: la quiromancia, la astrología; se quiere desplazar a la astronomía por la astrología.

El pensamiento complejo le abre campo a la promoción de las seudociencias, del misticismo entre los intelectuales, esa es su misión. Por eso dedica toda su artillería teórica a pretender demoler los fundamentos del racionalismo y de la ciencia.

Edgar Morin, el fundador de la escuela en mención, plantea que la ciencia es simplificadora, desintegra lo complejo, aísla los elementos componentes de un fenómeno, oculta lo que une, lo que religa; afirma, además, que la ciencia es reduccionista porque pretende reducir todas las cosas complejas a sus elementos simples; que es la primer amenaza para la humanidad que debemos enfrentar. Afirma que no es más que un relato, un mito como cualquier otro, que es un metarelato.

Afirma que no es más que un relato, un mito como cualquier otro, que es un metarelato. De tal manera, que la quiromancia o la astrología son iguales a la medicina o a la astronomía. Sostiene Morin, que la ciencia pretende ser objetiva y que la búsqueda de la objetividad la lleva a separar el objeto del sujeto. Para este autor no es posible comprender un mundo objetivo sin un sujeto que lo perciba, ni tampoco un sujeto sin un mundo objetivo. La otra acusación es que la ciencia es determinista y mecanicista, es decir, pretende ridiculizar el esfuerzo para entender las leyes que determinan los fenómenos naturales y sociales, para ser capaz de prever el desarrollo de los acontecimientos naturales y sociales; también la critica por ser intolerante, es decir, le censura su rigor en el análisis de los fenómenos, la precisión con el que el método aborda el estudio de las cosas y, finalmente, le endilga subjetivismo.

En los ataques de Morin se nota un afán por resaltar las dificultades con las que se encuentra el proceso del conocimiento. Es cierto que éste tiene que vérselas con ilusiones creadas por los órganos de los sentidos, con prejuicios, preconceptos, concepciones sociales, de las que están imbuidos también los pensadores y científicos. Es cierto que la ciencia no está exenta del error, sin embargo, gracias a su método, que somete a constante verificación las teorías, sea mediante experimentos o predicciones, avanza y corrige errores; va acumulando conocimiento, lo cual es un punto central del debate porque, para estas escuelas, la ciencia actual no es más que una moda, en palabras de Morin: “la ciencia no es más que el consenso de las batas blancas”. Pero no es así, aunque haya algunos errores o algunas concepciones que no han sido probadas; no es cierto que sea un mito, como dicen los posmodernos, los mitos no aceptan verificación, los mitos y las religiones exigen fe. La ciencia por el contrario, tiene como su premisa la demostración, de tal manera, que los errores de la ciencia son parte del proceso del conocimiento de la naturaleza y de la sociedad, se van superando gracias al propio método científico. Equiparar la ciencia y la religión o la ciencia y el misticismo es sencillamente tratar de confundir las cosas, es querer que en materia de concepción del mundo la humanidad regrese a las épocas más primitivas. Vale la pena recordar el argumento de Richard Dawkins, uno de los grandes defensores actuales del pensamiento científico, quien dice que, si la ciencia es tan sólo un m mito, por qué los promotores del pensamiento posmoderno aprovechan los aviones, que son producto de la ciencia y la tecnología, ¿por qué no vuelan en las alas de Ícaro?, por qué siempre acuden a los mejores hospitales? Por otro lado, una de las más grandes victorias de la ciencia es lo que llaman reduccionismo, porque ha logrado, por ejemplo, demostrar la existencia del CHONPS en todos los seres vivos.

