Vincent Van Gogh, el pintor que «ascendió hasta los humildes».

Exposición en el museo Colsubsidio

Por Olga Consuelo Vargas

El Museo de Museos Colsubsidio está presentando la exposición Vincent Van Gogh 150 años de vida para el arte, dedicada a la conmemoración de su nacimiento. El Museo expone varias de las obras más representativas de la trayectoria artística de Van Gogh: Holanda 1880-1885, París 1886-1888, Arles 1888-1889 y Saint-Remy Auvers sur Oise 1889-1890.

ESCALIER

«No debemos hacernos ilusiones, sino prepararnos a no ser comprendidos, a ser despreciados y a ser deshonrados, y, a pesar de todo, debemos conservar nuestro ánimo y nuestro entusiasmo».

Vincent Van Gogh realizó una de las obras artísticas más deslumbrantes y auténticas de los tiempos modernos. Pintó más de 750 cuadros, trabajando sin descanso y hasta el agotamiento. En 1877, luego de haberle sido negado su ingreso a la Facultad de Teología de Amsterdam, permaneció por un periodo de seis meses como predicador en la región belga de Borinage. Durante tres años estará Vincent trabajando con los mineros, cuyas condiciones de vida son extremadamente duras; renunció a sus escasas pertenencias para vivir como ellos. Muchas de sus pinturas reflejarán el intenso deseo de expresar la miseria y los sufrimientos de la humanidad tal y como él los vivió entre los mineros de Bélgica.

En 1881 vive con una prostituta embarazada, llamada Sien, que ya tenía un hijo; los acoge y comparte con ellos el pan. En 1885 culmina su obra comedores de patatas, de la cual escribiría a su hermano Theo: «He querido dedicarme conscientemente a expresar la idea de que esa gente que, bajo la lámpara, come sus patatas con las manos que meten en el plato, ha trabajado también la tierra, y que mi cuadro exalta, pues, el trabajo manual y el alimento que ellos mismos se han ganado tan honestamente»

La cosecha, 1888Y más adelante, escribiría acerca de sus pinturas sobre aldeanos: «Con su falda y su camisa azules, cubiertas de polvo y remendadas, y que bajo el efecto del tiempo, del viento y del sol, han tomado más delicados matices, una muchacha de una granja es, a mi parecer, más hermosa que una dama; que se vista como una señora y todo lo que hay en ella de verdadero desaparecerá». «Un aldeano es más bello entre los campos, con su traje de fustán, que cuando va a la iglesia el domingo, acicalado como un señor».

En 1886 fue a París a vivir con su hermano Theo, que era marchante de arte, y allí se familiarizó con los nuevos movimientos artísticos que estaban en pleno desarrollo. Influido por la obra de los impresionistas y por la de los grabadores japoneses. En 1888 dejó París y se trasladó al sur de Francia con la esperanza de atraer allí a algunos de sus amigos y fundar con ellos un Taller del Mediodía. En la rovenza, pintó escenas rurales, cipreses, campesinos y características de la vida de la región. Durante ese periodo de Arles, empezó a utilizar las pinceladas ondulantes y los amarillos, verdes y azules intensos relacionados con obras tan conocidas como Dormitorio en Arles, 1888, y Noche estrellada, 1889. Toda su vida fue una ardua lucha contra lo establecido, su postura frente a los convencionalismos de la academia se expresa así: Retrato del cartero Roulin. 1888P«Que yo sepa, no hay ninguna academia donde se aprenda a dibujar y pintar a un cavador, un sembrador, una mujer poniendo una tetera al fuego, o una costurera, pero en toda ciudad de cierta importancia hay una academia donde se pueden escoger modelos históricos, arábigos, Luis XV, en resumen, todas figuras que no existen en la realidad».

Igual carácter y entereza mostró en sus debates con los impresionistas, de quienes aprendió y se distanció. Criticó al cristianismo por su frialdad glacial. En la brega por hallar una nueva visión del mundo, conoció la soledad, el olvido y la miseria. En vida sólo logró vender una tela suya, Viña Roja, por una ínfima suma de dinero. Y consciente de que su obra no sería valorada por la mentalidad de su época, afirma: «No debemos hacernos ilusiones, sino prepararnos a no ser comprendidos, a ser despreciados y a ser deshonrados, y, a pesar de todo, debemos conservar nuestro ánimo y nuestro entusiasmo». Despreció su medio, nunca se dejó limitar a su contexto y su vida constituye un ejemplo para quienes no claudican ante la arbitrariedad, la cortedad de miras y el acomodamiento de quienes han abandonado el camino por lograr una transformación de la sociedad. Vincent, quien pintó a los trabajadores, a los campesinos, a los humildes, quien creía en un orden nuevo para el arte y la vida, sabía que sobrevendrían revoluciones: «Estamos en el último cuarto de un siglo que terminará en una revolución colosal. Pero supongamos incluso que los dos veamos su comienzo hacia el fin de nuestra vida. La verdad es que no alcanzaremos los tiempos mejores de aire puro y de renovación de toda la sociedad después de esas grandes tempestades.»

Autorretrato (dedicado a paul Gauguin) 1888En Amberes, en 1886, escribía a su hermano: «No me siento débil mientras pinto; pero a la larga, esos intervalos son bastante melancólicos, y me apena cuando no avanzo y siempre estoy mal. Por ejemplo, ¿sabes que, en todo el tiempo que llevo aquí, no he comido caliente más de tres veces, y el resto solo pan? De este modo, uno se vuelve más vegetariano de lo que le conviene.» Y para paliar su desazón suprema se repetía: «Todos los días tomo la medicina que prescribe el incomparable Dickens contra el suicidio. Consiste en un vaso de vino, un trozo de pan con queso, y una pipa con tabaco.» Acosado por la pobreza, por sus angustias y hostigado por la ansiedad, escribió: «Yo siento en mí un fuego que no puedo dejar extinguir que, al contrario debo atizar, aunque no sepa hacia qué salida esto va a conducirme. No me asombraría de que esta salida fuese sombría. Pero en ciertas situaciones vale más ser vencido que vencedor, por ejemplo, más bien Prometeo que Júpiter.» Y, finalmente, venció, pues el pintor de los girasoles y de los comedores de patatas trascendió a su época y ha sido y será un ejemplo de vida sencilla y trabajo duro y creador. Su obra la disfrutamos, sus cartas son un deleite tanto por el contenido como por su riqueza literaria. Ahora, las señoras burguesas suspiran ante sus cuadros y los mercaderes del arte, los especuladores y los millonarios se disputan en las subastas sus telas inmejorables.

En Julio de 1890, sucumbe y unos segundos antes de morir le diría a Theo: «Fracasado una vez más…La miseria no acabará nunca…»

Publicado en el Leonardo da Vinci N° 6, mayo-junio de 2004

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