Respaldemos y aprendamos de la valerosa lucha del pueblo ecuatoriano

Luchamos contra los mismos enemigos y defendemos las mismas reivindicaciones: impedir que los agiotistas se enriquezcan más y más a costa de la miseria de los asalariados y demás gentes laboriosas.

La gran batalla del pueblo ecuatoriano se está convirtiendo en valioso ejemplo e inspiración para todos los latinoamericanos que buscan agrupar sus fuerzas para resistirse al espolio desalmado de los financistas, mientras que preocupa a los gobernantes y a los oportunistas que tienen el despreciable encargo de apaciguar la inconformidad de los pueblos.

Miles y miles de indígenas, obreros, artesanos, estudiantes, transportadores, jóvenes laboriosos, empleados y mujeres se han levantado con justificada furia contra el paquete de medidas tomadas el pasado martes 1 de octubre por el presidente Lenin Moreno, quien actuó acatando las órdenes de Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento.

Son tan portentosas las manifestaciones y la indignación de los ecuatorianos que el mandatario tuvo que abandonar el palacio de Carondelet y la capital de la república, la ciudad de Quito, y huir con su gabinete a Guayaquil, que también fue escenario de marchas y enfrentamientos con las fuerzas represivas. El fugitivo jefe de Estado declaró el estado de excepción y el toque de queda y decidió lanzar a policías y militares a reprimir con violencia criminal las protestas. Ya varios luchadores por la justicia han caído asesinados. Sin embargo, no ha logrado aplastar el movimiento popular, el cual logró detener la operación del aeropuerto de Quito, de campos petroleros en el Amazonas, cortar las vías principales y ha estado a punto de tomarse la sede de la Asamblea nacional legislativa, la Contraloría y ha cercado el palacio presidencial. Ya la protesta cumple más diez días y su fuerza no amaina. El presidente de la Confederación de Comunidades Indígenas del Ecuador —CONAIE—, Jaime Vargas, ha manifestado que no dialogarán con el gobierno mientras este no derogue las medidas lesivas recientemente promulgadas. 

“El paquetazo”, como lo ha denominado el pueblo, consiste en la eliminación de los “subsidios” a el diésel, cuyo precio se duplicó, y a la gasolina, que se incrementó en más de 20 %, provocando una oleada alcista que abarca el costo de los pasajes y de los demás productos esenciales para la vida de la gente. Con esta medida busca reducir el gasto en más de 1.300 millones de dólares y el gobernante la justifica diciendo que “beneficia a los que no necesitan”, a la vez que anuncia disposiciones de alivio a los más pobres. La misma parla de todos los mandaderos del Fondo Monetario Internacional.

Con los programas de reducción del gasto público ya habían sido lanzados a la calle cerca de 23.000 funcionarios y, en las medidas tomadas el 1 de octubre, se dispuso que los contratos ocasionales con el Estado que se renueven lo harán con una rebaja del 20 % del salario. Además, a todos los empleados del Estado se les descontará un día de salario al año para financiar el fisco y las vacaciones pasarán de 30 a 15 días.

También en su alocución Moreno anunció ominosamente diferentes tipos de enganche laboral en el sector privado para “fomentar el emprendimiento y el teletrabajo”, con el manido argumento, tomado de la cartilla del FMI, de que así se aumentará el empleo. Aunque no dio mayores detalles sobre estas modificaciones, la gente entiende que se trata de envilecer el contrato laboral. 

Mientras que a los trabajadores y al resto del pueblo se les imponen medidas tan onerosas so pretexto de reducir el déficit fiscal, a los grandes capitales se les reducen los aranceles para la importación de maquinaria, equipos y materias primas; se les elimina el anticipo al impuesto de renta y a las firmas bananeras se les merma este tributo.

Igualmente, se establece la devolución de impuestos a los exportadores y la rebaja en 50 % el impuesto de salida de divisas destinadas a la compra de materias primas, insumos y bienes de capital. Por añadidura, los usureros y los altos funcionarios hablan de la necesidad de atraer inversión extranjera monetizando los activos estatales, es decir, privatizando las empresas y los bienes y servicios públicos.

Toda esta arremetida tiene como origen los requerimientos del FMI para aprobarle a Ecuador un préstamo por US$10.000 millones, en el que participan, además del FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento y la Corporación Andina de Fomento, CAF. Se aprovechan estas instituciones, que son como la gendarmería económica del gran capital financiero, de que el Ecuador tiene un déficit fiscal de 0.9% del producto interno bruto, PIB, y que la deuda alcanza el 46 % del PIB, mientras que han caído los precios internacionales del petróleo, fuente importante del ingreso de divisas de esa nación. Para empujar al Ecuador a la crisis, se le han incrementado los intereses a la deuda pública, se le exige que pase del déficit al superávit fiscal para el próximo año y que el Banco Central incremente las reservas a US$10.000 millones, siendo que actualmente posee un monto de US$5.000, el cual ha sido el promedio histórico de ellas. Las transformaciones menguan de manera drástica y directa los ingresos de la población, ya que Ecuador no tiene una moneda propia, sino que utiliza el dólar. En naciones como Colombia, la devaluación de la moneda nacional es un camino indirecto para reducir los salarios, mientras que en un país dolarizado los banqueros y su gobierno merman no solo el monto real de la paga sino también su valor nominal.

Los banqueros nacionales e internacionales y el FMI dicen que el gobierno tiene que mantener la arremetida y no ceder a las protestas, están dispuestos a continuar derramando sangre de los ecuatorianos para garantizar la rentabilidad de los prestamistas. A los trabajadores y al pueblo colombianos les interesa vitalmente que la aguerrida pelea de nuestros hermanos del sur sea coronada por la victoria. Luchamos contra los mismos enemigos y defendemos las mismas reivindicaciones: impedir que los agiotistas se enriquezcan más y más a costa de la miseria de los asalariados y demás gentes laboriosas. Digamos que en el Ecuador se libra un gran combate de los expoliados y oprimidos de América Latina contra los enemigos jurados de toda ella: los magnates de las finanzas que mediante la deuda publica someten a los países a la más brutal exacción.

Hagamos nuestro el objetivo planteado por uno de los dirigentes de la CONAIE: “Nuestra lucha es para expulsar al FMI”.

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