El CHONPS se refiere a los átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre, que constituyen a todos los seres vivos. Este reducir todas las manifestaciones de la vida sobre la tierra a unos elementos fundamentales es una victoria de la ciencia. Igualmente, se podría hablar del desarrollo de los estudios sobre la herencia, en los cuales la ciencia ha logrado establecer que cuatro pares de bases secuenciadas de distinta forma son el código que determina la transmisión de todas las características biológicas, físicas y químicas que hacen posible que la descendencia tenga los rasgos de sus ancestros. La ciencia ha logrado avances prodigiosos en el estudio del cerebro, el papel que desempeñan las distintas zonas cerebrales; ha obtenido avances enormes en los estudios de astronomía, en estudios del origen del universo. El origen del universo, del pensamiento, fueron en épocas pretéritas dominios totales de la religión y de lo místico, puesto que la humanidad no había encontrado explicaciones a esos fenómenos. Ahora la ciencia avanza en terreno firme en la investigación de estos campos y ha llegado a conclusiones importantes. En el mismo caso de la herencia, la ciencia ha logrado avances prodigiosos que han redundado en progresos en la medicina. Resulta que las tendencias posmodernas quieren que retorne el misticismo y la fe. Quizás en el pasado esto se justificaba puesto que no había ninguna base firme para darle una explicación científica, por ejemplo, al origen del universo o de la vida en la tierra o al problema del pensamiento; sin embargo, hoy existen investigaciones, estudios y pruebas que permiten darles una explicación material a estos problemas. Resultan los posmodernos prestándole un servicio a personas como Bush, diciéndonos que todos los avances de la ciencia no significan nada, que la ciencia no ha descubierto nada, no tiene nada de cierto, que vivimos en un mundo de incertidumbres, de misterio; y promueven en el ser humano un espíritu de cobardía, de temor ante los fenómenos naturales.

El Pensamiento Complejo proclama que supera las limitaciones del pensamiento científico, se presenta como el integrador, el que logra articular los distintos dominios interdisciplinarios, se declara multidimensional, por ejemplo, que analiza las distintas dimensiones humanas: biológica, física, mental. Sostiene que reconoce los principios de incertidumbre, que logra integrar el sujeto y el objeto, que la ciencia ha separado. La esencia de todo el pensamiento complejo es que une la razón con el misterio, la objetividad con los sentimientos, por eso dicen que es holístico.

En realidad este es el punto central, ¿en qué consiste integrar la razón con el misterio?. En que deben coexistir, deben amalgamarse la ciencia con el misticismo, es decir que la ciencia debe deponer sus armas en la lucha por la comprensión del origen del mundo, del origen del pensamiento, del origen de la vida y dejarle el campo al misticismo. La ciencia, en últimas, —aunque así no sea como lo formule Morin—, la ciencia queda reducida al servicio de cosas prácticas, de intereses inmediatos, de resultados concretos, y el misticismo se encarga de mantener la fe de las masas y de mantener unas creencias que sean utilitarias para mantener una sociedad pacífica, obediente, que consiga la recompensa de sus sacrificios terrenos, en la otra vida. De manera que, lo que nos pide el pensamiento complejo es que no nos atengamos al rigor del método científico, sino que lo desechemos; esto se proclama como la tolerancia, la ciencia debe rendir pleitesía a cuanta creencia, es la promoción abierta de toda clase de brujería. En realidad esto no sirve sino a las clases dominantes, no sirve sino al dominio de los Estados Unidos sobre el resto del mundo. Vale mencionar entre las acusaciones a la ciencia el que representa el mayor peligro para la humanidad, el que en últimas es perjudicial para la humanidad. ¿En qué sentido se puede decir que la ciencia es perjudicial para la humanidad?. Hay dos sentidos: uno el que han defendido siempre las religiones: el saber es un peligro, sólo la ignorancia es una virtud, esto se ha simbolizado con el árbol del bien y del mal, con el castigo que mereció Prometeo por parte de los dioses del Olimpo, por haber robado el fuego y habérselo regalado a los hombres.

Se proclama que pretender conocer, indagar, preguntar, tener curiosidad es algo que merece la maldición de los dioses, el saber es potestad de éstos; revelarlo, regalarlo a cuenta gotas a los míseros mortales. Desde luego, con este ataque a la sed de conocimiento, sed tan propia del ser humano, se amenazó con las brasas a Galileo Galilei, se sacrificó a Bruno y se mantuvo por parte de la Iglesia, la tolerante Iglesia, según las palabras de los posmodernos y de Morin, porque para ellos la intolerante es la ciencia; se mantuvo a muchos investigadores y sabios atemorizados con el castigo de la inquisición, eso muestra hasta qué punto las concepciones de Morin y los posmodernos son oscurantistas. Le dicen a la humanidad que debe temer a saber, porque el saber es condenable. En otro sentido, hablan también de que el saber es peligroso, del peligro atómico, hablan también de la posible uniformidad de los seres humanos a través de la clonación. Ésta, a mi juicio, es una forma de exculpar a los criminales. Si Truman arrojó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagazaki, el crimen no es de quienes investigaron el átomo y la energía nuclear, ésta puede utilizarse para gran cantidad de cosas benéficas para el desarrollo, es un reemplazo importante de los hidrocarburos y, una forma de proteger el medio ambiente y la capa de ozono. La responsabilidad de quienes utilizan los avances de la ciencia y de la tecnología para hacer daño, destruir, someter pueblos, para asesinar es responsabilidad de los asesinos y no de los investigadores, no de la investigación, no del conocimiento en sí mismo, en últimas, todo conocimiento es susceptible de ser utilizado en uno u otro sentido. Según estos seudopensadores, el descubrimiento y el uso del fuego por los seres humanos, el fuego que según la mitología griega hurtó Prometeo para regalárselo a los hombres, habría que devolvérselo a los dioses, porque el fuego sirve para cocinar los alimentos, y también para prenderle candela a la casa del vecino. El cuchillo, tan necesario, habría también que desecharlo. De tal manera que la humanidad no puede someterse al atraso, a la ceguera mental para evitar los peligros del mal uso de los progresos; lo que la humanidad debe hacer es someter y castigar a los criminales, como Bush que arroja bombas sobre el pueblo iraquí.

Se ataca a la ciencia por todos los medios, pero nadie puede renunciar hoy en día a ella. Bush utiliza la ciencia para el equipamiento militar de los Estados Unidos, las multinacionales la utilizan diariamente y hoy se habla de que estamos en la era del conocimiento, precisamente porque la extensión de los mercados, la promoción de nuevos productos está basada como nunca antes, en el avance del conocimiento y la investigación. Hoy a la medicina se le han abierto vastísimos horizontes gracias a los estudios del genoma, los investigadores están a punto de desarrollar medicinas o manipulaciones genéticas para prevenir terribles enfermedades heredadas. Las multinacionales se preocupan por patentar todo ese conocimiento, por convertirlo en negocio y, a la vez, promueven que la gente no crea en el pensamiento científico; esa es una contradicción: por un lado, se impone, se difunde una concepción filosófica compuesta de dos mitades contradictorias, porque se promueve, por un lado, la ciencia como una cosa meramente empírica, que busca sólo resolver problemas inmediatos. En cuanto a la reflexión acerca de problemas como el origen del universo etc. se promueve la fe, el misticismo. Esta mezcla es la que quieren imponer, esta concepción del mundo; a eso sirve el Pensamiento Complejo y toda esa bazofia intelectual que lo acompaña. A la escuela y a la universidad le asignan, además, una misión fundamental: fomentar los valores, la ética de las clases dominantes.
Lo que quieren es una escuela y una universidad que, en primer lugar, formen ciudadanos obedientes, con sentido de pertenencia con la sociedad y con la empresa, ciudadanos que sean participativos y proposítivos y no críticos ni rebeldes. Quieren que la investigación y la enseñanza se limiten a lo que es pertinente, es decir, que se reduzcan a lo que la gente necesita saber de manera inmediata para ganar un salario, para sobrevivir, para ser útil a la sociedad, al sistema social en que le tocó vivir. Por eso Gibbons y los teóricos del Banco Mundial hablan de la pertinencia y de las competencias; se trata de que la educación sea pertinente, pertinente quiere decir que se restrinja a lo que demanda el “contexto”. Sostiene Gibbons, en su libro sobre la pertinencia, que la investigación y la enseñanza se deben determinar por los intereses sociales al mando. Morin lo formula de otra manera, dice que se necesita una ciencia con conciencia, que el desarrollo incontrolado de la ciencia es un peligro para la humanidad, entonces, queda tácita la propuesta de someter a control la ciencia, que es exactamente lo que Gibbons propone. Dice: no se debe hacer investigación que no sirva a alguno de los actores sociales; es decir, que en lo fundamental, y en las universidades del tercer mundo, la investigación debe limitarse a lo que quieran “los actores sociales”. ¿Cuáles actores sociales?. Desde luego, el gran capital, pues se debe investigar en función de lo que mande el mercado y no para resolver las grandes preguntas de la humanidad, ni con base en intereses académicos y filosóficos, o por la simple y llana curiosidad. Sin embargo, quienes sostienen esto, no entienden cómo se ha desarrollado la investigación y cómo ha avanzado el conocimiento. Por ejemplo, las investigaciones que desarrolló Maxwell sobre electricidad y magnetismo, quien no tenía interés distinto a su propia curiosidad, en última instancia llegaron al desarrollo de la radio, de la televisión y de los radares.

Estos señores, quieren más o menos que Sabas Pretelt le diga a Llinás qué puede investigar sobre el cerebro y qué no puede investigar. En realidad, la ciencia que se ha desarrollado en los laboratorios con base en inquietudes, en la sed de conocimiento académico, ha redundado en beneficio en general para la humanidad. Es cierto, que el gran avance de las disciplinas ha llegado a algo que se ha dado en llamar la hiperespecialización, cosa necesaria y que constituye un progreso; sin embargo, la ciencia no se ha limitado a lo especializado. Cada vez se hacen mayores esfuerzos por integrar los avances de las más variadas disciplinas del conocimiento: está el caso de la ecología, de la computación, de cómo se integran y se vinculan dinámicamente las investigaciones, por ejemplo, sobre la eras geológicas y la aparición de la vida y el desarrollo de las especies. Es necesario promover la interdisciplinariedad, desde luego, ese ha sido uno de los esfuerzos de la filosofía a lo largo de su historia. Hoy se habla mucho de la interdisciplinariedad, Gibbons habla de esto, Morin habla todo el tiempo de esto. El problema es cómo se promueve la interdisciplinariedad, ¿cómo se integran los distintos campos del conocimiento?. Hay a mi juicio un requisito sine qua non para integrar las disciplinas del conocimiento, se trata de extraer leyes de validez general a partir de los frutos del conocimiento de las distintas disciplinas y especialidades, con base en los distintos progresos de las ciencias positivas. En realidad este fenómeno de la interdisciplinariedad, no es nuevo, lo que pasa es que tiene que tomar más fuerza por los avances de las disciplinas. Por ejemplo, Gibbons dice que ya no estamos en la época de Hum-boldt, que ya su universalidad no está vigente. Es curioso que se le considere anacrónico en una época en la cual se habla de la interdisciplinaridad, porque si alguien fue interdisciplinario fue Humboldt quien combinó estudios de flora, de fauna, se inventó instrumentos, se ocupó de los más diversos campos de la matemática; fue un ser, un pensador interdisciplinario. O se satiriza a Leonardo da Vinci. Todos estos grandes cerebros del renacimiento se ocuparon de los más variados temas, de las artes, de las ciencias. Gibbons busca una interdisciplinaridad cuyo rasero son los intereses mercantiles; Morin promueve una interdisciplinaridad que no tiene piso firme en los avances del conocimiento, en los avances de las ciencias positivas, sino en la mezcla, en la amalgama entre el misterio y la ciencia, en últimas es la negación de la ciencia y de su método.

Vivimos un periodo en el que se reduce la enseñanza en todos los niveles educativos. Todos los teóricos de la educación hablan de que la juventud está siendo sobreeducada, ellos se preocupan de que están invirtiendo mucho en educación, piensan que hay que gastar menos en educación, sobre todo en la de la masa popular. No hay que saber tantas ciencias, ni tantas matemáticas. La educación siempre ha sido, pero nunca como ahora, se había declarado tan abiertamente que debería haber una educación para los hijos de los potentados y una bien distinta para los hijos de los trabajadores y de la gente laboriosa. En últimas el contexto y la pertinencia consisten en eso, se formulan de manera descarnada, cuando se dice para qué enseñar trigonometría a un niño que va a vender limones en un semáforo. La gente humilde debe circunscribirse a las cuatro operaciones y a lecto-escritura. Sin nociones de física, de química ni de la teoría de la evolución, esas mentes serán prisioneras del fanatismo religioso y delos valores esclavistas.

Publicado en el periódico Leonardo da Vinci N° 14, de abril -mayo de 2006